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Anamá ediciones es una editorial nicaragüense con distribución en Centroamérica.

POEMAS ROSA PASOS

Vivamos para ser eternos

Acuérdate mundo…

que fui de tierra… de arena.

Acuérdate mundo que amé tu cuerpo… 

y tu existencia

que yo existí dentro de tu esencia.

Acuérdate mundo que fui de agua…

que fuimos dos

que fui beso… fui carne…

que fui mujer…

acuérdate mundo que me alimenté

de abrazos y de luna

acuérdate que el sol

me dio energía y me transformó la piel

para tocarte.

Acuérdate que amé mundo,

porque no fui más que hierba enredada en tu tronco.

Acuérdate mundo…

que perdí forma amándote

porque amar

me llevó a mi estado original.

Acuérdate mundo

y no dejes de acordarte…

para que seamos eternos.

17-2-75


Sueño

Como una sorpresa…

Como voces que te llaman por detrás…

Como de repente…

Como llamas a lo lejos…

y los ojos se mueven por dentro…

en la realidad situaciones diferentes…

y más lejos es por casualidad…

y es solo por un instante que estoy aquí…

En rieles

Una noche sombría.

El tren atraviesa despacio…

los colores dormidos de la luna escondida

las palabras leves

y los movimientos ansiosos

los hombros arrecostados

y el pensamiento despierto

las risas del juego

y el ruido de los rieles

los extraños que preguntan

en el camino del tiempo.

10 de noviembre de 1977, en el tren de París-Londres

La tarde

Trae recuerdos

Trae nostalgias

Se funden las pasiones

El alma se agiganta

Se enciende el brillo de los colores

Descansa mi cuerpo y mi espíritu…

Se funde el día con la noche

Se calman las aguas del océano

Se rinde el sol ante la luna.

CARTA DE GINÉS BONILLO A ERNESTO CARDENAL

COMUNIÓN PERSONAL CON EL PADRE ERNESTO EN LA MORADA CELESTE

Querido Ernesto:

¿Cómo comunicarme contigo, ahora que no estás con nosotros, ahora que te hiciste universal en el más amplio sentido de la palabra y habitas en los celestes confines del firmamento? ¿«Padre», «Ernesto» o «Cardenal»? Cuando converso con alguien en España te nombro «Cardenal», «Ernesto» cuando platico con los amigos comunes de Nicaragua, y «padre» –como a ti te gustaba- cuando conversábamos las horas perdidas en la galería. Así que, mejor, sencillamente «padre».

¿Con quién platicaré ahora, padre, lo que platicaba contigo? Seguro que nunca pensaste que a partir de hoy quedará para mí un aliciente menos que me empuje a viajar a Nicaragua una y otra vez.

Quizá quede entre nosotros mi carta de presentación cuando nos conocimos hacia 1995, con un libro (Va pue… del doctor Moreno del Toro) y mi pretensión de realizar un estudio sobre los talleres de poesía, a destiempo, a contracorriente, cuando la revolución naufragaba desde hacía unos años, y nadie quería oír hablar de los talleres. De hecho, mi reivindicación de su validez tardó tres meses en publicarse y ello solo gracias a tu insistencia semanal.

¿Recuerdas tu desaliento cuando, a mi vuelta de Guatemala en 1996, te referí cómo una patrulla del ejército se dedicaba a requisar la recaudación del viaje en bus Guatemala-Antigua ante el silencio resignado de los pasajeros, la mayoría indígena? Tu mirada perdida en el suelo, pensativo, lo decía todo, como el silencio en que me marché sin despedirme ese día, también embargado por el desánimo.

Pocos sabrán de tu generosidad cuando le regalamos al cincuenta por ciento aquella maquinita de coser a William, que hasta tú habrás olvidado; o del regalo que me hiciste con aquellos días en la comunidad de Mancarrón, a la esquina del milenio y en las puertas del paraíso.

Nadie sabe de tu sonrisa cordial, entre infantil y cómplice, al entregarte aquella botella de Faustino V en tu despacho y tu casi inaudible “gracias”, sencillo, austero, confidencial.

¿Y qué de la sorpresa que te llevaste años después, en España, cuando oíste desde el otro lado de las ondas mi voz, descubriendo en ese instante que yo seguía vivo, cuando algunos amigos en Masaya se estaban planteando sufragar una novena por mí?

¿Quién sabe que hace tres años por estas fechas, al recibir un ejemplar en fotocopia del original de mi libro Caminos de América, comprendiste que disponías de un mes para leerlo antes de mi llegada, y a los tres días llamaste al poeta Falcón para comunicarle que lo habías leído ya y que te había gustado? Y poco después, ya en Managua yo, me preguntaste: “¿Cómo se titula el libro que escribiste?” Y, al responderte: “Caminos de América”, exclamaste de inmediato: “¡Ese libro lo tengo yo!” “Claro, padre -pensé-, el que yo te envié hace dos meses”.

No has podido olvidar que por 1998 me empeñé en tener en casa, en Almería, un recuerdo en forma de garza que nos permitiera disfrutar a diario de tu presencia.

Porque tampoco era consciente yo, en absoluto, cuando te conocí, como le habrá sucedido a otros muchos, del magisterio que ejercerías en el futuro sobre mí, de la influencia permanente, del ejemplo de honestidad, de perseverancia y de firmeza, de autenticidad.

Ahora que eres polvo dorado entre las estrellas, querido Ernesto, que sin estar en ninguna parte vives en todas, que alcanzaste el goce eterno entre los elegidos, ahora solo nos queda sumarnos a la estela que dejas para siempre, y continuar hollando el camino de gloria que trazaste en la Tierra en tu ascensión hacia la celeste Eternidad.

Adiós poeta, adiós amigo. Hasta el encuentro definitivo.

Ginés

Almería, a 1 de septiembre de 2020

 

POEMAS DE JUAN CARLOS VÍLCHEZ

 

Eterno

 

Me preparo para existir

en el más allá.

Nada debo hacer

ningún esfuerzo

o cambio de hábitos

tampoco manipulación alguna

de mis órganos

mucho menos la conservación

de mis escritos.

Mi preparación consiste en esperar

pues desde siempre

la eternidad ha estado en mí

como un conflicto

una tensión que culmina

con la insistencia más firme

del azar

la victoriosa

la ineludible

la que me lleva…

 

Verdaderos dioses

 

Insignificante bajo el azul.

Efímero

entre una variedad de formas

igualmente fugaces.

 

Vacilante y a la vez uncido

a las tribulaciones de la marcha

a las fantasías del viaje.

 

Ínfimo de trascendencia

ni siquiera una intención

en el frenesí de la energía

a lo sumo una amplitud

en la difusión de sus ondas

o un cortocircuito

en la trayectoria de sus chispas

que sólo se manifiestan

por la omnipotencia de fuerzas

y magnitudes

velocidades y frecuencias

densidades y temperaturas

repulsiones y atracciones

como únicos y verdaderos dioses

de lo que se destruye

y por eso mismo permanece.

 

 

 

 

 

POEMA DE ERNESTO CARDENAL

Tiempo, yo te odio.

 

Tiempo, yo te odio. Aunque sin ti no existiera.

Y por tu pasar moriré aunque por tu pasar nací.

Como San Francisco de Borja yo quiero ahora

 amar a alguien a quien no toque el tiempo

 y que alquilemos un cuarto donde la noche no pase

 ni se apaguen uno a uno los anuncios de neón.

POEMA DE FERNANDO LÓPEZ

Épica de la familia

A Fernando López Rivera, mi abuelo paterno personaje de este poema,  quien vivió 101 años y 28 días y murió un día después que leí  este poema en homenaje a él en el IV Festival  Internacional de Poesía de Granada. A Otilia Pérez, abuela materna que dormita sobre la vejez nonagenaria, allá en Diriamba.

 

 

Ahí está sentado el hombre centenario
en el corredor de sus años,
absorto, elevado como viejo mástil
navegante en su propia lucidez,
tratando de asir la infancia lejana
que se le escurre en adolescencia rural,
entreteniéndose con los primeros amores
entre cercos de alambre,
bajo la sombra del árido jicaral de sonsocuite,
sobre la humedad del río Malacatoya,
río que va dando vueltas
apresurado por llegar a la cita
con la Mar Dulce.

Ahí está sentado el hombre centenario
¿Cuál de los amores tempranos
será el que le dibuja
sonrisas en la cara?
¿Será acaso el de la mujer
con quien entró de la mano
a la respetable edad de los tataranietos?
Francisca la más blanca,
era leche, era espuma,
era extraña flor de esa llanura,
quien le dio hijos
entre el llano y la ribera.

Ahí está sentado el hombre centenario
quien vio pasar a la naturaleza vestida
con telas de terremotos y huracanes,
y al hombre abrirse heridas
con filos de guerras y disturbios.
Era aquel que con el pecho desnudo
desafiaba a la muerte
poniéndole el corazón en la mano.

Ahí está sentado el hombre centenario
quien vio sus vástagos multiplicados
en cinco y más generaciones,
habitantes de esta porción de cielo.
Así se le pasaron las edades
hasta llegar al estrado
de los ancianos patriarcales de la familia.
Y se situó junto a su padre, Ponciano,
que tuvo la osadía de despertar
105 años continuos sin dejar de oír
la música de las arenas del lago
frente a la puerta de su casa.

Fue músico, talabartero,
barbero, constructor,
sastre, zapatero y curtidor.
Con el padre de su esposa, Octaviano,
hombre bajo y fuerte,
compartió muchos de los 103
inviernos y veranos que abrió los ojos
sobre esta tierra.

Lo vì fumar y mascar chilcagre con deleite,
distribuir la baraja con maestría,
y regalar piropos con elegancia.

María, la madre, quien
vivió 95 marzos continuos
y la mayoría de ellos
le prendió velas al San José de su devoción,
para que protegiera a la familia,
mientras a tientas para que no la vieran
escondía cada día
un tesoro bajo la almohada.

Ahí está sentado el hombre centenario,
es mi abuelo que dobla la esquina de la vida
absorto, elevado como viejo mástil
navegante en su propia lucidez.

No cumplirá los 912 años de Set,
ni los 777 de Lamec.
Él pertenece a los hijos del diluvio,
los hijos del pacto con Noe,
se le verá recorrer las sendas de
Nacor, Abraham e Ismael.

Y si veo de reojo la longevidad
del linaje patriarcal,
y la soledad de los varones
de esta ascendencia
exclamo: ¡Ay de la Negra Bravo!

Fernando López Gutiérrez
San Alejandro,
Granada, Nicaragua,

POEMA DE ERNESTO CARDENAL

                                                                                                                                                                               Foto de portada, Luzmarina Acosta
EL TELESCOPIO EN LA NOCHE OSCURA

Amada y amado. La amada
mira desde la alcoba la luna que asciende.
Una motocicleta en la calle acelerándose.
El amado sin prisa por ir a la cama.

Yo nací para un amor extremista.
Tal vez por eso nos comprendemos.
¡Más extremista sos vos!
Y yo te conozco poco todavía.

La mejor garantía de que es cierto
y no invención mía
es que no me des goces.
Amado misterioso que no gozo
¡nada quiero sino estar contigo!

Te vas y volvés,
inconstante gurrión,
y otra vez te vas.

¿Qué gano que la luna sea bella
si estoy sin vos?
No quiero siquiera verla sobre el lago.
Para otros será ella.
Los rumores misteriosos de la noche.
Si son sin vos.

Un cruel vidrio invisible nos separa.
Infinito abismo entre los dos
y querer abrazarte.
Y tal vez abrazarte.
O creer abrazarte.

Este parque de Madrid… Mira tú
mi amante inmaterial los cuerpos que se besan.
Si vos me querés
y te quiero yo
¿qué es pues lo que no nos une
en el universo?
Como si estuviéramos en universos paralelos.

Si oyeran lo que te digo a veces
se escandalizarían. Que qué blasfemias.
Pero vos entendés mis razones.
Y además bromeo.
Y son cosas que los que se aman se dicen en la cama.

Yo pregunto
¿será normal que me ames tanto?

Yo pregunto
¿cómo será la belleza que tú amas?
¿cómo serán mis ojos que tu ves?
¿la cara que te encanta?

Yo tengo un amor secreto
que ninguno ve.
Tan secreto lo tenemos
que sólo a mí me ven.

Electricidad es una manera de hablar.
Lo igual se repele y lo opuesto se junta.
Como macho y hembra. Pero
positivo y negativo es una manera de hablar.
Yo te amo como opuesto,
y no es una manera de hablar.

El que todo en el universo es macho y hembra
(aun lo homosexual lo es a su manera)
el que todo es macho y hembra es para mí confirmación
de que el celibato es matrimonio.

Quien contiene en sí mismo la razón de su existencia,
causa de todo y no causado por nadie…
«Bueno, aquí con franqueza; ¿ese es tu amigo?».
Sí. Me imagino como dos que se apartan del grupo
y se pasan todo el paseo conversando a solas,
las olas reventando abajo, el agua atigrada,
la lenta puesta de sol sobre el Pacífico.

Sin una identidad especial
ni solicitud por los seres humanos,
leo en un científico.

dentidad, no lo sé;
pero cuida de cada uno de mis electrones.
Dentro de todos mis electrones está él.

No afectado para nada por la existencia del universo
según la Escolástica.
¿Verdad que no?

¿Qué pasa pues entre vos y yo?
¿Es tal vez que vos me querés
pero que no me quiero yo?
Que no me quiero yo puede ser
pero eso no impide nuestra unión
si vos sí me querés y te quiero yo.

Será infinito el que yo amo
pero sin sentirlo de infinitos amores
con amantes infinitos
sino mi amado es mío solamente.
Infinito es pero infinitamente mío.
En lo referente al amor Dios no es uno.
Hay infinitos Amados, uno para cada uno.
Yo lo sé. Yo tengo el mío.
Yo lo conozco, y él infinitamente
me conoce.

Cuando yo estaba enamorado de ella así era,
aquellas tardes en Tacubaya con un cigarrillo,
pensando en ella, ella en su Granada semi-iluminada,
yo sin otra realidad que mi cigarrillo
y las centellas de los tranvías en los cables eléctricos
entrecruzándose sobre las calles de Tacubaya

y las muchas luces de neón en la noche de México
que sólo daban más luz a mi separación.
No, el amor era irreal. No está bien la comparación.

Dicen que eres proceso y no persona.
Para mí, proceso o no proceso, es personal.
Cuándo caíste en mis redes no lo sé.
¿Desde que yo era un chavalo jugando beisból?
¿O desde el Pleistoceno, o más antes?
¿Fue gradual o súbito?
Tal vez tú me dices: desde siempre.

Me quitaste todo,
dáteme todo pues.

Me intriga qué sería lo que te gustó de mí.
Tal vez un alma de ojos tristes.
Y un sabor no probado por nadie todavía.

Pareciera ahora que no me quieres.
Peor aún, que ni siquiera existes.
Aunque no existieras yo te quiero
y podría quererte sin que me quieras.
Pero eres, y quiero al que me quiere.

Aunque tú no vengas conmigo esta noche
mi alma ha quedado abierta para ti.
Por si vinieras. Si tú no vienes
estará abierta de todas maneras para ti
y nadie más.

Si pudiéramos concebir el infinito
sabríamos cómo nos ama.
Pero como el infinito para nosotros es igual a 0
sentimos 0
(lo cual se alcanza en la más alta oración)
Mejor unido a ti a quien no siento,
a quien de veras del todo nada siento
que cualquier otro amor que sienta de veras.
Amado, los prados están en flor.
Feliz amor que me ha tocado, que es
¡ay! Amor = 0

Sentí ayer tu cara más dentro que mis ojos
y hoy a años luz de mí como en otra galaxia.
Las miradas tristes de Ernesto para ti
¿las has visto?
Yo, maestro en soledades.

Mercenario no soy en este amor.
Amor quiero yo, no sentimentalismos dulces.
Podría ser aridez solamente. (Yo lo aguanto.)
Si he sido íntimo de la tristeza tanto tiempo.

Si de nada,
si de no sentir nada se trata,
el mío es un perfecto amor.
Si de no sentir nada se trata.
Y en efecto se trata.

Amando al que tiene tanta belleza
que no la vemos.
La luz del rostro como si fuera ultra-violeta.

No permitas que yo lo quiera, que esto pase:
desearte y ya no poderte ver nunca más.
Tú perderás mucho también.
Pero de nosotros dos yo pierdo más que tú.

Le dijeron a Gioconda Belli en aquel bar
que ella podría entrenarme en erotismo
y dijo que me podría entrenar bastante.
Yo callé. Hoy pensé
que hay un erotismo sin los sentidos, para muy pocos,
en el que soy experto.

Hay un arrullo entre las hojas
-el otro arrullo no se oye-
como si fuera dentro de mí
esperando el tuyo.

El ir amándote mientras viva
sin esperar nada de ese amor
igual que si no existieras
y persistir no obstante el amor
¿no es esto, Amor, amor de veras?
Gime, gime, gime
gime gime gime gime gime
gemido repetido es el arrullo
si querés que vaya, iré,
si querés que vaya, iré.

Duro es,
pero no me quejo del amor incorporal
que me tocó en suerte.
Me querías sólo para vos.
Y ya más solo no puede ser.

Dulzura con que se aman
en los parques o cines o en alcobas,
y cómo será la de nosotros,
tanta que no la sienten los sentidos,
dulzura más allá de la dulzura ¡ay! más allá.

Cuando joven me sentía
campeón en capacidad de amar
-y en realidad lo era- ahora lo soy
en cuanto a soledad.

Quien fuera incansable en la espera
en el atrio de La Merced o en la esquina
podría esperarte la vida entera,
creador de aquella que yo quería.

El mar, la rosa, la mujer,
toda cosa nos habla de Dios.
Pero la mujer con bikini en el mar
también nos dice que no es Dios.
Todo ser es transparente, pero
la transparencia no es otra cosa
sino un no ser para que pase la luz.

Únete a mí aunque no te sienta, aunque
mi conciencia quede afuera con el frío.
Señor mío y Dios mío de mis frustraciones.
Al menos juguemos a que somos amantes.

Los que tenemos los brazos sin abrazos.
El ermitaño medieval que envidió un gallo.
Revolver un poquito de pelo tan siquiera,
roce de unos labios después, roce de un cutis,
amor como un maremoto del alto de las palmeras.
Mis condiscípulos se rieron
cuando grité al Padre Otaño venir a ver el fenómeno
de dos insectos pegados de la cola.
En otra etapa de mi vida
he envidiado no sólo a mi niñez perdida sino
a los insectos.

Amor, el de los dos, sin sexo
pero que es como si fuera sexo.
No fisiológico, ¡ay!, no corporal
pero del cual es imagen fugaz la cópula.

Como la pareja impaciente en el parque esperando la noche.

Superintelecto del universo
te han llamado.
Yo simplemente te llamo:
mi amado.
Conmigo sí jugaste a los dados
y arriesgaste tanto
y muchas veces a punto de perder
y ganaste.
¿Pero los dados no estaban cargados?
Ciertas veces te extralimitaste
en cuanto a mi libre albedrío.
Era tanto tu amor
que lo violaste.

Un día te abrazaré fuera del tiempo
donde todo sucede al mismo tiempo.
Girando, girando sobre su eje,
girando, girando día y noche,
y hay día y noche por su girar.
De otros planetas no sabemos,
pero tú has hecho que en este nos durmamos,
y yo reclinado en tu pecho me he dormido
mientras suben y bajan los aviones.

Hoy no tuve ningún momento de oración.
¿Qué acaso eso es estar menos juntos?

No sé dónde acaba el follaje real
y dónde empieza el follaje del agua.
Estos paisajes con agua
donde el agua todo lo refleja
y que tanto nos encantan
son el reflejo de tu rostro
por lo que nos encantan tanto.

Esa unión misteriosa en automóvil
por calles de Managua, carreteras,
que es tan tierna, y que nadie nota.

Libre albedrío en todas las galaxias.
Terror del universo el libre albedrío.
Poder perderte, amor mío, si yo quiero.

En la hamaca sentí que me decías
no te escogí porque fueras santo
o con madera de futuro santo
santos he tenido demasiados
te escogí para variar.

Y yo que había sido tan enamorado.
¿Tuviste celos?

La dulzura de ciertas palabras como
«nosotros dos».
Deambulo solitario entre los besos.
De mis soledades vengo
no vuelva a mis soledades.
Sentí que la eternidad
será estar juntos los dos.
Dios me quiere como si yo fuera Dios.
Alguna vez yo seré experto en amores
en tu cama, entre las sábanas.
Sexo de Dios.

El que amó más de todos sus compañeros,
el que amó más en toda su generación,
amando ahora un tal ser trascendente,
como decir un tipo no existente.
En qué has venido a parar, Ernesto.

Tú podrías inspirar mejor poesía si quisieras
en versos que circularán tal vez en toda
Hispanoamérica
y despertarán tal vez en otros que lo lean
un amor mayor que el que pudo tener por ti el poeta.

«No entiende cómo entiende» dice Santa Teresa.
Si es oración o no es oración qué importa.
Simplemente mi alma está acostada boca arriba
esperando que te eches sobre mí.

Amar a un amor que no envejezca
y amarlo sin que envejezca yo.
Bellísimo lo visible, ya lo sé,
pero más bellísimo lo invisible
no se ¡coño! de qué otra manera llamarlo
a eso, eso que es donde haces el amor.

Mi consuelo es recordar lo que me hiciste aquel 2 de junio.
Ahora estás tan lejos de mí como Ileana ¿te acuerdas?
Y la galaxia de Andrómeda.
Cuando Ileana estaba más lejos de mí en la calle Candelaria
Que la galaxia de Andrómeda.
Mi consuelo es recordar lo que me hiciste aquel 2 de Junio
hace 37 años.

Entras otra vez como música, como luz,
música sin ondas acústicas, luz sin fotones.
Caricia sin el tacto, sólo la pura caricia.
El que inventó el sexo
¿no sabrá amar?

La alegría de estar enamorado
¿cómo la describiré?
Es no tener ya un corazón solo,
aquella habitación deshabitada,
ahora ocupada por quien uno ama.
Es que quien era uno ya son dos.
El infinito y yo,
bastante tiempo ya de estar juntos,
y de tenernos confianza ¿no?
Cuando aun decir yo te quiero sale sobrando.
Son muchas las palabras y dicen poco.
Mejor el silencio. El mirarte del alma muda
los ojos húmedos como los de un perro.

La verdad es
que yo fui el de la primera iniciativa.
No que yo te amara primero, sino
que aún sin amarte siquiera, de tan derrotado
el 2 de junio declaré mi rendición incondicional.
De ahí fue todo.

«Oración de quietud», después de «unión»…
Santa Teresa tiene el Vademécum.
Rompé conmigo tus esquemas.
Aunque tengamos una relación clandestina, ilícita.

Estamos los dos solos
en mi casita blanca frente al lago.
Delante del follaje verdeoscuro
el vuelo de la garza es muy blanco
pero sale de la isla y entra en el sol
y no se ve.
Estamos solos los dos
aunque sólo a uno se ve.

Efímero era, superefímero
aquello que yo renuncié,
pero no fue por lo no-efímero
¿querés que te sea sincero?
sino que fue por lo que no es.
Pero, pero
prefiero este llorar tu ausencia, y
tu no estar, tu – yo no sé – tu no ser.
Sin ser yo un gran gustador de ausencias
¿querés que te sea sincero?
ninguna presencia es mejor.

Anoche soñé con un coito, un sueño realista,
hiperrealista.
Me martirizás con la carne
para que te quiera más
mas no carnalmente.

Aquel mediodía del 2 de junio del 56
cuando entraste dentro de mí y me hablaste
y yo no estaba enamorado todavía.

El río de un verde casi negro
menos donde el cielo se refleja
pero se refleja en un espacio negro.
No con esto estoy en comunión.
Amado, hagamos el amor.
No sé qué entienden por “dar gloria a Dios”. Sí el amor.

Para mi la gloria es
tener a Dios en mi cama o en la hamaca.
Gocémonos.
Los alcaravanes van volando.
Gocémonos, amado.

Estás más cerca de mí que yo mismo.
Por eso pues parecés tan lejos.
Imagino que me tendrás mucha lástima.
Cómo será aquél día cuando dirás Ernesto.

Celos ya no tengás.
No me engañarán más
espejos de belleza física.

Mi felicidad fue poca. La soledad es total.
Yo quien un día fui tan romántico enamorado:
abrazar sin brazos, amar sin emociones.
Dulce sería llorar pero es retórico.
Tal vez te gustó lo romántico y enamorado.
De entre cien mil me escogiste.
Atrás quedaron los epigramas y las muchachas.

Yo he sido capado,
no en las cárceles de Somoza
sino por el Reino (Mt 19,12).

Joaquín Pasos en aquel bar
después de estar en un cuarto con su mujercita,
a Juan Aburto:
«Poeta, Dios está en el coño de las mujeres».
Está en todas partes dice el catecismo.
Pero no está lo mismo en todas partes.”

Y:
Eunucos. Por amor al Reino de los Cielos.
No es broma tampoco.

Átomos míos,
que son míos sólo brevemente,
porque después vendrán otros,
díganle a mi amado que seré suya
cuando esté de todo átomo desnudada.

Por amor al Reino de los Cielos.
Orígenes lo hizo literalmente.

A veces sin amor, las más veces, o así parece,
o el amor solitario de mi mismo, el pobre yo,
en un universo pululante de tanto otro. O tal vez
no, no el amor solo de mi sólo, sino sutilmente,
que ni se siente, otro, tan cerca de mi como yo.

Tomarse con los brazos el uno al otro,
dándose cada uno a los brazos del otro.
Qué diferente sentirse dentro de uno
que sentirse uno solo dentro de uno,
es decir, vacío.
¿Será que es soledad tu abrazo
Y tus besos sólo sed?
Me parece oírte que de mí no te sacias nunca.
Yo que fui antes buen catador de amarguras.

Me eriza pensar
cómo será que dices
cuando dices mi nombre.

Y lo que vos me propones para después.

Aquella noche en la Isla Vancouver
abrí la ventanilla del motel
y al ver las estrellas
casi lloré.
Eran tantas esa noche
Y me besabas con todas ellas.

Te enamoraste de mí.
“Llámesele Dios si uno quiere”
Dice un libro científico.
No me importa si así te llamo
o no te llamo
pero te amo.
Que aunque no me amaras yo te amo.

Suspirar muy hondo
y volver a suspirar.
Pensar:
¡Que yo te oyera suspirar!

Yo he sido muy ardiente.
La historia de mi vida ha sido una historia de amor.
¿De amor? ¡De soledad!
De soledad y amor.
De soledad
Sexualmente
muy ardiente.

He aquí que tu amada está desnuda.
¿Se pondrá la túnica otra vez?

O como olvidado de la creación
para estar conmigo. Para jugar.
Sobrevolaba el amazonas, el laberinto de aguas,
ríos bifurcándose hasta el horizonte. Borges
no estuvo aquí pero lo vería en sus noches
insomnes y ciego.
La avioneta debajo de las nubes, casi tocando los ríos.
Yo sin sentirte creador de todo esto.
Te tendría miedo. Te siento
alguien pegado a mí, de igual a igual.
Para amarme debes ser de mi tamaño.
Con diferencia abismal
¿cómo podría quererte?

Tiempo, yo te odio. Aunque sin ti no existiera.
Y por tu pasar moriré aunque por tu pasar nací.
Como San Francisco de Borja yo quiero ahora
amar a alguien a quien no toque el tiempo
y que alquilemos un cuarto donde la noche no pase
ni se apaguen uno a uno los anuncios de neón.

Suponiendo millones de planetas con conciencia
en millones de galaxias, como es lo correcto,
me sorprende que teniendo en todos tantos amores
tengás esta relación tan especial conmigo, como
por ejemplo en el aeropuerto de Denver al cambiar avión
yo aparentemente solo en el barullo de pasajeros:
estábamos sentados juntos como dos novios.

Yo que he tenido la mala suerte
De que Dios se enamorara de mí.
He quedado fuera del juego erótico.
Otros en esos juegos se reirán de mí.
Cuando mi amor en Granada
ilimitado ¿estabas celoso?
Mis deseos sexuales han sido y son
tan sólo analogías de mi amor a vos.
Creo que te agradan mis deseos sexuales.

Si como algunos piensan hay infinitos universos
¿habrá infinitos Dios, uno para cada universo?
¿o uno solo infinito para los infinitos universos?
Me da igual. Yo he hecho un lecho entre las flores
más allá de las ecuaciones y matemáticas.
Yo misma soy el lecho.
No sería creyente si no fuera
porque ya probé tu placer.
Quien inventara el placer sexual,
ese mismo nada menos.
¿Has venido otra vez a atormentarme,
a excitar mis deseos?
Si entraras.
No sólo pecho contra pecho,
como lo has hecho, sino también entraras.
No es lo mismo estar juntos que ser el mismo.

“No tengo otro” le he dicho
y repetido muchas veces.
Y oí que me decía dentro de mí
no con palabras propiamente
o sí con palabras confusamente
pero precisas, decía dentro de mí
o desde el fondo del universo:
“Y yo no tengo otro más que tú”.

No siento escrúpulo por no poder orar.
Juntos el infinito y yo, yo
sin sentir lo más mínimo.
Igualito que si Dios no existiera.
Simplemente nada. ¿Cabe con respecto al infinito
intimidad mayor?

Nuestras relaciones…
Esta simbiosis que somos.
Vos sabés lo que buscaba:
belleza que no engorde,
amor que no se aburguese.
Por otra parte voz:
querías tener amor con alguien
por lo que fui hecho.
Yo no hice nada para enamorarte.
Todavía chorrean sangre
mis renuncias.

¡Poder conformarme con belleza natural
y no buscarte más a ti, el inmaterial;
belleza natural; si incluso la mujer desnuda
me saciara, y yo ya no fuera tras de ti inconsolablemente!

Y Merton: su última advertencia
en el Guest House antes de admitirme en el claustro:
“La vida del monje es
un semi éxtasis y cuarenta años de aridez”
No me dio miedo.

Cuando aquel medio día del 2 de junio, un sábado,
Somoza García pasó como rayo por la Avenida Roosevelt
sonando todas las bocinas para espantar el tráfico,
en ese mismo instante, igual que su triunfante caravana
así triunfal tú entraste de pronto dentro de mí
y mi almita indefensa queriendo tapar sus vergüenzas.
Fue casi una violación,
pero consentida,
no podía ser de otro modo,
y aquella invasión de placer
hasta casi morir,
y decir: ya no más
que me matás.
Tanto placer que produce tanto dolor.

Como una especie de penetración.

Oro árida oración
en el hotel en que me metieron
entre rascacielos de vidrio
cuadrangulares moles escalonadas
reflejando el crepúsculo en los cristales
o reflejados otros rascacielos de cristal
con el cielo también tras ellos reflejado
pero más brillantes que el cielo los rascacielos
con sus vidrios negros luminosos
y ya algunos encendidos dentro,
reflejando otros vidrios de enfrente negros y brillantes
y los encendidos,
reflejo de reflejos estas moles
y en esta oración nada oro, nada
de palabras, ideas ni emociones,
su única razón:
que te eleve esta oración en la fría simetría
de nadas sobre nadas reflejando nadas
en 50 St. & Park Ave.”

 

 

POEMAS DE CARLOS HERRERA URBINA

ESTOS DÍAS

 

Estos días de nubes grises

trato de encontrarte

Días en que el sol se oculta

oscuridad

espanto

risas

cruda verdad

 

Estos días sin aliento

en busca de luz en la neblina

en busca de paz para el espíritu

saboreo el arrepentimiento y la nada.

 

Estos días que esperan

el encuentro, el tú

el nosotros

la vida que se hunde

las ideas del existir

la vaga esperanza

 

En estos días que deseo olvidar

soledad me tienes de la mano

 

Estos días, mañana y ayer

son los que gritan lo que es y no ha sido

estos días que gritan lo que somos tú y yo.

 

 

CONFIDENTES DE UNA NOCHE

 

Confidentes nocturnos

confidentes de una noche

ausencia que tal vez no signifique nada

pasado en mi presente

que no pude lograr.

Blanco y negro

podría ser el inicio y el fin.

 

El tiempo se agota

sin pensar que es finito

aunque sufrimos partimos

aun no todo está escrito

espero el amanecer.

 

 

ALMA VIEJA

 

Alma vieja

divagas perdida en el universo

 

Qué recuerdos trae la tinta

sino ser lo que queremos ser

 

Cansancio y sentimiento agobian

la tristeza expresa simpatía

 

Ondas de comunicación

estrellas lejanas que titiritan

más cerca de allá que de aquí.

 

 

 

 

 

 

 

POEMA DE MICHELLE DOSPITAL

SOL Y SOMBRA

La alegría de verlo esa noche me puso triste

Había logrado apartarlo de mis pensamientos

Había dejado de preguntarme:

¿Por qué, al esquivar un beso, se había alejado?

La tristeza de verlo me dejó pensativa

¿Quién dijo miedo?

Susurrando la canción de Pablo

Me imaginé rompiendo esquemas

Amores en tiempos sin tiempo

El ensueño de esa noche me llevó al sueño

Soñé que soñaba

Soñaba que entraba a mi cuarto

Y de pronto, desperté

Y en mi sueño, entraba

Se recostó a mi lado y nos abrazamos

Aquí termina la historia de esa noche

Nota armoniosa de cariño

Como aquella del diapasón

de matices infinitos

Belleza de poder elegir

Cuán intensa o etérea

Alegría de saber

que, sea como fuera,

su esencia

inalterable es.

 

POEMAS DE CARLOS CASTRO JO

Poemas de cuarentena por el coronavirus

I

El marinero sintió la hora

y pidió una panga,

un barco, una balsa,

algo para respirar las olas de su vida.

Solo fue echar el cuerpo

a navegar sobre el mar Caribe,

que era su mar,

para que recostara la cabeza,

para que cerrara los ojos

y se pusiera a recordar.

II

Toda una vida

hecha de poses

-Tarzán de los monos-

para que un bichito

la mandara sin ceremonia

a un entierro express

y su legado fuera

a lo más

el nombre completo en una lápida.

III

Caminar por los pasillos del supermercado

en el tiempo del coronavirus

es ir recordando el título de una novela

en la que el amor vence a la muerte.

Pero aquí la muerte es la belleza agazapada

tras las mascarillas,

a tan poca distancia,

empaquetada en formas perfectas,

de caderas sin coronavirus,

de senos tan cerca de la boca,

tan cerca  y tan lejos

de la vida.

IV

Hay un asesino buscando

mis partes vulnerables.

Está a la entrada de mi casa,

en el corredor,

en el pomo de la puerta,

en el jardín.

No lo puedo ver

pero ahí está

y no sé si un cuerpo inocente

es el portador más eficaz

o si el cuerpo más humano es el que me lo puede

traer al rincón más discreto:

al roce de las manos,

al aliento de unos labios en flor.

V

El viejito pisa

la grieta del andén,

su púbico brote verde,

y sigue con su mirada ausente

las sombras de la gente

que no le respeta su distancia.

El grito de un amigo

le quiere recordar

que el Alzheimer

no es un escudo de salvación,

que el virus que no recuerda,

todavía está ahí

con toda la memoria de su genoma.

VI

El coronavirus es la verdadera memoria

del polvo que somos.

Porque

los trenes de alta velocidad,

los edificios iluminados

en las noches de parranda,

los píxeles guardados en la nube,

los amigos hablando

en las pantallas de los móviles,

los paquetes pedidos por internet

esparcidos por todo el GPS,

las cirugías plásticas

recreando algunas partes del cuerpo,

todos esos avances

eran solo un espejismo,

un remedo de existencia

que navegaba a contrapelo

del verdadero polvo en el viento

que nos ha prestado un nombre.

VII

Cuando el virus haya tocado a mi puerta

dejaré este testamento

para que se contagien.

Les dejo

la pandemia, para que les recuerde

que somos una partícula del universo;

la mezquindad, más ubicua que Dios,

y la generosidad, más escasa que la mala voluntad;

las luchas y las guerras, que seguirán de pie hasta el final;

las fake news, que serán más virales que el propio virus;

las horas, que serán tan bien o malgastadas como antes;

la cama y el rincón, para que el goce de vivir

se vuelva humano otra vez

y sea lo que siempre ha sido

un instante bajo las estrellas.

 

 

 

 

 

 

 

POEMAS DE ALEJANDRO BRAVO

NEGRO

Soy negro
como el joven que mataron en Fergusson Missouri
con los brazos en alto en señal de rendición,
Michael Brown se llamaba
y lo mataron por ser negro.
Negro soy
como Rodney King
apaleado en California
por cuatro policías blancos
casi hasta la muerte
por ser negro,
sospechoso de cualquier delito
por ser negro.
Soy incorrecto políticamente:
NO SOY AFRODESCENDIENTE.
Siento edulcorada esa palabra,
como que quiere taparse con ella
el color de la piel,
la negritud.
Soy negro
porque con ese término
calificó despectivamente
el policía que disparó 6 veces
al joven en Missouri.
Negro como Martin Luther King
Angela Davis, Muhammad Alí,
los poetas David McField , Carlos Rigby
y mi hermana, la pintora June Beer.
Con esa misma palabra
nos cazaron en el África
y nos trajeron a América.
Esa palabra me describe
desde que nací,
me bautizó así mi padre
con la sangre y la palabra,
la enarbolo con el orgullo
de los Black Panthers
y el movimiento de Orgullo Negro.
Negro soy
de la calle El Caimito de Granada.
Negro seré hasta la tumba.
Al momento de sepultarme
tambores de la Abuela África
sonarán con orgullo
sobre la tierra negra
que me cubrirá
Alejandro Bravo

27/11/14
61 Cumpleaños

 

 

MIRANDO AL PASADO EL VIEJO ESCLAVO

Uno por uno
mis manos han sembrado
los cacaos de esta plantación.

Una a una
mis brazos extrajeron
las onzas de oro
del fondo de la mina.

He movido molinos
y pastoreado ganado.
Mis espaldas han soportado
piedra a piedra
el esplendor de las catedrales.

Con sudor y lágrimas
mis hermanos y yo
hemos hecho brotar
leche y miel
a esta tierra de otros.

 

DESPEDIDA

No vendrás a París conmigo este año.
Te extrañarán las torres de Notre Dame
y no verás la magia del amanecer
en el Mercado de Cebollas.
Saludaré en tu nombre
al metal centenario de la Tour Eiffel
y una rosa roja
como beso de tus labios
depositaré en la tumba de Vallejo.
No habrá vino
acordeones
manteles a cuadros
y besos
entre escargots.
La suerte está echada.
No vendrás a París conmigo este año.