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Anamá ediciones es una editorial nicaragüense con distribución en Centroamérica.

Carlos Castro Jo

Carlos Castro Jo. Es sociólogo de profesión, ha escrito libros de poesía y cuento.

En poesía ha publicado: Al margen de lo visible (2001), Insomnios y soliloquios (2009),

 Tambor de pueblo (2013) y Entre memes y selfis (2018).

En cuento: El Pirata Morgan y otros cuentos (2015).

 Sobre teoría social y política: La democracia en el pensamiento de Sandino, Chamorro y Fonseca 2019

EL GIGANTE NUNCA HA ESTADO DORMIDO: Mis memorias de los conflictos étnicos en el Caribe nicaragüense en los años ochenta 2022

Javier Arana

Javier Arana nació en Rivas, Nicaragua (1991).

 Estudió Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Centroamericana (UCA).

 Ha publicado artículos y reseñas de libros en diversos diarios nacionales y revistas literarias.

Su primer poemario DURACIÓN NATURAL 2022

EL GIGANTE NUNCA HA ESTADO DORMIDO

Estas son mis memorias sobre los conflictos étnicos y la guerra en la costa Caribe en los ochenta, pero tiene elementos autobiográficos porque también me interesa que este sea un testimonio de alguien que vivió la revolución sandinista y la guerra en la Costa en los años ochenta. Aquí hablo no sólo de las contradicciones étnicas, sino que hago énfasis en los errores y abusos porque quiero explicar las causas de la guerra y por qué el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) no logró establecer una base social sólida en la Costa en esos años.

No hay duda de que se hicieron, o se intentaron hacer, muchos proyectos, y yo no tengo dudas de que el gobierno sandinista quería elevar el nivel de vida de la población costeña. Yo no voy a hablar de eso, esta información se puede encontrar en los libros que se hicieron para defender la revolución. Voy a hablar de por qué la gente se levantó.

En estas memorias hago una distinción entre conflicto y guerra. Como la Costa es diversa, y hay injusticias y desigualdad entre los grupos étnicos, la posibilidad de conflictos está siempre presente. Pero estos conflictos se pueden resolver de manera pacífica. La resolución violenta de los conflictos en los ochenta no era necesaria, y era incompatible con una revolución popular en la Costa.

Hablando de la Costa, en este libro voy a usar el nombre de costa Caribe porque ese es el nombre que más se usa ahora. El uso cotidiano del término costa Caribe viene de las reformas constitucionales de 2014, en las que a la Costa se le llamó costa Caribe. En 2016, cuando se hicieron las reformas a la ley de autonomía, ya se le llamaba costa Caribe.

Antes de las reformas constitucionales de 2014, se le llamaba costa Atlántica. Incluso en la ley de autonomía aprobada en 1985, se le llamó costa Atlántica.

Yo recuerdo que en los años ochenta ya había un debate sobre si se debería llamar costa Caribe o costa Atlántica. Recuerdo bien a Roberto Fernández Retamar en Bluefields, en uno de los Mayo Ya en los que participó, argumentando que Nicaragua daba al Caribe no al Atlántico, y que la cultura de Bluefields era caribeña. Entiendo que de esos debates culturales es que nace la idea de designar a la costa como Caribe.

Técnicamente, la costa está en el mar Caribe. El biólogo y ambientalista nicaragüense Jaime Incer Barquero, en su Geografía Básica Ilustrada de Nicaragua, que publicó en 2008, la llamó la Región del Caribe. En 2009 la Academia de Historia y Geografía de Nicaragua publicó un libro en el que Jorge Eduardo Arellano recopiló ensayos, cuentos y poesía de la Costa con el título de La Costa Caribe Nicaragüense desde sus orígenes hasta el siglo XXI.

Culturalmente también: un buen porcentaje de la población costeña tiene bastante en común con Jamaica, Gran Caimán y otras islas del Caribe.

Pero el Caribe es un mar del océano Atlántico. Entonces, entiendo yo que se le puede llamar de las dos maneras. En la Costa hay gente que prefiere costa Caribe y otros que prefieren costa Atlántica. Yo estoy usando costa Caribe por las razones mencionadas anteriormente.

Finalmente, para refrescar la memoria he leído los escritos de Edmund T. Gordon, Charles R. Hale, Jorge Jenkins y Gregorio Smutko. Además, a través de los años he conversado con Hazel Law, Gonzalo Gradiz, Rubén López, Francisco López Urbina (Chico López), Noel Acosta, Adolfo Chávez, Roberto Moreno (Tito Moreno), Rodolfo García (Pichín), Gustavo Castro Jo, Wilfredo Machado, Eddy Alemán, Douglas Carcache, Galio Gurdián y Mathew Brack. Ellos me contaron algunas cosas que yo no sabía y que decidí integrar a estas memorias porque contribuyen a entender lo que pasó.

Sin embargo, la mayor parte de lo que cuento aquí viene de lo que yo recuerdo de los sucesos en los que participé u observé. Estas son mis interpretaciones de los mismos, y creo que está de más decir que otros vieron estos sucesos desde otras perspectivas.   

Y para concluir esta introducción quiero agradecer a las personas que hicieron posible la publicación de este libro:  Roberto Moreno García, que me ayudó a cotejar algunos datos y trabajó en mejorar la calidad de las fotos; a Dariel Loáisiga Castro y Kathy Yih, que leyeron el manuscrito y ofrecieron sugerencias para mejorarlo; y a Salvadora Navas por su diligente e incansable trabajo como editora.

LUIS BÁEZ

Luis Báez nació en Managua, Nicaragua (1986).

Su primera colección de relatos, El patio de los murciélagos, fue publicada en 2010 (Uruk, San José). Su siguiente colección Eleos y phobos –inédita hasta ahora, pero incluída en este volumen bajo el título Las manchas en el espejo obtuvo mención de honor en el Premio Centroamericano Rogelio Sinán 2013-2014. Ha publicado poesía, relatos de ficción y no ficción, ensayos y crítica literaria en medios de América Latina y España. Ha sido incluido en antologías como Los2000, autores nicaragüenses del nuevo milenio (Leteo, 2012), Escribir en crisis (Letralia, 2019), Antología de la nueva poesía política nicaragüense (Guaraguao, 2020) y la antología de narrativa centroamericana Territorios olvidados (Editorial X, Los sin pisto, MiMalaPalabra coed., 2021). Fue miembro de la Junta Directiva del Centro Nicaragüense de Escritores. Ha impartido cursos y talleres de escritura creativa. Desde 2011 coordina el Fondo Editorial Soma y desde 2019 la plataforma Telar Nicaragua.

HISTORIA NACIONAL DE LO ABYECTO

Agua fuerte de posguerra

Este cuento pueden encontrarlo en la más reciente publicación de Luis Báez «Historia nacional de los abyecto»

Apareció en la casucha de láminas y cartones como siempre: acuclillado y tembleque, chorreando lluvia negrísima de montaña. Anselmo, se llamaba.
Afuera, el sol multiplicaba su ardor sobre la piel de la gente que circulaba más allá de las paredes de zinc que resplandecían entre la brisa corrosiva del Xolotlán.
Carlos pensaba que nadie, ni sus más íntimos demonios, podrían reconocerlo en medio de tanta inmundicia. A veces, cuando el hambre apretaba y el calor arreciaba, ni siquiera él mismo atinaba a reconocerse.
Sin embargo, ahí estaba Anselmo, trémulo y absorto, como de costumbre.
Carlos tomó la mitad de un cigarrillo que llevaba en la oreja y lo prensó entre sus labios. Después exhaló la primera bocanada junto a unas pocas palabras.
“Ya sé lo que me venís a decir: que te mataron. Y que yo di la orden…”
Desde que terminó la guerra, Anselmo acostumbraba aparecer, permanecía en silencio y luego desaparecía. Esta vez, sin embargo, articuló palabras.
“No. No, no. Nada de eso, compita. Nada de eso”. “…y yo te voy a decir que creímos que te habías volteado”, sonrió Carlos, “pero eso ya no importa, porque vos y yo sabemos cómo fue la cosa. Y ya nada de lo que
hicimos lo podemos deshacer”. “¿La guerra decís?”
“La guerra. No. Eso no lo hicimos porque quisimos. Ya ves que fueron los otros los que salieron ganando…”
“¿Los muertos?”
“Sí. Y yo mandé a hacer el hoyo donde te enterramos, no sé si supiste… fue a la carrera. Seguro que ni te alcanzó todo el cuerpo… lo tuyo sí fue una cagada”.
“La primera noche un animal me mascó el brazo.
Después de arrancarme toda la carne de la muñeca, se me llevó una mano. Pero solo fueron las manos lo que me quedaron de fuera, compita. No se ahueve. La cara sí me quedó bien plantada en la tierra. Una tierra
negra, buenísima para la siembra…”
Carlos aplastó la colilla con la planta del pie y la chispa chirrió brevemente sobre el piso de tierra húmeda.
“Bueno”, dijo Carlos, “ya voy a poder dormir. Vos sabés, porque tu muerte fue semilla en tierra fértil y etcétera. Como decían los comandantes…”, murmuró Carlos con solemnidad.
“¡Dirección nacional, ordene!”, exclamó Anselmo mientras asumía porte marcial y se llevaba el muñón a la frente.
“¡La runga, compa…!”
“¡Son chochadas! aquí hasta los comandantes son puetas”.
“¡…esa es nuestra poesía, compita. La runga!”
Los dos rompieron en carcajadas.
El sol resplandecía con furia fuera de las paredes de zinc y cartones viejos, abrasando una ciudad obstinada en crecer entre un gusanero de muertos.
La casucha reverberaba junto a la costa del lago donde los sueños y sacrificios de todos nuestros muertos se sedimentan con la mierda de los vivos.

¿Sabés cuál fue la primera lista bibliográfica nicaragüense?

Compilar en un único fondo todos los libros relativos a cierto tema o región no es tarea fácil y, son pocos los países que han ofrecido tantas dificultades para hacer investigaciones bibliográficas como Nicaragua. Hoy en Mundo Editorial vamos a comentarles sobre el primer esfuerzo bibliográfico hecho sobre nuestro país.

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La bibliografía es el estudio, descripción y clasificación de documentos. Se usa, entre otras cosas, para catalogar obras. 

En Centroamérica, el comerció del libro fue creciendo y diversificándose luego de 1821 y de la apertura de talleres de impresión a lo largo de todo el istmo. Para 1873, la producción de libros en Nicaragua era casi nula. Es entonces que el francés Pablo Lévy, publica en París -con el apoyo del gobierno de Nicaragua- sus “Notas geográficas y económicas sobre la República de Nicaragua (…) con una lista bibliográfica, las mas completa hasta el día, de todos los libros y mapas relativos á la América Central en general y á Nicaragua en particular (…) Obra aprobada por el Gobierno que ha subvencionado su publicación en español por contrato del 14 de marzo de 1872…”.

Prologada por sus «Apuntes para la formación de una biblioteca nicaragüense», en la bibliografía de Lévy sólo aparecen seis obras que fueron publicadas en el país antes y después de la Guerra Nacional, por ejemplo: Guerrero (José) – “Manifiesto que el Sup. gob. del estado de Nicaragua hace á los gobiernos de América sobre el tratado celebrado con el comandante inglés, sir Granville Lich, etc.”, Managua, 1848; Pérez (Gerónimo) – “Memorias para la historia de la revolución de Nicaragua y de la guerra nacional contra los filibusteros”, Managua, 1862.

La mayoría de las obras que cataloga Lévy son históricas, cartográficas, políticas y extranjeras. Fue hasta 1878, que la Imprenta El Progreso de Chinandega, publicó la primera antología de poetas nacionales titulada “Lira nicaragüense”, compilada por Félix Medina. Esta primera edición constaba de 36 páginas y reunía a 13 poetas. Lamentablemente su segunda edición aumentada no llegó a publicarse.

#Editamos

¿Sabés qué es y para qué sirve la grilla o retícula?

¿Has escuchado hablar de la grilla? ¿Te has puesto a pensar cómo los editores y diseñadores organizan los contenidos? Hoy en Mundo Editorial vamos a hablar de esta estructura con la que todos y todas hemos tenido que dialogar.

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La grilla o retícula es una estructura que organiza el contenido. Es un sistema que brinda unidad, sentido, ritmo, coherencia e identidad a un objeto gráfico.

Existen muchos tipos de retículas y todas -o la mayoría- están basadas en la proporción. Además, cuando vas a pensar tu grilla, tenés que considerar el contexto histórico, el uso y los hábitos lectores, tecnológicos, económicos y hasta ideológicos para poder sustentar con fundamentos reales la forma en que vas presentar el texto a las y los lectores.

La grilla o retícula ha sido admirada y cuestionada. Pero desde el inicio de la escritura se ha utilizado para contener lo escrito: la encontramos en los manuscritos medievales y sus textos de una o dos columnas con amplios márgenes para que el lector pudiera hacer anotaciones; en la imprenta con tipo móviles; en el funcionalismo, la escuela suiza, y hasta en el posmodernismo, la han aplicado como el elemento que regula y organiza los contenidos.

Es importante, al momento de construir tu grilla o retícula, tomar en cuenta el formato definido y su materialidad porque estas determinarán las distancias de lectura; la tipología del texto y de lectura, creando la relación con los hábitos de las y los lectores; y, sobre todo, la tipografía seleccionada porque de esta depende el cuerpo y el interlineado del texto. Es desde la tipografía que construimos la estructura que soportará el texto y las imágenes -si las hay.

Es imposible editar sin manejar las proporciones y la interrelación de las partes que conforman los libros como continentes de los contenidos, porque al concebir el objeto y diseñarlo, lo tenemos que ver como un todo integrado para potenciar el mensaje que pretende transmitir la autora o el autor.

En resumen, se hace necesario organizar y sistematizar para darle forma a los contenidos y tener bases justificadas para explicar la toma de decisiones sobre nuestros libros.

No es tan simple editar, ¿o sí? 😉

#Editamos

¿Sabés qué hace una correctora o un corrector de textos?

Muchas personas desconocen actualmente la figura del corrector como profesional o confunden sus tareas con las de otros profesionales de la cadena del libro. Hoy en Mundo Editorial les platicamos sobre las funciones de las y los correctores de textos.

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Nuestras actividades diarias están permanentemente rodeadas de textos. En esta realidad, ¿cuál es el papel de las y los correctores? Pues son las y los encargados de leer y releer cada párrafo de un texto para identificar errores. No sólo deben controlar las faltas de ortografía (erratas), también la sintaxis y la semántica de cada oración.

La normativa ortográfica es el primer filtro por el que debe pasar cualquier texto. El corrector o la correctora no sólo aplica las normas establecidas por una academia o un manual de estilo, sino que debe conocer los usos que le dan a una lengua su carácter único.

Por otro lado, la corrección es un oficio histórico. La primera referencia documentada a un corrector de libros viene de 1565. Luego contamos con más información sobre el puesto de corrector general de imprentas. El trabajo, en ambos casos, consistía en detectar las erratas de los autores.

En lo que respecta a Cervantes, la revisión de su obra estuvo a cargo del licenciado Francisco Murcia de la Llana, médico, corrector del rey y fundador de una larga casta de correctores por cuyas manos pasaron la mayoría de las obras publicadas en el siglo XVII. Estamos hablando del Siglo de Oro español, en el que además de Cervantes, sobresalen Francisco de Quevedo, Tirso de Molina, Lope de Vega y Calderón de la Barca.

En resumen, el corrector o la correctora procura que el texto cumpla con su objetivo de comunicar el mensaje que desea transmitir el autor o la autora.

Entre las tareas de las y los correctores podemos mencionar:

1. Detectar y corregir errores ortográficos
2. Corregir errores de léxico y de sintaxis -preposiciones o conjunciones inadecuadas, mal uso de tiempos verbales, etc.-
3. Aplicar recursos ortográficos y tipográficos -mayúsculas, cursivas, negritas, etc.-
4. Unificar en todo el texto los criterios que el editor o editora haya adoptado.

#Editamos

¿Sabés qué es una caja alta y una caja baja?

Hoy en Mundo Editorial vamos a empezar a hablar sobre el maravilloso universo de la tipografía o el arte de diseñar las letras -y otros elementos como números o símbolos.

¡Pasen adelante!

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En el medio editorial, la caja alta hace referencia a las letras mayúsculas y, la caja baja, a las letras minúsculas. Pero… ¿por qué se llaman así?

Cuando Gutenberg presentó sus tipos móviles en el siglo XV, tuvo un pequeño problema: las letras se perdían o confundían. Para optimizar el trabajo, los tipógrafos comenzaron a organizar los tipos en cajas de madera; las letras mayúsculas se ubicaron en la parte superior de la caja y las minúsculas en la parte inferior. Fue allí que empezaron a llamarlas «caja alta» y «caja baja».

Esta forma de ordenar los tipos funcionó con varios alfabetos como el nuestro y los de otras lenguas romances (portugués, francés, italiano, rumano, etc.), pero también con el cirílico, el hebreo y el árabe. Sin embargo, no resultó igual al intentar componer en chino o japonés.

La solución al problema de la tipografía china fue encontrada incluso antes de Gutenberg, en el siglo XI, por Bi Sheng -quien inventó la imprenta de tipos móviles y, además, la fabricó de porcelana. Sheng usó cajas rotativas para organizar e intercambiar los tipos de madera -que luego también hizo de porcelana 😀

En el siglo XVIII aparecieron las máquinas de escribir. ¿Cómo ajustar más de 70.000 caracteres chinos en una de esas máquinas? En los primeros años del siglo XX nadie lo sabía. Hubo una especie de carrera entre las grandes potencias para la creación de una máquina de escribir en chino, es decir, para aprovechar el mercado chino. El tamaño de esa máquina se convirtió en un chiste y una excusa para el racismo.

Tras varias décadas en las que los escritores y copistas chinos tuvieron que usar máquinas de escribir rudimentarias que no contaban con la eficiencia y sencillez del modelo occidental -presentado en un inicio por Remington u Olivetti-, China regresó con fuerza a la escena internacional en las últimas dos décadas del siglo XX; y lo hizo con su lengua ilesa y fortalecida por programaciones informáticas originales.

#Editamos

¿Sabés cuándo se empezó a imprimir en Nicaragua?

Analizar la dinámica social y cultural del libro nos permite significarlo a través de su realidad; es decir, identificar el diálogo entre libro -no sólo texto- con su contexto y cómo uno influye en el otro.

Estudiar los textos como formas registradas, así como los procesos de su transmisión, incluyendo su producción y su recepción, tiene como fin entender cómo las sociedades imaginaron y lograron transmitir los sentidos que dieron a los seres y a las cosas; sin separar el análisis de las significaciones metafóricas del de las formas materiales que las comunican.

Hoy en Mundo Editorial queremos hablar sobre los inicios de la cultura impresa en Nicaragua, cuándo llegó la imprenta a nuestro país y cuáles fueron los primeros textos que se imprimieron.

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En enero de 1830, flotaban en las aguas del lago Cocibolca, los cuerpos atados a piedras de nueve hombres que habían sido asesinados un año antes por oficiales de Juan Argüello en la isleta La Pelona -luego de terminada la Guerra Civil de Cerda y Argüello.

Ese mismo mes, el breve gobierno del consejero Juan Espinosa compró una imprenta al Cónsul Pedro de Miranda. Esta imprenta comenzó a funcionar con el nombre de Imprenta del Gobierno en la ciudad de Granada; en ella se publicó el 30 de enero de 1830 el primer impreso de Nicaragua conocido hasta hoy: una invitación para asistir al enterramiento cristiano de las víctimas asesinadas en La Pelona. Al día siguiente apareció el primer número de la Gaceta de Nicaragua.

Después de la independencia, Guatemala fue perdiendo poco a poco el control tipográfico de la región. En Nicaragua, entre los años de 1830 y 1850, se abrieron al menos 20 imprentas -públicas y privadas- todas ubicadas en las ciudades de León, Granada y Masaya. Este auge se le puede atribuir a gestiones del sector público pero la mayor parte de los impresos eran de carácter jurídico o político.

Con el primer texto que se publicó en Nicaragua -y prácticamente con toda la producción que hubo en los siguientes veinte años- se priorizó la impresión de textos políticos y religiosos en lugar de material que fomentara el desarrollo intelectual de los y las nicaragüenses.

#Editamos