Todas las entradas por anamá

Anamá ediciones es una editorial nicaragüense con distribución en Centroamérica.

Fuga de Canto Grande de Claribel Alegría y Darwin J. “Bud” Flakoll “Claribud” –como se firmaban–.

Fuga de Canto Grande es el relato de cómo los militantes peruanos del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), pasaron tres años planificando y excavando un túnel de 345 metros en las afueras de Lima, al pie de los Andes. No sólo son los detalles físicos de la construcción del túnel fascinante sino las vicisitudes, peligros, tensiones y demoras con las cuales tropezaron durante los largos meses de la excavación, lo que hace que este relato sea conmovedor.

anamá Ediciones cumple el deseo de nuestra querida Claribel, ver publicadas estas entrevistas.

Puede encontrarlo en Tienda Literato e Hispamer.

Amante en la noche oscura – Oscar de Baltodano

Son muchas y variadas las condiciones en que el hombre se enfrenta a su semejante. No son menos las del hombre que, ante Dios, lo trascendente, o lo mítico, hinca la rodilla, frunce el ceño, se inflama de impostura o esconde su devoción íntima. Dedicar poesía a Diós, tan poco frecuente en nuestros días pero tan necesaria para el que urge poner palabras a su sentir, supera con creces la tradición decimonónica en la lírica de Baltodano-Pallais. Es la poesía de este autor, a veces descarnada y a menudo insuflada de un erotismo elevado, ejemplo de la mejor tradición de misticismo en verso. 

Probablemente será incomprendida o cubierta de la habitual pátina del crítico freudiano que, más allá de lo que la inspiración dicte, busca respuestas artificiosas a las palabras sencillas. Si la poética baltodaniana es sincera, límpida y a veces, cristalina en su declamatoria, es también compleja y oscura en su significado. No estamos habituados a leer, de forma tan hiriente a veces, y intimista en otras, poemas de inspiración religiosa como éstos. Poesía donde la devoción resulta clave, donde el género es lo de menos, y donde la sensación del sediento de Dios se acumula, página tras página, como un cafarnaún de sentimientos. Baltodano ruge al cuerpo, domina el verbo, somete el senso i se nutre de fe. Y de ello hace un corpus poético reunido baja el nada inocente título Amante en la noche oscura. 
Sentirse penetrado por las saetas de cada verso de Amante en la noche oscura debe ser, a ojos del lector abandonado a estos poemas, lo más próximo a Santa Teresa en su éxtasis. Amar no es sencillo, y amar a Dios, al prójimo, o al semejante es un proceso a veces esforzado y a veces natural, en la que el erotismo – despojado de sus advocaciones contemporáneas y trasnochadas – no es otra cosa que la pasión amorosa del hombre hacia aquello ansiado. 
¿Y no debería ser Dios -llámese como se llame ese demiurgo- lo más ansiado por el hombre hastiado de esta Sodoma moderna?

Albert Torras i Corbella

(Periodista y escritor)

EL MONSTRUO DE MI MADRE: COMENTARIO Marlen Lucia Landero.

Todos tenemos un monstruo en casa…No soy experta en análisis literarios, ni pretendo coquetear con eruditos, pero soy experta en sentir, eso sí, lo puedo asegurar. Sostenido por el hilo de la dulzura escondido en la vergüenza, Alberto nos muestra cómo se vive en medio de tanta desolación, esa vergüenza de nuestros sistemas emocionales que desgarra la piel y oxida los ejes de la vida, hasta que un día decidimos engrasar con aceptación y honra para que giren de forma armoniosa. La obra es una filigrana llena de ternura, narra hechos históricos y situaciones familiares con una fluidez y riqueza literaria envidiable. La novela es un tributo, en él conoce y reconoce a Lidia, un precioso ejercicio literario que sirve como vehículo sanador en la relación madre-hijo y lo lleva a culminar esta obra con un sello de plenitud, gratitud, reivindicación y serenidad emocional. Las personas no somos perfectas, pero somos exactas en este mundo, y como hijos a veces crecemos queriendo no tener esos padres o quisiéramos poder hacerles un “up-grade” que se ajuste a nuestras expectativas, pero la vida nos colocó ahí porque eso es perfecto y necesario para nosotros. Alberto pide la opinión sobre qué pensamos de Lidia, quiero decirle que la amé. Gracias por escribirlo, todos tenemos un monstruo en casa, yo también tuve uno, y seguramente también yo lo fui. Ojalá todos podamos ver a ese monstruo con la aceptación y dulzura con la que lo has hecho. Felicidades Alberto

Al gran maestro franz galich

A 14 años de su partida

Hay un humanismo tremendo en la obra de Franz Galich, y lo diferencia de otros escritores que han tomado el caos de las grandes capitales como un cliché muy barato para escribir bastante light, esta (la de Galich) no es literatura light”. Tomado de la Revista niú

Naciniento: 8 de enero de 1951, Guatemala  Fallecimiento 3 de febrero de 2007,  Managua

BEN-HUR BAJO LOS ARCOS TRIUNFALES

El circo lleno a reventar. Las barrigas prominentes engalanan las graderías bajo los arcos triunfales. Abajo, barrigas vacías, casi pegadas a la espalda. Caballos famélicos tascan ar-gentinos frenos de fantasiosas golosinas, inexistentes e ilícitas. Los nervios de dúctil plomo transmiten el atávico miedo. Entre la multitud de aurigas de carretones desvencijados retocados con pinturas de casas comerciales, engalanados con chillantes colores, números romanos, trajes de telas baratas y cascos de hojalata, pintados con spray, surgen, alevosas, las medias valerosas de leve cususa. Ávidas y temblorosas manos callosas las estrangulan, succionándole el transparente líquido etílico plasmático. El escaso y estomacal gallopinto se resiente en el fondo del titilante hígado.

La multitud ruge, quiere acción. El instinto clama, el deseo no espera. El espec-táculo está retrasado: Nerón no ha llegado. Las descomunales trompas magnetofónicas han anunciado su arribo en acerado escarabajo.

Abajo, los sueños de la desgracia personificada en esqueletos forrados de piel. De pronto: ¡ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines. El helicóptero descenderá sobre la grama. Esta sufre porque los elefantes están borrachos de diversión (¡“No se pierdan este espectáculo”!) La plebe delira y el mundo gira y gira. Los pobres caballos esperan. Piadosas manos han puesto al alcance de sus hocicos heno tierno, de humilde pajar, mientras su indómito estómago aguarda el estilete de un guarón para enervar los músculos y así, tal vez, ganar. Por los altoparlantes la espada se anuncia y los orejas que guardan las espaldas se deslumbran con el vivo reflejo, porque saben que ya viene oro y hierro, el cortejo de los mastines. ¡De pronto, la multitud no entiende, está confundida, la perplejidad inunda sus corazones! Nosotros tampoco sabemos, desde esta su cabina de la WXYZ, que transmite desde el coloso de concreto en el corazón de la ciudad, con más postes sin luminarias que árboles, ¡el mágico, magno, magnífico, magnánimo, magnate, evento cultural del año: la edición número 2000 de la carrera de Ben-Hur, con Mesalas y Mesalina, proyectada, ya no en cinemascope sino en directo y a todo color, con actores de verdad!

¡Atención, atención, el helicóptero viene, se aproxima, llega, llega! ¡Flota sobre el estadio, como Abbadón con su flamígera espada que anuncia la gloria solemne de los estandartes!

Como por arte de magia, portentoso milagro, las luces del estadio se encienden, pero no echan luz blanca ni brillante: ¡lanzan luz negra! ¡El cielo se oscurece en pleno día! ¡¡Eclipse!! ¡¡Eclipse!! ¡¡Castigo divino!! Los reflectores del helicóptero se encienden. La banda rockera literalmente destaza “La Pared” del Pinche Floy. Desciende, desciende, y sigue descendiendo sobre las cabezas de doce mil apóstoles y se posa sobre la grama de sus corazones… Y ahora, con ustedes, el único, el magnífico, el grande, enorme: de apenas seiscientas sesenta y seis libras, seis medias libras, seis onzas, seis adarmes, con seis veces seis y una cuarta más, pero en completo ayuno. Los caballos tiemblan, los palafreneros también. En los carretones los cristianos hambrientos aguardan. En los fosos, los leones miedosos rezan. Neroncito baja de los cielos en su helicóptero privado. Todo está listo.

Se hace el llamado a los competidores: cincuenta, porque sin cuenta han sido los aspirantes. Todas las barriadas barridas por el desempleo abundante o el ocasional semiempleo. ¡Qué gran oportunidad la que nos proporcionan los paladines. Ya pasa, debajo de los arcos ornados de blancas Minervas y Martes donde la fama erige los premios (tal vez la moto, o si no, aunque sea un pase para ir a hospedarse a un hotel de medio pelo, con puta pagada, o un quintal de fríjol, uno de maíz, uno de arroz, uno de azúcar y un bidón de aceite. ¿Y para el caballo? ¡Bien gracias!) (“¡Caballo de las sabanas…!”).

El guarón circula por todas las graderías de sol del circo semiromano, porque tiene luz eléctrica y le faltan jaulas con leones para que se coman a los cristianos disfrazados de Ben–Hur, con todo y caballo, carretones, arneses, bridas y herraduras, para que desaparezcan de la faz del territorio. También circula por las venas de los panzones, necesidades de yoni guoquer, etiqueta negra, Vat 69 (¡qué rico!), chivas regal con los chivos y por supuesto, la gloria solemne de los estandartes. Se escucha el ruido que forman los carretones. Todo en el circo está tenso. Los gladiadores están nerviosos. Los caballos, remedo de sus antepasados andaluces, idem. Pero el que se la juega, se la juega, aunque sea de un lado para otro, como reza el dicho chino, los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra, los cascos que hieren la tierra.

Un marica, hace señas para que los carretones se acerquen a la línea de salida.

Los claros clarines de pronto levantan sus sones, su canto sonoro, su cálido coro. En una tarima, hermosa hembra inicia sicalíptica danza. Sube y baja sobre un cetro de oro, reconocido entre la extraña multitud. La chusma delira, se babea y se chorrea. Los machos se excitan, se yerguen desde sus flácidas carnes. Él dice, la lucha, y todos van a luchar, la herida venganza por la derrota del año anterior, las ásperas crines, la pica, la lanza. La tierra que espera sedienta la sangre. Los negros paladines desde sus helicópteros y helipuertos malversados, camionetonas, mansiones robadas y palacios a medio construir, a costa de huracanes de miseria, azuzan la muerte y rigen la guerra. ……..

Fragmento del cuento

Ben-hur bajo los arcos triunfales

Tomado del libro Perrozompopo

Publicación póstuma

El Monstruo de mi Madre: comentario Adán Méndez Córdoba.

Existen 3 tipos de pensamiento a los que acudimos para explicar nuestro alrededor: científico, religioso y mágico, de éste último surge la literatura, y “El Monstruo de mi madre” es una acertada comunión entre la magia y la ciencia.” Todos hemos hecho algo de lo que nos arrepentimos amargamente. O al menos eso quiero creer. En algún momento, la circunstancia, las dudas, el miedo, la estupidez o la simple inexperiencia nos llevan a tomar una mala decisión”. Ese pequeño fragmento sirve para eliminar un enorme peso de la espalda, un alivio a las culpas, muchas veces autoimpuestas, saber que en el fondo somos monstruos, somos humanos, con virtudes, defectos, secretos, vergüenzas, odios y rencores, humanos con sentimientos en común. Alberto Sánchez Argüello ha exorcizado el recuerdo de su madre con una de las cartas de amor más hermosa que haya leído, y en el proceso ha tocado ese nervio sensible que ningún hombre admite abiertamente, pero que está ahí, el odio y la vergüenza hacia un miembro de la familia, un dolor o un suceso. Y en esta suerte de exorcismo ayuda a liberar los demonios de sus lectores, pero no para eliminarlos, sino para entenderlos y empatizar, para aceptarlos como similares, como prójimos, como parte de uno mismo; ahí es donde el pensamiento mágico surte su real efecto, ayudado del pensamiento científico, (esa analogía del padre vigilante y los monstruos que habitan las sombras, es una excelente muestra de creatividad) donde la comunión se da, donde se recrea la imágen completa, con luces y sombras, desde el interior y el exterior, una explicación satisfactoria y amorosa, un recuerdo bello. Es ese lugar donde el círculo parece cerrarse, cuando el objeto de odio se convierte en objeto de amor, donde el temor y la admiración no se repelen, se complementan; es ver lo más completa posible a las complicadas figuras que nos acompañan, con su respectiva carga de contradicciones, porque finalmente eso somos, contradicciones vivas. Y sin embargo el circulo deja una sutil abertura, una puerta que se abre a infinitas probabilidades, un universo en sí, la probabilidad de vernos y, ver a los otros, mas completos. Si algún día alguien escribiese sobre mi, deseo que sea la mitad de hermoso que esta novela. Mi total admiración.

Adán Méndez Córdoba.

San Pedro Cholula, Puebla, México.13 de enero 2021.

EL MONSTRUO DE MI MADRE: COMENTARIO KRASNODAR QUINTANA

“El Monstruo De Mi Madre” de Alberto Sánchez Argüello son escritos que nos meten en la pieles de dos personajes; una madre con un secreto que la desliga de la realidad y nos lleva de la mano por recuerdos que desenredan su ser y un hijo que con honestidad alarga los brazos para dejar ir con su testimonio y confesión la carga de un rencor y de remordimiento. Capítulos que nos recuerdan que la familia es un núcleo complejo.

Krasnodar Quintana
Managua, 24 diciembre 2020

El monstruo de mi madre: Comentario linda baez

Termino de leer este nuevo escrito de Alberto, que como su autor dice, se puede leer “en clave de nouvelle” (novela corta, novelette) y quedo, contrario a su extensión, asaltada por muchas emociones que han surgido en cada página recorrida. Tantas que podrían llenar otro libro. Y pienso que de eso se trata la literatura, hacerte sentir, creer que estás dentro, vivir junto a los personajes.

El manejo de dos voces en primera persona (ya de por si una tarea titánica) es contundente, una es una voz femenina, íntima, dolida; la otra, la propia, la del autor, hace que la lectura te atrape desde la primera página, preguntándote adonde te quiere llevar con su escrito. Cuando te das cuenta ya estás adentro y no podés parar hasta que llega la página 82. Y eso es todo, y te ves deseando que lo que has leído no fuese cierto, que tanto dolor y culpas no existiesen. En algún momento de la lectura me recordó a Eduardo Sacheri y su forma de narrar tan humana, tan íntima, tan cercana. Las voces, la propia y la ajena, están ahí presentes, diciéndote que es posible que las personas seamos mejores. Y justo te llega la redención. Gracias Alberto.

Linda Baez Lacayo
Managua, 24 de diciembre 2020

LIBROS PUERTA A PUERTA

Comentario del Monstruo de mi madre: Pasión Lectora

Todos seleccionamos aquellas piezas de la memoria que nos permiten explicar nuestra propia versión de quién somos me dice Alberto Sánchez Argüello en el Monstruo de mi madre.
Y nos gusta, le digo yo, escoger aquellas que concideramos perfectas y que nos ubican frente al mundo de la mejor manera.
Nuestro relato no puede tener imperfecciones, pero ahí mismo está el error porque todos tenemos gritos y silencios de monstruos nocturnos que brotan con insistencia de la oscura memoria de niños olvidados que nos habitan.
Querramos o no, tenemos una familia no perfecta que puede ser motivo de orgullo o no, tanto y tantos familiares que marcarán nuestras vidas y tantas madres reales y no sacrosantas.
Y seremos esos genes y esas relaciones con esas madres, sobre todo.
El monstruo de mi madre, con una narrativa limpia, segura, cálidamente acompañante, que no deja momento de respiro, me llevó por ese camino doloroso de aceptación que la vida no es un cuento de Disney y me enfrentó con ese increíble paralelismo de vida que como Argüello vivo y entiendo al decir que hay “una locura que corre por nuestras venas”
Me encantó su trabajo y cómo nos lleva por ese camino propio de descubrimiento, que alguna manera lo es de todos.
Estas palabras están cargadas del sentimiento de admiración y aprecio al camino literario de Alberto, así que los invito a leerlo y a que hagan su propio crítica.

María Argüello
San José Costa Rica 17 de diciembre 2020.

poema de ernesto

Seguir viaje


Y aquel viaje muy jodido.
La telefoneada inesperada de Managua
a la última isla de las Antillas:
«Ernesto, murió Laureano»
En el vuelo Trinidad-Barbados-Jamaica-Habana-Managua
mirando mar, y mar, no podía pensar en otra cosa.
Ya que hemos nacido desahuciados
lo mejor es morir Héroe y Mártir
como vos moriste.

Claro que hubiera sido mejor que no murieras nunca,
con tal que tu esposa y tus hijos y tus amigos y el mundo entero
no murieran nunca.
Cuando lo bauticé de 20 años en Solentiname
porque quería pasar de su protestantismo alienado de allí
a nuestro cristianismo revolucionario
no quiso tener un padrino y una madrina
todo el Club juvenil campesino fueron sus padrinos y madrinas.
Sobre todo su obsesión por la Revolución.
Fascinado con el marxismo pero sin querer nunca leerlo.
Muy inteligente, pero sin querer formarse intelectualmente.
La persona más mal hablada que he conocido.
Pero el que decía las «malas palabras» con más pureza.
Una vez, comentando el Evangelio en la misa:
«Esos magos la cagaron llegando donde Herodes».
O, sobre la Santísima Trinidad (su resumen):
«Los tres jodidos son uno solo».
La noche que me confesó frente a la calmura del lago:
«Ya no creo en Dios ni en ninguna de esas mierdas.
Creo en Dios pero para mí Dios es el hombre».
Pero siempre quiso ser mi monaguillo en la misa.
Nadie le podía quitar ese puesto.
Su expresión más frecuente: ME VALE VERGA.

Hijo mío y hermano Laureano,
hijo indócil y cariñoso
como todo hijo con su padre
y como además yo no era tu verdadero padre
fuiste sobre todo mi hermano
hermano bastante menor en años
pero sobre todo compañero
¿esa palabra te gusta más verdad?
La que más amabas después de la palabra Revolución.
Compañero Sub-Comandante Laureano,
jefe de los Guarda Fronteras:
Digo junto con vos, que nos vale verga la muerte.

No quería hacer este pasaje.
Pero me dirías en aquel tu lenguaje poético de aquellas misas
traducido después a tantos idiomas, hasta el japonés
(les costará traducirte)
«Poeta hijueputa decí a esos jodidos mis compañeros de Solentiname
que me mataron los contrarrevolucionarios hijos de la gran puta
pero que me vale verga».
Como aquel «que se rinda tu madre» de Leonel.
Siempre me decías allá que querías ya irte a la guerrilla.
Y yo: «Con tu indisciplina allí te fusilan».
Hasta que se cumplió tu sueño con el asalto a San Carlos.
«Aquí los vamos a joder a estos jodidos».
Las balas que te tiraban los guardias. Y tu relato después:
«¡pas! ¡pas! ¡pas! ¡Puta! Allí fue cuando me sentí muerto».

Pendenciero, fiestero, mujerero,
rebosante de vida pero sin temer la muerte.
Poco antes de morir me había dicho tranquilo en Managua:
«Allí es encachimbado. Cualquier día yo puedo morir en una emboscada».
No has dejado de existir:
Has existido siempre
y existirás siempre
(no sólo en éste,
en todos los universos).
Pero es cierto,
una sola vez viviste,
pensaste,
amaste.
Y ahora estás muerto.
Es estar digamos como la tierra, o la piedra, que es lo mismo,
«la piedra dura porque esa ya no siente».
Pero no, nada de piedra dura,
sí estás sintiendo,
más allá de la velocidad de la luz
del final del espacio que es el tiempo,
totalmente consciente,
dentro de la conciencia
vivicísima
de todo lo existente.
LAUREANO MAIRENA ¡PRESENTE!
El jodido avión retrasándose en cada escala.
Ya era muy noche en el mar. Yo no podía dejar de pensar…
Yo quisiera morir como vos hermano Laureano
y mandar a decir desde lo que llamamos cielo
‘Rejodidos hermanos míos de Solentiname, me valió verga la muerte’.

poema de Carlos Fonseca Grigsby

El rinoceronte es un animal imaginario

como el mamut, el tigre de Tasmania y el dodo.

Al ver uno Marco Polo pensó que miraba

un unicornio: era después de todo

un animal cuadrúpedo de un solo cuerno.

Alberto Durero hizo un grabado de un rinoceronte

que nunca vio, y en lugar de piel gris y gruesa

le puso armadura de caballería pesada

o de ariete. Un buque blindado solitario en la llanura:

el rinoceronte imaginario de Durero

que además tiene rostro triste

como si supiera que los rinocerontes blancos

también se convertirían en animales imaginarios

una vez que se extinguiera

el último macho de la especie.


De manera que ya pueden quedarse ustedes

con sus hipogrifos, sus dragones y sus chupacabras

yo me quedo junto al rinoceronte de ojos melancólicos

y apenas entornados, como los de sus guardianes

que tienen ojeras más largas

que las del primer amor

y que protegen de los cazadores furtivos

a las últimas rinocerontes blancas

que iluminan la noche por abajo

como lo hace la luna por arriba.