Todas las entradas por anamá

Anamá ediciones es una editorial nicaragüense con distribución en Centroamérica.

Artículo sobre presentación de la obra “Buenas al pleito: mujeres en la rebelión de Sandino” de Lucía Brenes Chaves,  UCR.

En primer lugar, el análisis que podemos hacer del texto, de los testimonios que el libro expone, deben hacerse a partir del contexto en el cual suceden las cosas; es decir, no puedo exigirle a los sujetos de la historia otras lecturas u otras interpretaciones de los hechos fuera de ese contexto histórico, político, social, económico y cultural.  Esto nos lleva a otro punto que es importante, y es que debemos tener la capacidad de entender y analizar la situación de las mujeres (receptoras de una violencia estructural) en el contexto de la lucha antiimperialista en Nicaragua sin reducir dicho análisis a lo que hizo o no hizo Augusto C. Sandino con ellas, por ellas o contra ellas.

Este análisis debe tener la claridad de que el cuestionamiento o la crítica debe hacerse contra el patriarcado, contra las prácticas patriarcales que responden y respondían entonces, a unos códigos culturales que determinan, según un tiempo y un espacio en concreto, las relaciones interpersonales.  Hacer la crítica contra Sandino o contra el ejército de Sandino a partir de las categorías teórica que tenemos hoy en día desde el feminismo, es hacer un análisis ahistórico, y bien sabemos la debilidad que esto implica, y los sesgos a los que nos exponemos.  Y repito, la crítica debe hacerse en relación con las formas que ha desarrollado el patriarcado para sostenerse y reproducirse en cada modo de producción conocidos en la historia.

Dicho esto, es importante reconocer algunos asuntos centrales, a mi criterio, del texto de Alejandro Bendaña.

En un contexto político, social y económico tan complejo como el que vivía la región centroamericana a inicios del siglo XX, la figura de Sandino y de quienes se sumaron a la lucha antiimperialista debe reivindicarse en todo momento como esas expresiones que dieron paso a cuestionar y a actuar en contra del orden que los sectores hegemónicos siempre han querido imponer en nuestro continente; y no reducir el análisis a las relaciones que se pudieron establecer con otros sujetos, en este caso, con las mujeres.  Reducirlo a ello sería negar la importancia que tuvo Sandio y su lucha para la región.

Se debe rescatar, en este sentido, aquellos elementos que permitieron algunas reivindicaciones, aunque fueran leves y temporales, para las mujeres.  En primer lugar, si bien la presencia de las mujeres en el ejército de Sandino repite el mismo patrón de aquellos ejércitos o grupos insurgentes del siglo XV, es decir, acompañantes y servidoras en el tanto se encargaban de lavar, remendar ropa, cocinar, curar enfermos y heridos, y eventualmente ser compañeras sexuales y sentimentales de los soldados; en el caso que nos compete con el libro de Bendaña se debe resaltar como primer punto el código moral que Sandio establece como una orden so pena de muerte, a su ejército; el cual, debía obedecerse no solamente al interior del ejército, sino en cada pueblo al que llegaran.  Este código, como bien lo expone el autor, se refería a la prohibición del saqueo y de la violencia sexual en contra de las mujeres, elementos que les permitía diferenciarse del bandolerismo de la época.

Como se expone en el libro, Sandino no era feminista (y no tenía que serlo, ciertamente) pero no era ajeno a las luchas que estaban dándose en varios países en ese momento; por lo cual, las luchas por la igualdad y acceso a espacios públicos y políticos de las sufragistas bien pudieron darle elementos para contar con el apoyo de las mujeres en su lucha, tanto las que se sumaron al ejército como las que colaboraron con suministros, hospedaje y otros bienes necesarios para la subsistencia del ejército.

Estos puntos son importantes de resaltar, pues si bien el trabajo de las mujeres dentro del ejército respondían a la tradicional división sexual del trabajo (no podía ser diferente considerando los códigos culturales que definían espacios y trabajos para mujeres y hombres), lo cierto es que también representó un lugar más seguro para las mujeres y sus hijos e hijas; además de la posibilidad que tuvieron algunas para ser consideradas soldados e incluso, alcanzar algunos puestos de mando dentro del ejército.

A partir de lo anterior, sí es importante resaltar aquellos aspectos más simbólicos que han permitido la continuidad del patriarcado como sistema de organización de las sociedades, y a los cuáles sí debemos hacerles la crítica correspondiente, pues no responden a comportamiento de unos hombres sino que definen las relaciones en general en la sociedad; es decir, no sólo Sandino, no sólo su ejército reproducían estos códigos, sino que han sido parte constitutiva de las sociedades modernas.  Uno de esos aspectos es la definición de lo masculino y lo femenino, y valor simbólico que se le asigna al resultado obtenido.  Por ejemplo, si la guerra es “cosa de hombres”, todo lo que encierra es cosa de hombres también: el uso de uniforme, uso y portación de armas, ocupar altos mandos en el ejército; cuyo resultado final es la protección de los grupos más frágiles o vulnerables dentro de la sociedad, a saber, mujeres, niños, niñas y personas mayores.

Por el contrario, el cuido y la reproducción es “cosa de mujeres”, por lo tanto, aquellas tareas relacionadas con ello son responsabilidad exclusiva de las mujeres: cocinar, lavar, cuidar niños y niñas, cuidar enfermos, cargar los utensilios necesarios para esas labores, por mencionar algunas cosas.  El producto de esto sería entonces, la subistencia del grupo al cual están dirigidos esas tareas, en este caso, el ejército.

Esta distinción entre lo femenino y lo masculino han sido las que han definido al mismo tiempo, la división sexual del trabajo y el acceso a espacios de poder y toma de decisiones, por lo cual, no debe extrañarnos las relaciones que se establecieron dentro del ejército y fuera de él entre mujeres y hombres, y aun menos debe extrañarnos que se hiciera con total naturalidad, pues respondía, antes y ahora, a esos códigos culturales que han sido establecidos desde hace mucho tiempo atrás.  Su cuestionamiento, por cierto, viene a tomar fuerza en el movimiento feminista recién en la década del 60 con el desarrollo teórico y político del feminismo marxista y socialista.

Igualmente, esta división sexual del trabajo se profundiza por las relaciones de clase establecidas en ese momento histórico (no tan ajeno al actual); pues las primeras formas de violencia que pudieron experimentar las mujeres provenían justamente del ordenamiento político y económico de la sociedad y el lugar que ocupaban en la división social del trabajo: pertenecían a ese grupo de personas que sistemáticamente eran desposeídas de sus bienes, de sus pocos medios de producción, de la posibilidad de mejorar sus condiciones materiales de vida, y producto de la violencia de Estado, amenazadas constantemente con ser violadas por los soldados de la Guardia Nacional o de los marinos, con ser testigos del asesinato de sus hijos u otros familiares, y finalmente, ser expropiadas o desposeídas de sus bienes.  Por lo tanto, como dije anteriormente, sumarse al ejército de Sandino les podía dar cierta seguridad para ellas y sus hijos e hijas, de proteger su vida, pues materialmente tenían mucho poco qué perder en ese contexto.

Saludos y reitero mi agradecimiento por poder compartir ese espacio con usted, y sobretodo, por haber tenido la oportunidad de leer el libro que nos invita a continuar la búsqueda de la historia no contada.  Igualmente insisto en la importancia del texto y en que haya asumido el reto de hacerlo, considerando que las fuentes, como se dijo en varias ocasiones, no son de primera mano, sino testimonios, cartas, informes, entre otros, en su mayoría escritos por hombres; cosa que hace más difícil reinterpretar lo que ya ellos han interpretado e intentar plasmarlo resaltando la figura de las mujeres en la historia.  Definitivamente es un libro que provoca continuar con esa búsqueda.

 

Lucía Brenes Chaves.  UCR.

Anuncios

Comentarios de Albert Torras Corbellalas sobre las tentaciones de la Luz de Zingonia Zingone

A veces, leer la poesía de alguien nos acerca a lo más hondo del pensar y el sentir de esa persona. Es curioso como la poesía, a diferencia de la novela, la ficción y otros relatos, la asumimos como algo que es propio intrínseco, inherente al sentir y pensar del propio autor. En cambio, cuando leemos novela, y teatro, asumimos que no todo aquello que leemos es lo que piensa el autor, sino que recrea situaciones que pueden, obviamente, superar sus experiencias vitales. Estamos seguros que ni Bram Stoker no se sentía vampiro, ni Michael Crichton se ha encontrado nunca un dinosaurio a punto de zampárselo.
Sin embargo, asumimos que la poesía tiene algo de personal e intransferible. O quizás sí, intransferible. La poesía de Zingonia Zingone se transfiere al lector, casi como papel secante, y consigue transmitir fe al ateo, sensualidad al casto, paz al aguerrido y elevación espiritual al desengañado.
Son algunos conceptos los que primeramente me gustaría destacar de las piezas que conforman este las tentaciones de la Luz y las series junto al pozo, peregrinaciones, sombras de luz filtrada, perspectivas del abismo, osadías, y toma mi silencio (canto cuaresmal). Son referentes, obviamente, de la religión, o mejor, de las religiones.
Inmersa en un profundo sentir del alma, del espíritu, Zingonia nos recuerda al referente de San Juan de la Cruz, que en su cántico espiritual ya decía aquello de:
“Entrado se ha la esposa
en el ameno huerto deseado,
y a su sabor reposa,
el cuello reclinado
sobres los dulces brazos del amado”
Siguiendo esta línea poética del amor y el erotismo hacia el espíritu, hacia Dios, hacia lo elevado, es donde encontramos la mejor tradición poética religiosa, en la que debemos situar a Zingonia.
Acaso no nos recuerda en parte San Juan de la Cruz los fragmentos de Zingonia cuando dice:
“porque soy la amada de mi amado
palabra de su palabra
ocre
en el tintero alado
y mi pergamino lecho de flores
acoge los versos
de su aliento plasmados”
Sin duda, los pocos entendidos en poesía mística y religiosa, buscaremos similitudes en poesías de otras grandes figuras como Santa Teresa de Jesus y su célebre Llama de amor viva, aquél que empieza:
“¡Oh, llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro”.
Por una parte la llama y el fuego o lo que enciende, y por otra el verbo romper, rasgar, agrietar, son también presentes en los poemas que Zingonia nos trae en este libro. Escucharán ustedes la voz a veces de Santa Teresa que habla por boca y pluma de Zingonia cuando nos revela:
“ahora
una llama quema
la miseria escondida en el dolor”
O en otro poema:
“tu reflejo me deslumbra
y enciende de nuevo
mi terca vanidad”
O como referencia al mito del fuego que habita en las cumbres y atrapa a Brunilda, en este fragmento también la llama es objeto de ese deseo de transcendencia y de comunión:
“orar
es rastrear una chispa
hecha piedra
ahogada en el río
y nadar contracorriente
entre pirañas
para alcanzar la cumbre helada
donde se origina el fuego
me pregunto
si levitarán las cenizas
testimonio
del espejo en flamas”
Y ya en el summum del éxtasis de Zingonia, de la cumbre, lo alto, altar al que llega, abrasada en estas palabras:
“te ofrezco
la flor más intima
para ornar el altar votivo
con pétalos en llamas
fénix hoy paloma”

No hay algo acaso aquí también de la gran Sor Juana Inés de la Cruz, cuando la mexicana dice aquello de…
“Deja las brasas, Porcia, que mortales
impaciente tu amor eligir quiere:
no al fuego de tu amor el fuego iguales;
porque si bien de tu pasión se infiere,
mal morirá a las brasas materiales
quien a las llamas del amor no muere”
Decíamos también que era importante en los poemas la referencia a lo que se rompe, se rasga, se agrita, y da paso a algo nuevo. Es semilla que agrieta la tierra para hacerse paso, es rotura que implica nacimiento.
Fijaos en este fragmento de sombras de luz filtrada cuando dice:
“La niña no sabía que todo es fractura. Al nacer la semilla rompe la tierra, el árbol corta el aire, la hiel se apodera del tronco, entonces tira frutos envenenados. Ella no sabía que de la muerte nace la vida”
A lo largo del poemario aparece esta referencia a la rotura y también a la transformación. Un ave fénix en paloma, una costilla en clepsidra, una mariposa en piedra. Dice:

“heme aquí una mariposa fósil”. O fruto “en la cruz me descubro pámpano de vid”
Lo que está por nacer se aprovecha, en la poesía de Zingonia, de cualquier grieta o fisura:
“tampoco es el beso
ni la ternura
sobre las fisuras de mi soledad”
O también
“a través de las grietas
el aljibe se traga el castillo
y la sequía destiñe la púrpura de mis tapices”
También son las grietas lugares donde habita lo desconocido:
“en los ojos del niño una fisura
brotan miedos
cuchillos
que rajarán la garganta del mundo”
Y casi en seguida dice:
“trinidad de grietas en el piso
marcando la piedra
una ranura en el muro:
lo desconocido
es silencio azul pintado
entre los rayos del sol”
La llama, la grieta son referentes que la enlazan con los autores ya tantas veces ensalzados. Las imágenes que nos ofrece Zingonia en su poesía pues no hace otra cosa que refrendar la idea previa, que Zingonia y su lírica merece estar entre lo más nutrido del panorama poético actual de este estilo.
Otro de los elementos que podemos destacar de la poesía de Zingonia es precisamente esta voluntad de elevación del espíritu. Nos encontramos, de forma permanente, referencias a cierta necesidad de dejar atrás la carne y suspenderse entre cielo y tierra, gozando de la luz, de la experiencia mística, como decíamos antes, del éxtasis de Santa Teresa.
Fíjense en algunos momentos, desde el primer poema, cuando ya nos muestra su predilección por aquello que vive entre cielo y tierra y que nos recuerda a la figura de un colibrí:

“el movimiento repetido y sensual
un tango suspendido
la existencia”
Esta idea de suspensión será reiterativa en el poemario, de hecho este colibrí aparece mas tarde cuando en un poema de inspiración sufí se confiesa:
“y yo me aferro al colibrí
a la incesante solidez
de su liviandad”
Quien se suspende en el aire, obviamente teme a caer. Y destila a veces Zingonia este miedo que no es otra cosa que aferrarse a su convicción para no caer en ninguna tentación. Desde lo alto, Zingonia nos dice:
“Teme su caída. Refugiada en la transparencia de su aljibe, desvelo tras desvelo, almacena los sismos de sus visiones. Él siempre está allí: patinando sobre el fino hielo de los abismos”.
Ah, los abismos, justo en el siguiente poema, llamado “estando en Patmos”, inicia:
“vi el abismo
la tierra se movía
se mecía el templo
doblándose
como un junco en el viento”
Acaso no está Pegaso suspendido también. En el poema “Quimera” aparece ahí en lo alto:
“como Pegaso subo
y no dejo que el freno
detenga mi sonrisa”
E incluso más, en el poema “La sulamita”:
“suspendida estoy
entre la bruma y el ocaso
incipiente fragmento disperso en el tiempo”
Y también más adelante
“me regocijo en el vuelo
que a toda criatura levanta
sobre mis alas
una cruz fluorescente”

No podía dejar de estar presente en la obra de Zingonia toda la simbología que tiene el agua, y no solo el agua sino el manantial y el pozo, que como ayer mismo me comentaba, es el lugar donde sacia el hombre su sed, pero también era el lugar donde las mujeres iban a encontrar al hombre.
Saciarse, colmar esa necesidad de agua que nutre e inunda el cuerpo, es otra de las imágenes que forman parte del corpus del libro, casi de inicio a final. No es baladí que ya el titulo del primer conjunto de poemas se llame junto al pozo y que finaliza con la conclusión:

“del fondo del pozo
surge la sed más grande”
Este manantial cabe contraponerlo a la sequedad con la que la autora a veces se mortifica, como dice en peregrinaciones:
“beso los granos de la esperanza
pido el don del llanto
emboscada en la umbra
mi aridez”

Y qué tanto ese agua, ese lago, esa gota, eso que brota como manantial es idea asumida, reiterada, saciante? Tanto como que en pocas páginas:

“el agua forja el deseo encendido del sol”
“un gemido es el lago de la duda”
“yo soy el ricino seco que alimenta el gusano
gota
de la expiación universal”
O antes
“asoma
la fuente que todo lo origina
una pequeña gota se desliza
por la esquina de tu boca”

No quiero redundar en imágenes que sin duda Zingonia coloca casi de forma matemática en el texto. Ella se dice imperfecta, y ayer estuvimos un buen rato hablando de eso, de nuestras imperfecciones, de nuestras fortalezas y nuestras debilidades, de nuestra necesidad de ser y de sentir.

Para finalizar, recomiendo su lectura, un puente necesario, amable, de exquisita sensualidad mística, de elevación espiritual poderosa, entre la pulsión y la castidad; entre las pretensiones de la sensibilidad corpórea y los corsés que impone la convicción del que se sabe atrapado entre cielo y tierra. Indispensable para estos tiempos de fe errática y de relativismo moral.

las tentaciones de la Luz Zingonia Zingone

Comentarios del  periodista y escritor catalán Albert Torras Corbella sobre

las tentaciones de la Luz de Zingonia Zingone

 

A veces, leer la poesía de alguien nos acerca a lo más hondo del pensar y el sentir de esa persona. Es curioso como la poesía, a diferencia de la novela, la ficción y otros relatos, la asumimos como algo que es propio intrínseco, inherente al sentir y pensar del propio autor. En cambio, cuando leemos novela, y teatro, asumimos que no todo aquello que leemos es lo que piensa el autor, sino que recrea situaciones que pueden, obviamente, superar sus experiencias vitales. Estamos seguros que ni Bram Stoker no se sentía vampiro, ni Michael Crichton se ha encontrado nunca un dinosaurio a punto de zampárselo.

Sin embargo, asumimos que la poesía tiene algo de personal e intransferible. O quizás sí, intransferible. La poesía de Zingonia Zingone se transfiere al lector, casi como papel secante, y consigue transmitir fe al ateo, sensualidad al casto, paz al aguerrido y elevación espiritual al desengañado.

Son algunos conceptos los que primeramente me gustaría destacar de las piezas que conforman este las tentaciones de la Luz y las series junto al pozo, peregrinaciones, sombras de luz filtrada, perspectivas del abismo, osadías, y toma mi silencio (canto cuaresmal). Son referentes, obviamente, de la religión, o mejor, de las religiones.

Inmersa en un profundo sentir del alma, del espíritu, Zingonia nos recuerda al referente de San Juan de la Cruz, que en su cántico espiritual ya decía aquello de:

“Entrado se ha la esposa
en el ameno huerto deseado,
y a su sabor reposa,
el cuello reclinado
sobres los dulces brazos del amado”

Siguiendo esta línea poética del amor y el erotismo hacia el espíritu, hacia Dios, hacia lo elevado, es donde encontramos la mejor tradición poética religiosa, en la que debemos situar a Zingonia.

Acaso no nos recuerda en parte San Juan de la Cruz los fragmentos de Zingonia cuando dice:

“porque soy la amada de mi amado
palabra de su palabra
ocre
en el tintero alado
y mi pergamino lecho de flores
acoge los versos
de su aliento plasmados”

Sin duda, los pocos entendidos en poesía mística y religiosa, buscaremos similitudes en poesías de otras grandes figuras como Santa Teresa de Jesus y su célebre Llama de amor viva, aquél que empieza:

“¡Oh, llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro”.

Por una parte la llama y el fuego o lo que enciende, y por otra el verbo romper, rasgar, agrietar, son también presentes en los poemas que Zingonia nos trae en este libro. Escucharán ustedes la voz a veces de Santa Teresa que habla por boca y pluma de Zingonia cuando nos revela:

“ahora
una llama quema
la miseria escondida en el dolor”

O en otro poema

“tu reflejo me deslumbra
y enciende de nuevo
mi terca vanidad”

O como referencia al mito del fuego que habita en las cumbres y atrapa a Brunilda, en este fragmento también la llama es objeto de ese deseo de transcendencia y de comunión:

“orar
es rastrear una chispa
hecha piedra
ahogada en el río
y nadar contracorriente
entre pirañas
para alcanzar la cumbre helada
donde se origina el fuego

me pregunto
si levitarán las cenizas
testimonio
del espejo en flamas”

Y ya en el summum del éxtasis de Zingonia, de la cumbre, lo alto, altar al que llega, abrasada en estas palabras

“te ofrezco
la flor más intima
para ornar el altar votivo
con pétalos en llamas
fénix hoy paloma”

 

No hay algo acaso aquí también de la gran Sor Juana Inés de la Cruz, cuando la mexicana dice aquello de…

“Deja las brasas, Porcia, que mortales
impaciente tu amor eligir quiere:
no al fuego de tu amor el fuego iguales;

porque si bien de tu pasión se infiere,
mal morirá a las brasas materiales
quien a las llamas del amor no muere”.

Decíamos también que era importante en los poemas la referencia a lo que se rompe, se rasga, se agrita, y da paso a algo nuevo. Es semilla que agrieta la tierra para hacerse paso, es rotura que implica nacimiento.

Fijaos en este fragmento de sombras de luz filtrada cuando dice

“La niña no sabía que todo es fractura. Al nacer la semilla rompe la tierra, el árbol corta el aire, la hiel se apodera del tronco, entonces tira frutos envenenados. Ella no sabía que de la muerte nace la vida”.

A lo largo del poemario aparece esta referencia a la rotura y también a la transformación. Un ave fénix en paloma, una costilla en clepsidra, una mariposa en piedra. Dice: “heme aquí una mariposa fósil”. O fruto “en la cruz me descubro pámpano de vid.”

Lo que está por nacer se aprovecha, en la poesía de Zingonia, de cualquier grieta o fisura:

“tampoco es el beso
ni la ternura
sobre las fisuras de mi soledad”

O también

“a través de las grietas
el aljibe se traga el castillo
y la sequía destiñe la púrpura de mis tapices”

También son las grietas lugares donde habita lo desconocido:

“en los ojos del niño una fisura
brotan miedos
cuchillos
que rajarán la garganta del mundo”

Y casi en seguida dice:

“trinidad de grietas en el piso
marcando la piedra
una ranura en el muro:
lo desconocido
es silencio azul pintado
entre los rayos del sol”

La llama, la grieta son referentes que la enlazan con los autores ya tantas veces ensalzados. Las imágenes que nos ofrece Zingonia en su poesía pues no hace otra cosa que refrendar la idea previa, que Zingonia y su lírica merece estar entre lo más nutrido del panorama poético actual de este estilo.

Otro de los elementos que podemos destacar de la poesía de Zingonia es precisamente esta voluntad de elevación del espíritu. Nos encontramos, de forma permanente, referencias a cierta necesidad de dejar atrás la carne y suspenderse entre cielo y tierra, gozando de la luz, de la experiencia mística, como decíamos antes, del éxtasis de Santa Teresa.

Fíjense en algunos momentos, desde el primer poema, cuando ya nos muestra su predilección por aquello que vive entre cielo y tierra y que nos recuerda a la figura de un colibrí:

“el movimiento repetido y sensual
un tango suspendido
la existencia”

Esta idea de suspensión será reiterativa en el poemario, de hecho este colibrí aparece mas tarde cuando en un poema de inspiración sufí se confiesa

“y yo me aferro al colibrí
a la incesante solidez
de su liviandad”

Quien se suspende en el aire, obviamente teme a caer. Y destila a veces Zingonia este miedo que no es otra cosa que aferrarse a su convicción para no caer en ninguna tentación. Desde lo alto, Zingonia nos dice:

“Teme su caída. Refugiada en la transparencia de su aljibe, desvelo tras desvelo, almacena los sismos de sus visiones. Él siempre está allí: patinando sobre el fino hielo de los abismos”.

Ah, los abismos, justo en el siguiente poema, llamado “estando en Patmos”, inicia:

“vi el abismo
la tierra se movía
se mecía el templo
doblándose
como un junco en el viento”

Acaso no está Pegaso suspendido también. En el poema “Quimera” aparece ahí en lo alto:

“como Pegaso subo
y no dejo que el freno
detenga mi sonrisa”

E incluso más, en el poema “La sulamita”:

“suspendida estoy
entre la bruma y el ocaso
incipiente fragmento disperso en el tiempo”

Y también más adelante

“me regocijo en el vuelo
que a toda criatura levanta
sobre mis alas
una cruz fluorescente”

 

No podía dejar de estar presente en la obra de Zingonia toda la simbología que tiene el agua, y no solo el agua sino el manantial y el pozo, que como ayer mismo me comentaba, es el lugar donde sacia el hombre su sed, pero también era el lugar donde las mujeres iban a encontrar al hombre.

Saciarse, colmar esa necesidad de agua que nutre e inunda el cuerpo, es otra de las imágenes que forman parte del corpus del libro, casi de inicio a final. No es baladí que ya el titulo del primer conjunto de poemas se llame junto al pozo y que finaliza con la conclusión

“del fondo del pozo
surge la sed más grande”

Este manantial cabe contraponerlo a la sequedad con la que la autora a veces se mortifica, como dice en peregrinaciones:

“beso los granos de la esperanza
pido el don del llanto
emboscada en la umbra
mi aridez.”

Y qué tanto ese agua, ese lago, esa gota, eso que brota como manantial es idea asumida, reiterada, saciante? Tanto como que en pocas páginas:

“el agua forja el deseo encendido del sol”
“un gemido es el lago de la duda”

“yo soy el ricino seco que alimenta el gusano
gota
de la expiación universal”

O antes

“asoma
la fuente que todo lo origina
una pequeña gota se desliza
por la esquina de tu boca”

 

No quiero redundar en imágenes que sin duda Zingonia coloca casi de forma matemática en el texto. Ella se dice imperfecta, y ayer estuvimos un buen rato hablando de eso, de nuestras imperfecciones, de nuestras fortalezas y nuestras debilidades, de nuestra necesidad de ser y de sentir.

 

Para finalizar, recomiendo su lectura, un puente necesario, amable, de exquisita sensualidad mística, de elevación espiritual poderosa, entre la pulsión y la castidad; entre las pretensiones de la sensibilidad corpórea y los corsés que impone la convicción del que se sabe atrapado entre cielo y tierra. Indispensable para estos tiempos de fe errática y de relativismo moral.

LOS POEMAS COSMOLÓGICOS MÁS RECIENTES DE ERNESTO CARDENAL

Ernesto Cardenal, ya próximo a cumplir 94 años el próximo 20 de enero de 2019, sigue siendo pródigo en sus versos, que ya constituyen una producción poética muy extensa. Ernesto ha tenido la enorme bondad de compartir conmigo estos nuevos poemas, tan recientes, para que vean la luz como primicia especial en nuestro Boletín de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, con su permiso expreso de publicación. Más adelante los poemas habrán de formar parte del corpus de la Poesía completa que su editor, Alejandro Sierra de Trotta de Madrid, ultima para publicación en 2019. De otra parte, el próximo enero, justamente con motivo del cumpleaños del poeta, Anamá Editores de Nicaragua, que dirije Salvador Navas, editará el volumen Hijo de las estrellas con ilustraciones del artista Ramiro Lacayo. Estamos pues ante un artista en plena actividad literaria, de lo cual dan fe los nuevos poemas que presentamos aquí. Cardenal, el más grande poeta vivo de Latinoamérica, fue honrado con el Premio Reina Sofía de poesía en 2012.

En estos poemas que el lector tiene hoy en la mano, titulados “Así en la tierra como en el cielo” e “Hijos de las estrellas”, el poeta nicaragüense continúa su reflexión cósmica en torno al misterio de ese universo inacabable que denomina pluriverso. Se trata de un motivo temático que ya venía tratando en sus libros anteriores, cósmicos como los de Whitman y a veces tan osados como los de Pound: todos recordaremos el Cántico cósmico, el Telescopio en la noche oscura, los Versos del pluriverso Este mundo y otro.  Cardenal desvía una vez más su mirada de este mundo lleno de decepciones hacia el firmamento estrellado. Y, una vez más, su meditación cosmológica lo lleva a reflexionar sobre los misterios últimos del universo con las herramientas de la astrofísica moderna. Salta a la vista que la proclividad de Cardenal a la ciencia de los astros se ha seguido intensificando en sus versos de madurez: importa insistir en que, con su novedosa escritura poética, en la que baraja al unísono la cuántica de Niels Bohr con la teoría de la evolución, con la astrofísica, con el Tao, con el Génesis, con el Cristo resucitado, el vate nicaragüense renueva de manera audaz el vocabulario de la teología y de la mística. Cardenal es plenamente consciente de lo que implica su aventura religiosa y científica, pues preguntado sobre si era un innovador en poesía, afirma: “Sí, creo que soy el único poeta o al menos el único que yo conozco, que está haciendo poesía sobre la ciencia, poesía científica…” [1]. El poeta, siempre iconoclasta y amigo de romper paradigmas, añade sin ambages: “Paul Davies ha dicho: La ciencia es un camino hacia Dios más seguro que la religión. Yo así lo creo, porque las religiones dividen a los pueblos y la ciencia no”[2].

Pese a que Cardenal ya había estrenado esa voz poética científica tan renovadora en sus libros anteriores, hay muchas novedades literarias en estos nuevos versos a un pluriverso “que se abre en flor” según evoluciona lentamente. El protagonista poemático le exige sentido a un cosmos henchido de secretos impenetrables, pero a la vez intuye que realmente no puede no tener sentido: “por algo explotan las estrellas”, concluye esperanzado. Sabemos que el emisor de los versos habla de convicciones íntimas, no de retórica vacía: en un correo electrónico desde Managua me glosó con aliento confesional el sentido que le da a sus recientes poemas: “Este poema [‘Hijos de las estrellas’] ha sido un esfuerzo por darle sentido al universo. Y un sentido a la muerte […] Es mi último escrito y creo que no tendría más que hacer porque sería repetirme” (corrreo del 14 de noviembre de 2018). También Luis Rocha Urtecho se refiere a las reflexiones recónditas del poeta: “Cuando en una ocasión le preguntaron [a Cardenal] si sentía miedo a la muerte, respondió: ‘Sí, Cada vez estoy más cerca, pero al mismo tiempo pienso que la muerte no es definitiva, creo en la resurrección'”[3].

El poeta también insiste en un motivo temático que vertebra a los dos poemas que incluímos aquí, pues sabe bien que somos un “cosmos consciente de sí mismo”, un planeta que se piensa con milagrosa autorreflexión: “Átomos inconscientes se juntaron / y fueron conscientes (nosotros)…”; “polvo de estrellas  / que puede en la noche / mirar las estrellas”. De otra parte, el poeta nos conmina al vértigo colocando la figura de Jesús e incluso la evolución de las especies en un novedoso contexto sideral. Ya sabemos que en sus libros anteriores había hecho una valiente síntesis de las teorías evolutivas de Darwin y del evolucionismo espiritual de Teilhard de Chardin, y aquí reitera la misma idea de que todo evoluciona hacia el Amor. Pero vierte su pensamiento teórico en odres poéticos nuevos, como cuando concibe al ser humano como el “único animal vestido” que empezó “mamando mamas” y a la larga se convirtió en astrofísico: no fue sino “hasta hace poco supimos de galaxias”. Pero Darwin, el teórico de la evolución, siempre dice presente: “Quedándonos en los árboles / no hubiera habido escritura / la liberación de la mano fue escritura / mano antes humilde aleta / de especie de pescado ya extinguida”. El ser humano celebra “la dicha de estar sin dinosaurios”, cuando éstos se tornaron en pájaros: “bracitos de dinosaurios / fueron las alas actuales”. Quedamos sin competencia sobre la faz de la tierra y fue entonces que pudimos dominarla: “de la sabana africana a manejar el avión”.

Incluso vemos a una nueva luz la noche oscura final de santa Teresita de Lisieux en el poderosísimo remate final del poema “Así en la tierra como en el cielo”. No hay nada en este plano de conciencia de sombras que carezca de sentido y que no pueda culminar en luz:

Santa Teresita de Lisieux

murió con una tentación de ateísmo

venció la tentación diciendo:

aunque no existas yo te amo.

 

(Me permito añadir un dato conmovedor: santa Teresita admitió antes de morir que esta noche oscura o etapa de sequedad insufrible, descreimiento y sentido de abandono le fue muy útil, pues logró hermanarse con quienes son incapaces de creer en la Trascendencia.)

El poeta también reescribe y se apropia del pensamiento de Unamuno, de Víctor Hugo, de Martí, de Newton, de Sor Juliana, aunando estas voces tan dispares con la astrofísica y la entropía, pues todas, cada una a su manera, buscan el Uno. Ya lo había hecho en su Cántico cósmico, donde hizo un compendio de sabiduría que oscilaba entre lo científico y lo histórico, lo artístico y lo amoroso, lo macrocósmico y lo microcósmico. Cardenal cantaba por igual a los espacios interestelares, a los átomos infinitesimales, a las galaxias nacidas del Big Bang y a los tigritos tiernos en las fauces protectoras de sus madres, a las campesinas del Cuá, al triunfo sandinista de otrora y a los cuadros de Klee. En sus nuevos poemas no ha dudado en forjar viñetas insólitas que se nos antojan barrocas por su inesperado aliento aglutinador. Es justamente gracias a su extrema riqueza de motivos literarios, filosóficos, históricos y espirituales que el poeta logra persuadirnos de la complejidad infinita del universo, que culmina en la Unicidad protectora de la Trascendencia. Todo, por diverso que sea, se hermana en el regazo de Dios.

Para sorpresa del lector, y con su osadía habitual, Cardenal también renueva el pensamiento teológico, concibiéndolo de manera cosmológica, cuando afirma que Dios, “solitario en la Eternidad”, se “aburriría” sin nosotros. Por más, cuando alude con gesto declaradamente esperanzado al “romance de Dios con nosotros” está apostando una vez más al sentido necesario y último de un pluriverso creado por el Amor, aquel que para Dante “movía el sol y las demás estrellas”. Dios, por ello mismo, no es “extravagante” porque el universo que ha hecho por fuerza ha de tener sentido. El célebre humor de Cardenal, siempre de ruptura, como oportunamente ha destacado Sylma García González[4], continúa punteando de manera deliciosa la solemnidad de estos nuevos poemas de aliento cósmico. “Ya con esta me despido”, apunta el poeta hacia el final de “Hijos de las estrellas”, remedando a los antiguos juglares y aun al cancionero popular latinoamericano, consciente que se trata de poemas largos de gran aliento que hay que desinflar oportunamente. Con esa misma tónica libérrima de humor desacralizante, el poeta reflexiona a favor de Jesús la siguiente ocurrencia en torno al Dios Padre, que lo envió a redimir el caos del cosmos: “[es un] mundo peligroso / para enviar un hijo”…”.

Cardenal, fiel a sus vertiginosas aglutinaciones temáticas, yuxtapone lo impensable, dotando sus poemas de gran dinamismo: la posibilidad siempre viva de los extraterrestres; la justicia social, sin la cual el universo no tendría sentido, entendida ahora en términos cósmicos antes que históricos; las teorías de Darwin puestas en verso (“nuestros genes casi los del mono”, pues los animales son nuestros “primos”); la palomita de San Nicolás cuidando sus huevitos, hermana nuestra desde el vientre inusitadamente materno del “Big Bang” (“fuimos uno solo en el Big Bang / y añoramos esa unidad”). Accedemos también a la sorpresa de la luz como comida, pues sin el sol radiante no había plantas, e incluso la Eucaristía hubiese sido imposible.

Una vez mas, el amor humano dice presente en las páginas de Cardenal. Como era de esperar dada la tónica de los poemas, vuelve a ponderar el erotismo dentro de coordenadas cosmológicas: “un universo en el que el sexo / es el grito de que estamos incompletos”. El poeta tampoco duda en considerar que la evolución depende de la mismísima belleza de las mujeres: “la mujer es bonita para que fuera fértil”. Evoca una vez más los besos que no dio y que habrá de recuperar en otro universo paralelo, o en el seno de Dios. “La tristeza de lo que no vuelve / Aquellas que yo quise…”; Los besos que no disteis / el nuevo tiempo reversible / será danza y música”.

Las nuevas reflexiones del poeta sobre la muerte son a su vez inesperadas y originalísimas: “Millones de estrellas conscientes / sus sacrificios brillan toda la noche / enseñándonos a morir”. Extraordinaria y novedosa visión del parpadeo de las estrellas, sin duda. Cada vez que las miremos de noche habremos de recordar que su brillo falaz constituye su agonía, y que son nuestras maestras en el proceso fraterno de la muerte. De otra parte, la lógica con la que dirime Cardenal la imposibilidad de una muerte sin sentido resulta de una ternura inusitada: “Hay tantos muertos que he querido / que no me resigno a un final total”. El futuro de la materia (aquella cuyo misterio no resolvió Einstein porque cuando le preguntaban por su origen señalaba con el índice al cielo) también se ve a la luz de una redención final: “La materia también tiene un futuro: / una intimidad con Dios”.

La conclusión de ambos poemas destila siempre esperanza: santa Teresita, como dejé dicho, amando a su Dios, aunque no existiera; y el emisor de los versos, sabiendo que puede morir tranquilo porque si Dios lo ha amado lo seguirá amando después de la muerte: “Y voy a la muerte sin temor / porque si me amas me amarás siempre”. Este verso que parecería constituir una plegaria nace de la gracia mística que Cardenal canta en varios de sus libros, en los que confiesa al lector que ha vivido fruitivamente el Amor infinito con certeza total. “Yo tuve una cosa con Él, y no es un concepto”, declara sin ambages de lo que le aconteciera un 2 de junio de 1956. Es que el poeta sabe bien, por experiencia fruitiva, lo que es el “tasted knowledge” o conocimento degustado de la Trascendencia–aquello que san Juan de la Cruz denominó como ciencia sabrosa.

Hacia el final de “Hijos de las estrellas”, Cardenal plantea la idea que la creación de la belleza es uno de nuestros mandatos en este universo misterioso. “También el Arte parte del Reino / []… /nuestro deber de embellecer el mundo…”. Cardenal lo ha logrado con creces, a pesar de las tristezas presentes de su patria, a pesar del desamor de este planeta que parecería no saber vivir sin guerras y holocaustos.

No cabe sino agradecer al poeta que haya compartido con nosotros estos versos vivos, inquietantes, literariamente –y aun teológicamente– revolucionarios. Como recordaremos, Cardenal había titulado su autobiografía con el título agridulce de Vida perdida, remedando a Lucas 9, 24: “El que pierda su vida por mí, la salvará”. Pero la ha “ganado” no solamente por haberla rendido al prójimo y por lo extremo de sus renuncias (“que aun chorrean sangre”), sino por su escritura, siempre en constante evolución artística, que ahora incluye estos nuevos poemas cosmológicos de estremecedora belleza. Vida ganada pues para la literatura, y también para todos nosotros, porque su legado literario es hoy patrimonio palpitante de la poesía en lengua española.

Luce López-Baralt

Universidad de Puerto Rico

 

 

 

HIJOS DE LAS ESTRELLAS

El poeta Ernesto Cardenal nos sorprende a sus 93 años.
Con su más reciente poema “HIJOS DE LAS ESTRELLAS”

Fragmento del poema.

 

Billones de galaxias y billones de estrellas

Las estrellas de donde venimos

¿Por qué existe el mundo

en vez de sólo la nada?

algo tan inmensamente grande

será con algún propósito

Si toda vida acabará

¿Cuál es el sentido del universo?

Cada puntito de luz es un mundo

y nosotros un puntito

microscópico

entre las galaxias

que se creyó centro del universo

Si hay creación será por algo

y tiene sentido este mundo en que vivimos

Qué desperdicio sería si se acabara el universo

y no hubiera vida tras la muerte…..

 

Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal, el poeta vivo más importante de Hispanoamérica.

Ganador del Premio Internacional Mario Benedetti 2018.

 

 

 

ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO

Billones de galaxias con billones de estrellas

(hay más de cien mil millones de galaxias)

nuestra galaxia de trillones de estrellas

apenas una entre millones de galaxias

un gas de estrellas

         y un gas de galaxias

abro la ventana y miro

las estrellas de donde venimos

parece que el universo tuvo un propósito

en el que estamos nosotros

el universo consciente de sí mismo:

polvo de estrellas

         que puede en la noche

         mirar las estrellas

Nacidos de explosión de supernovas

hijos del Sol y del Sistema Solar

¿Tenemos un rol en el universo?

         Yo diría que sí

Estamos en un universo casi vacío

y la mayor parte de él no se ve

rodeados de misterio por todas partes

en medio de una materia que no vemos

un universo casi todo invisible

y qué es materia no sabemos

Cada galaxia alejándose de nosotros

casi a la velocidad de la luz

luz que hasta ahora nos está llegando

un universo de dimensiones ignoradas

tal vez con otros mundos que no vemos

un millón de millones de estrellas

pequeñitas pero son como el Sol

y la galaxia misma un punto del universo

insignificante para el cosmólogo

El Sol estrella normal y corriente

en un rincón cualquiera del universo

no estamos en él por accidente

                   ¿Podría algo tan inmenso

                   ser sin ningún propósito?

¡Y millones de humanidades en el universo!

Si encarnó en ellas no sabemos

la teoría del mundo creado para nada

O Dios nos amó

         por lo que hay universo

         Nada existe solo

                   ser es ser unido

                   ser es ser con otro

                   todos conectados con todo

                   y nada está desconectado…………

presentación “las tentaciones de la luz” por el poeta Osvaldo Sauma.

“las tentaciones de la luz” Este poemario es el resultado de la transición de quien deja atrás lo mundano y se encuentra con la luz de lo esencial, y es, a su vez, un arduo peregrinaje hacia la redención y los beneficios de la paz interior. Empieza con el Génesis, como todo buen comienzo, y emplaza a Adán desde la mirada de lo acontecido, para que… oriente la vista / como astro en el desierto/ hacia el manantial que late / desnudo en el pesebre. Y para que comprenda que el devenir promete: el agua bautismal y el perdón de los pecados. no fue en vano tu grito / Adán / tu asombro / un brote de adn paralelo / que en paralelo hacia ti avanza / buscando una convergencia Un encuentro del primer hombre, con el hijo del Padre Celestial para conciliar el antiguo testamento con el nuevo y sus renovaciones: la comunión de los panes, la custodia de la piedra de Pedro y el amor al prójimo. La India, los bosques de Massachuttes, Roma, Bahía Ballena, El barrio de Utrillo, son algunos de los lugares por los que transitamos de su mano, para no perder detalle del camino hacia la lucidez de la conciencia: “En la India / los perros son nómadas / andan por las calles / de polvo y trastorno / saben dónde / llevan los caminos” “ y los bosques de Massachusttes / dónde los pájaros huyen del sol / y del nido su trino / como del pecho la humana intuición. “ El poeta / se abre camino / busca la tumba de Nizamuddin / cruza descalzo el bazar / …compra flores / silva una melodía persa / prepara / el silencio interior que acoge / la divina inspiración” En el sur hay una playa / su silueta / es una cola de ballena / una tira de arena candente / camino desnuda / una funámbula solitaria / cegada por las visiones / e intuyo/ que no es en los costados / donde mora el peligro. …recorro / las ramblas bulliciosas / adornadas de luces / me asaltan las mesas / que colonizan las aceras / me toma por el cuello / el gorgoteo de la cerveza Quizás antes / en otra vida / clavada en la mitad del mundo / fui una sefardita / errante en busca de un hogar Elige la ruta que nos marcó Machado y hace camino al andar, se renueva en las encrucijadas, se beneficia de sus enseñanzas, del acontecer de la circunstancia y de la sincronicidad. Señales que nos remiten a un espíritu nómada, que recoge en silencio las mises de su deambular en entre los otros, busca el conocimiento y la renovación, de ahí su misticismo terrenal que se eleva junto al prójimo, junto a sus miserias y sus encantos; separa el trigo de la mala yerba y sujeta la vida en el poder del canto, en la intuición de los adentros y de paso nos incita a reencontrarnos con la deificación de la existencia.. Todo para llegar al Todo, para renegar a lo vivido, sin rencor, sin nostalgia, en aras del perdón y la reconciliación espiritual. no se trata de la nostalgia / ni de la caricia / encerrada en la memoria / tampoco es el beso / ni la ternura / sobre las fisuras de mi soledad / es algo que viaja en el susurro / que se instala / en las cavidades del instante / es fuego / esquirla / candor luminoso / es el secreto del silencio / que repite / incesantemente…tu hermoso cuerpo / colgado / allá arriba/ por encima del canto de los pájaros / tu dolor / sonriente elevándose / más allá del vuelo más alto / por encima del Ánsar indio / allá arriba/ donde cada escalofrío se vuelve / inmortal eclosión de amor Dígame, Prelado: Cuando Jesús instituyo la Eucaristía, ¿dijo / “Tomad y comed, ésta es mi alma? No. Dijo: “Tomad y comed éste es mi cuerpo”. (Proposición teológica a un prelado de parte de un feligrés) Carlos Martínez Rivas. Hemos llegado a la cima del amor místico, el abrazo se ha consumado, de aquí en adelante solo habrá ojos para el amado. Solo el Dios hecho hombre aliviará, la miseria escondida en el dolor. La peregrinación hacia la cruz ha dado sus frutos, que me traen a colación los versos a Cristo de la (Décima musa), la poeta mexicana, Sor Juana Inés de la Cruz. divino imán en que adoro: / hoy que tan propicio os miro, / que me animáis la osadía / de poder llamaros mío. Sin embargo aún hay partículas en la atmósfera de este viaje, resabios del pasado impidiendo el recogimiento que exige la luz y tentando al devenir con la penumbra de viejas pasiones. Pero con el ascenso se fortifica el cuerpo y el alma y se encuentran en el camino, la armas para vencer los sortilegios y las zancadillas del entorno, a pesar de esas nimiedades, basurillas pasajeras en los ojos, que no impiden del todo la visión vertical y que más bien potencializan lo alcanzado en ese ir del polvo al polvo. me he vaciado de la rabia / me he sacudido / la vanidad de encima / acompaño / el movimiento de los astros / y no esquivo los escollos / de cada choque / vida nueva / de cada vida / nueva es la declinación de amar / me he colmado del sol / que cada noche duerme / acurrucado en mi pecho / luz / que no me pertenece / pero alumbra y despeja / sé que nada vale / y todo cuenta / procuro deshacerme / de sumas y restos / tendiendo al punto cero / donde cada célula escondida entre los versos / se expande en universos / llevando la palabra / hacia el silencio / materia que se esfuma / abriendo en el tiempo una ventana / llamada eternidad Con este poema que sintetiza los logros de la transición, cierro mi acuse de lectura, del libro las tentaciones de la Luz, de la poeta Ítalo /Costarricense, Zingonia Zingone. Claro que el libro no termina acá, hay una coda que se agregó al libro, derivada de un ejercicio literario con sus alumnos de la Cárcel de Roma, la prueba consistía en que cada uno de los alumnos escogiera una de las estaciones del Vía crucis y escribiera un texto sobre la representación de los pasos que dio Jesús en su camino al calvario. Dichosamente el ejercicio conllevó a que la poeta escribiera este hermoso canto, dándole vuelo a cada una de las 14 estaciones. Agradezco profundamente a la editora de ANAMÁ Ediciones, Salvadora Navas, por incluir Toma mi silencio ese hermoso canto cuaresmal, ese vía crucis que atraviesa, una a una las estaciones, anudada a la voz tutelar de dos mujeres, que cantan entrelazadas al dolor del hijo amado y su pasión por cumplir la voluntad del padre. Y para terminar, como reza el conocido adagio: para muestra un botón, comparto la segunda estación: Jesús carga con la Cruz. Habla María, a través de la voz de Zingonia. Hijo mío / entre las burlas / y los insultos de los soldados / te niegas a ti mismo, / abrazas la cruz y sigues / la oscura suerte/ que el Padre / para ti designó. / Déjame llorar / la tristeza que brota del seno temblante / Tú no me ves, / caminas humillado, cargado / de un amor incomprensible / arrastras el árbol partido. / ¡O eres Dios / o eres un loco! / Ayer comías / sentado entre enfermos / y hoy con ellos / el juicio injusto te ha enmarcado./ Tú callas y avanzas / en medio de los ladrones. / Ten fuerza, dulce amor, / triunfa / en ese abrazo.

Osvaldo Sauma.

24 de agosto del 2018. (FILCR) Feria Internacional del Libro de Costa Rica.

Gira de presentaciones de “las tentaciones de la Luz”

En el mes de febrero anamá Ediciones acompañó a su autora Zingonia Zingone, en el viaje de lanzamiento de su último libro las tentaciones de la Luz, de la colección Visiones. En este recorrido por las ciudades de Granada, Managua y León presenciamos las diversas lecturas de su obra.

FOTO FESTIVAL
Zingonia Zingone y su obra / © Festival Internacional de Poesía de Granada

Festival Internacional de Poesía, Granada

La presentación inaugural del libro fue parte del programa del XIV Festival Internacional de Poesía de Granada. Se llevó a cabo el día lunes 12 de febrero en la Sala de la Estatuaria del Convento San Francisco. El libro fue comentado por el poeta y sacerdote Berman Bans.

Al respecto del título de la obra, nos dijo la autora: uno piensa que siempre está tentado por el lado oscuro de las cosas, pero llega un momento que uno anhela la paz, anhela la luz y empieza a sentir esa tentación y no sabe cómo alcanzarla, cómo buscarla.

Al final de la presentación Zingonia dedicó la lectura de poesía a la memoria de la escritora nicaragüense María Celina Moncada.

GRANADA 1
Berman Bans, Zingonia Zingone y Nicasio Urbina

Presentación oficial, Managua

El día martes 20 de febrero el poeta y sacerdote Berman Bans, el teólogo José Argüello y la poeta Gioconda Belli conversaron sobre las tentaciones de la Luz en el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra.

20180220_185223
Berman Bans, José Argüello, Zingonia Zingone y Gioconda Belli

Berman Bans nos comentó de la tensión entre la luz y la oscuridad que contiene la obra. Pensamos que lo que nos tienta es la oscuridad, pero acá se da una inversión semántica, aquí lo que nos tienta es la luz. Ella parte de su oscuridad personal, que todos tenemos que recorrer como un tránsito doloroso, pero también esclarecedor.

De este tránsito pero en otro sentido nos habla Gioconda, no venimos de la oscuridad hacia la luz, somos luz. Zingonia recoge la busqueda de otro tipo de luz, menos material, más espiritual.

20180220_185325

Durante la lectura de poesía la autora nos habló del significado del misticismo en su vida. A veces la gente asocia misticismo con estar encerrado en un monasterio. Esa es la parte contemplativa, pero el misticismo está en todo. Para mí la oración es todo, no solamente la oración que estamos acostumbrados a imaginar.

Antes de finalizar el evento, la hija de la poeta María Celina Moncada leyó las palabras que escribiera María Celina sobre “las tentaciones de la Luz”:

Zingonia descubre que la punta de la montaña se encuentra en el fondo del precipicio. Al tocar personalmente ese fondo, ella logra transmutar el dolor hundido en poesía. Una poesía que trasciende conceptos e interpretaciones. Fruto de un fenómeno alquímico interior cuyo significado es difícil de explicar.

Al leer sus poemas respiramos la materia invisible de la cual la poeta se enamora. Leemos respirando esa invisibilidad, que nos guía hacia el universo interior, reflejo del universo exterior; cada quien hacia el fondo de su propio precipicio, donde es posible transformar el alquitrán de nuestro pasado en luz y esperanza.

A lo mejor en ese leer extraño, que es un leernos, la autora nos encamina espontáneamente hacia esa luz que la tienta; luz que hemos perdido de vista a lo largo de los años de la historia de la humanidad.

Ma. Celina Moncada sobre “las tentaciones de la Luz”.

20180220_190541
María Alejandra Atha, hija de la poeta María Celina Moncada

Museo Archivo Rubén Darío, León

El viaje promocional terminó en León, el día viernes 23 de febrero, donde se reunieron en el Museo Archivo Rubén Darío, los poetas Pedro Alfonso Morales, Marcia Ondina Mantilla y Carlos Pérez Alonso para presentar la obra de Zingonia.

La autora manifestó el agrado de presentar su último libro en León y destacó la presencia que tiene en su obra dos grandes poetas leoneses: Azarías H. Pallais y Alfonso Cortés, y además la del poeta Pablo Antonio Cuadra, de Managua.

20180223_184421
Carlos Pérez Alonso, Marcia Ondina Mantilla, Zingonia Zingone, Pedro Alfonso Morales Ruiz y Luis Alberto Tercero