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Anamá ediciones es una editorial nicaragüense con distribución en Centroamérica.

CARTA DE BERMAN BANS A ERNESTO CARDENAL

“Así en la tierra como en el cielo, primera impresión”         

  La última vez que conversé con Ernesto Cardenal fue en su oficina del CNE. Eran los últimos días  de enero de 2014, y en La Prensa había aparecido, el día de su cumpleaños ochenta y nueve, el poema Añoranza de Venecia. Durante lo poco que duró nuestro intercambio le dije que me pareció un poema bastante nostálgico, y que me recordó los fragmentos del Cántico Cósmico que a mí siempre me emocionaron especialmente: esos contrapuntos repentinos (pero sabiamente elaborados), en que una reflexión sobre el sabor a mística de la física cuántica o sobre la metafísica del paso del tiempo era interrumpida por la escena visualmente poderosa, y poderosamente evocadora, de una muchacha en la Granada, o en la Managua, de los años cuarenta o cincuenta del siglo pasado. Nombres que nos resuenan con su propia música como una crónica de amores perdidos, pero no condenados a la muerte literaria: Ileana, Myriam, Claudia. También le dije, a riesgo de parecer banal, que en Añoranza de Venecia de nuevo encontraba un elemento poundiano, remasterizado,  que siempre me ha gustado en su poesía: el uso preciso, visual y conceptualmente hablando, del intertexto y de la cita; un aspecto técnico sobre el cual Ernesto sigue siendo, a estas alturas, un maestro indiscutible. Incluso me atreví a ser aún más superficial y confianzudo, y  le dije que a veces había intentado esa técnica y que la verdad “no me salía”…y creo que sonreímos apenas brevemente. Y si Añoranza de Venecia, con la evocación conmovedora de Cintio Vitier y su esposa Fina García Marruz; las calles de agua color lechuga; las góndolas fúnebres; la presencia del hotel de Muerte en Venecia de Tomas Mann; y el fantasma de Pound condenando al tiempo: TIME IS EVIL, me gustó por esa evocación solar de la amistad ante el misterio del tiempo y de la muerte, Así en la tierra como en el cielo me hizo meditar, con un fondo solar celebratorio, en una conmovedora sensación de despedida.

Resulta que si bien es cierto este poema, editado por la pericia de Anamá Ediciones, y revisado minuciosamente por el poeta en sus aspectos técnicos, es una verdadera  fiesta visual, porque celebratoriamente visual ha sido también la poesía de Ernesto, está claro que además va más allá de una mera edición   convencional. La yuxtaposición lúdica entre las imágenes y el ritmo de los versos convierten al poema en un objeto artístico muy agradable a la vista, pero es eso y más.  El poema concentra, con ese lenguaje poético inconfundible que Cardenal encontró desde muy joven, y que constituyen los registros identificables de su propia voz, los temas que le han obsesionado desde su juventud: El amor; la celebración cósmica de la vida; el misterio del tiempo; la muerte como parte de la evolución y de la Resurrección; la liturgia del cosmos ; el ensayo de la comunión y la comunicación total, y por supuesto, el llamado a la unión mística, a la búsqueda de los otros y del Gran Otro con la certeza que sólo puede dar el amor en la incertidumbre  (cf. la cita de Santa Teresita de Lisieux con la que culmina el poema),  en una especie de síntesis de su búsqueda, de celebración de sus certezas, y en medio de esa pregunta original, casi presocrática, sobre nuestro ser y destino ante la enormidad tal vez vacía del Universo, Ernesto vuelve a dar su sí con esta especie de carta de amor a la humanidad, un sí que le viene desde lo más profundo de sus convicciones, porque no importa que tan enormes sean las tinieblas, incluso las de la historia, en esas tinieblas está la respuesta, y el mejor día, para vivir en el amor, siempre es el que corre.

   Me parece que era Tito Monterroso, en su libro La Palabra Mágica, quien decía, allá por los años setenta, que una de las cosas que asombraba de Ernesto era esa capacidad para creer y esperar siempre lo mejor de las personas y de las situaciones históricas aún en medio de la más desesperante incertidumbre. Con Así en la tierra como en el cielo, Ernesto no sólo sintetiza sus búsquedas y sus más plenos hallazgos: el lenguaje poético; las preguntas elementales de la vida contemplativa; la comunión humana; la comunión divina (entre más humana más divina), al mostrarnos de manera tan concentrada, celebratoria, confiada y agradecida, el arco voltaico de su propia experiencia, uno siente que esa carta es para cada uno de nosotros, y tiene un sabor silencioso a despedida, como si ese poeta místico y  de aliento monástico que, en la última fotografía del poema, camina de espaldas a nosotros ligeramente encorvado entre los arcos del claustro, su sombra proyectada a contraluz en las losetas, nos estuviese diciendo algo más en el silencio final de ese poema último. Ya no vemos su rostro en esta imagen. No es su rostro el importante. Lo importante es que camina. ¿Hacia dónde? ¿Hacia esa banca vacía al fondo del claustro? ¿Una banca para dos personas, similar a las de los parques donde se encuentran los novios? Una banca vacía. Y en la pared, en alto, un Jesucristo crucificado. ¿Hacia dónde camina Ernesto después de ese silencio? ¿Para qué sirve la Utopía? “Pues la Utopía sirve para eso, para caminar”, dijo alguien allá en el sur.

  El mes pasado un amigo zapatista, inmerso en los trajines del sur de México, me preguntaba en Guatemala, visitando ambos las ruinas de Iximinxé, si Ernesto aún vivía, si estaba activo…Al terminar de leer Así en la tierra como en el cielo, y contemplar su imagen última en ese claustro, sé que respondí bien a mi compañero: “Está vivo…y seguirá más vivo que nunca”.

¿Sabés cuál fue el primer texto de un nica en ser impreso?

Es posible mirar la historia cultural desde los libros. Es por eso que la historia del libro documenta cada fase de los procesos creativos de los textos y su materialidad, y los relaciona con otros sistemas (sociales, políticos, culturales) que contituyen la realidad dentro de la que se construyen ambos objetos. Hoy en #MundoEditorial queremos conversar con ustedes sobre la llegada de la imprenta a Centroamérica y del primer texto de un nicaragüense en ser impreso.

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Varios días después de que Fray Francisco de Borja lo contratara, José de Pineda Ibarra -maestro impresor- salió de Puebla, en el altiplano central de México, hacia Santiago de los Caballeros, capital del Reino de Guatemala. Era la peor época del año para hacer un viaje a lomos de mula y peor aún, transportando una máquina impresora. Bajo la lluvia llegó, el 16 julio de 1660, la primera imprenta de Centroamérica a Guatemala.

De Pineda Ibarra instaló su taller frente a la Plaza Mayor de la ciudad. Allí, en 1674, se imprimió por primera vez un texto escrito por un nicaragüense: “Relación verdadera de la reducción de los indios infieles de la provincia de Taguzgalpa, llamados Xicaques…”, del franciscano Fray Fernando Espino (Nueva Segovia, 1597 o 1600-Guatemala, 1676), y aunque es un texto que narra la conversión religiosa de los indígenas y es un claro ejemplo de las imposiciones de la colonia, su valor es innegable pues esta crónica es considerada la primera obra de contenido histórico impresa en el Reino de Guatemala. Pasó más de un siglo -una independencia, un par de guerras- para que fuera posible producir impresos en Nicaragua.

¿Han escuchado hablar de titivillus?

En anamá Ediciones creamos #MundoEditorial para compartir información sobre los procesos editoriales, dialogar sobre nuestras prácticas, o simplemente para traerles contenido interesante relacionado con este oficio. Hoy les hablamos de la explicación que daban en la Edad Media a las erratas que tanto nos hacen sufrir a los y las profesionales del libro.

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“Mi nombre es Tytyvyllus…”, así se presentó a sí mismo en el devocional Myroure of Oure Ladye del siglo XV, Titivillus, el demonio encargado de agregar errores a los textos durante la Edad Media. A Titivillus lo encontramos por primera vez en el Tractatus de Penitentia de Juan de Gales (1285).

En aquellos años, al no contar con un sistema de producción mecánica, los libros eran escritos uno por uno. Las pesadas jornadas de escritura, la poca luz y la dedicación exclusiva a un mismo texto durante mucho tiempo, hacían que los libros tuvieran bastantes errores. Estos errores eran achacados a Titivillus porque se creía que los susurraba a los escribas para ganar almas para Satanás.

Tal vez el escándalo más famoso relacionado a Titivillus es el de la “Biblia maldita”, la que no sólo incitó a las personas a cometer adulterio, sino que le costó cárcel y muerte a su editor.

Así es que desde el siglo XIII Titivillus nos acecha llenando de errores los textos -y ahora, nuestras últimas pruebas de imprenta- sin que las y los escritores, copistas o editores nos demos cuenta.

Si encontrás un error en alguno de nuestros libros, ya sabés quién es el culpable 🤭😜

Ilustración usada: Miniatura de San Bernardo de Clairvaux conversando con un demonio en un libro de horas de 1510.

alejandro bravo

Alejandro Bravo. (Granada, Nicaragua, 1953). Escritor, docente y jurista.

Ha publicado:
Tambor con luna. Poesía.
El Mambo es Universal y otros relatos. Cuentos.
Reina de Corazones. Cuentos.
Merecido Tributo. Poesía.
Los días del hilo azul. Cuentos.
Cuentos Escogidos.
Leyendas Mágicas de Nicaragua.

Literatura, Identidad y Conciencia Nacional. Con Nelly Miranda Miranda.
Baile con el diablo y otros cuentos.

Conquista y colonización de la cocina nicaragüense. Ensayo

Estudió Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua en León. Tiene una Maestría en derecho Local por la Universidad de Barcelona. Ha sido director de dos editoriales universitarias, diputado constituyente en su país, docente en varias universidades.

Director de la Asociación de Municipios de Nicaragua, funcionario del Sistema de la Integración Centroamericana.

Corazón delator

DELATOR UN TRIBUTO A SODA STEREO

‘Corazón Delator’ es una canción compuesta por Gustavo Cerati, quien se inspiró en un cuento de Edgar Allan Poe titulado ‘El Corazón Delator’ (1843).

En ambas obras se conectan el carácter pensativo en que los autores exteriorizan el sentido de la locura de una manera reflexiva y enajenada y cómo el corazón delata a los personajes en la intriga figurada; una simbiosis convexa entre el amor y la locura.

Como suele sucederle a cualquier corazón cuando le es inevitable ocultar sus sentimientos, como al tuyo, al mío, al de todos.

TRÁTAME SUAVEMENTE

No quiero soñar mil veces las mismas cosas.

Soda Stereo, 1984.

Entiendo que el que tiene la mente jodida soy yo. Me harto una y mil veces de tus estúpidos comentarios, puede que tengás toda la razón del mundo pero déjame ser así. De todas formas, así me siento bien.

Nada me queda por reclamar, yo no he sido ninguna santa paloma, ¡por favor! Yo también hice y deshice a mi antojo sin medir las consecuencias y mirame, aquí estoy, otra vez hecho mierda por alimentar una egolatría absurda que según yo me hacía sentir el mejor, ¡no jodás! Ella también la cagó un millón de veces y aún así yo todo le perdoné, precisamente porque yo también andaba en lo mismo. El gran problema es que aquí quien lo perdió todo fui yo, ella tranquila, haciendo su vida, la vida que venía haciendo mientras estaba conmigo y yo como siempre haciéndome el desentendido.

Y estos argumentos no me ayudan en absolutamente nada, al contrario, me desarman la poca y soez existencia que me queda… si es que algo queda de este mendrugo de cuerpo.

Tuve que parar de llorar porque sí. Ya era demasiado el ridículo, lo bueno es que todavía la poca dignidad que conservo no me permite que los demás me vean llorar. Eso solo a vos te lo permito, solo vos me importás y solo con vos quiero llorar, no me des ninguna despedida, sabiendo que esta es la última vez que te miraré, solo quiero que me tratés suavemente.

¿Sabés cuáles son los orígenes de la cultura impresa?

¿Sabés cuáles son los orígenes de la cultura impresa? Hoy en #MundoEditorial hablamos sobre los primeros objetos de estos procesos sin los que no podríamos imaginar nuestras sociedades actuales #ImprimirEsPreservar

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En 1966 fue encontrada una copia del Vimala Mirbhasa Sutra (dhāraņī o invocación budista) en el templo de Pulguk-sa de la ciudad de Kyongju en la península de Corea; su impresión data, aproximadamente, de algún momento entre el 704 y el 751 d.C. Esas fechas convierten al Vimala Mirbhasa en el impreso conocido más antiguo de la historia.

Alrededor de los años 764 y 770 d.C., monjes budistas japoneses imprimieron en xilografía el Hyakumantō dhāraņī o Mukojōkō, una serie de entre cien mil y un millón de rollos que contenían cinco textos diferentes. Antes del descubrimiento del Vimala Mirbhasa se consideraba al Mukojōkō el primer texto impreso por medios mecánicos del mundo.

La impresión del Mukojōkō fue ordenada por la emperatriz Shōtoku para agradecer por el cese de una rebelión; fue la primera gran impresión que se hizo en la historia de la humanidad. Lo que atrae de este gran esfuerzo es que no se hizo para el consumo del público, no fue un ejercicio de distribución editorial y nadie leyó esos textos hasta el siglo XIX. Pero Shōtoku fue la que seleccionó los textos, encomendó la producción de los rollos y, también, los envió a distintos templos de Japón. Todo esto nos lleva a preguntarnos si fue Shōtoku la editora del Mukojōkō.

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Según #RogerChartier (Lyon, 1945) -uno de los más importantes estudiosos de la historia del libro-, “para comprender las significaciones que los lectores han dado a los textos, es necesario proteger, conservar y comprender los objetos que los han transmitido”.

La cultura impresa comprende no solamente los testimonios escritos de la cultura universal que fueron producidos por la imprenta sino incluso los anteriores a su invención, porque está irremediable unida a la cultura escrita. Por esto abarca todo lo relacionado a la escritura y la lectura, al rollo, al manuscrito, al códex o códice, al libro, a la prensa, a las bibliotecas y a las librerías.

En la actualidad existen muchos conceptos y materias relacionadas con el conocimiento y estudio de los impresos: la bibliografía, la bibliología, la biblioteconomía, la bibliotecología, la historia de la imprenta, de la tipografía, de la edición, la historia de la literatura, de la prensa, la historia de la historiografía, de la educación, de la lectura, de la litografía, del papel y la tinta, y todo lo que cubre el amplio y siempre abierto campo de la historia cultural.

¿De qué hablás cuando hablás de libros?

En anamá Ediciones nos interesa pensar en la idea de unidad que implica colocar bajo una misma cubierta un texto. Es por eso que nos complace traerles esta serie: #MundoEditorial; para conversar con ustedes sobre los procesos de producción del libro y el rol que juegan, dentro de esta cadena, los diferentes profesionales que trabajan para que los libros lleguen a las manos de las y los lectores.

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¿Se han preguntado de qué se habla cuando se habla de libros?

La UNESCO definió libro como una “publicación impresa no periódica que consta como mínimo de 49 páginas” (1964). Elaborada para cumplir propósitos específicos respecto a la edición, esta definición excluye todos los formatos no tradicionales de libros con los que un editor o editora puede dialogar.

No es sencillo encontrar una definición exacta para lo que consideramos libro. Pero podemos trabajar alrededor de un concepto en el que libro es un objeto que contiene un conjunto organizado de ideas que hablan sobre cualquier tema y que estas pueden ser transmitidas de manera impresa, manuscrita, con ilustraciones, sobre papel u otro material, unidas -encuadernadas: pegadas o cosidas- por uno de sus lados -o no, como en el caso de un acordeón o concertina- y forradas por las portadas.

Concebir el libro como una pieza de arte que es capaz de albergar cualquier discurso y cuyo ciclo de producción crea un circuito que involucra a diversos actores -autor, editor, corrector, diseñador, impresor, librero-, permite explorar todas sus posibles formas y también, entenderlo como un objeto que no está separado de la realidad en la que es creado y que, además, influye directamente en el desarrollo sociocultural de dicho lugar y no sólo como un contenedor pasivo de textos que pueden ser escritos en cualquier momento y dentro de cualquier espacio.

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¡Decinos de qué temas del proceso de producción editorial te gustaría que habláramos en nuestros siguientes post!

Conquista y colonización de la cocina nicaragüense

CHANCHOS, CHANCHADAS

Y OTRAS CHANCHADITAS

A Jesús Martínez-Almela

–con quien compartí unos chicharrones–

El chancho es un animal de cuerpo redondeado, patas con pezuña y generalmente cubierto de pelo, de unas cerdas gruesas y ásperas, es mamífero. Se reproducen rápidamente. Fueron domesticados por el hombre hace unos trece mil años. Su nombre científico es Sus scrofa ssp. Domestica. Es pariente del jabalí, del danto y del zahíno, come cualquier cosa –omnívoro– generalmente se le llama cerdo, puerco, marrano o choche, en Centroamérica se le llama chancho en Nicaragua y Costa Rica, igualmente lo hacen en Argentina, Uruguay, Chile, Bolivia y Paraguay.

En el lunfardo argentino le denominan chancho al boletero, quien verifica los boletos de autobuses y tranvías, en el habla peruana así denominan al trasero de la mujer.

En el Horóscopo chino el cerdo o chancho es el signo número 12, su mes es noviembre y los nacidos bajo ese signo son sensuales, aprecian del buen comer y beber. Son de esas personas a las que les gusta pasar un buen rato. El Cerdo es muy apasionado y se mantendrá vigoroso inclusive en su vejez. Generosos hasta el cansancio, si necesitas apoyo o ayuda sin duda debes llamar a un nacido bajo el signo de Cerdo.

Fragmento de “Chanchos chanchadas y otras chanchaditas

dE Mariantonia Bermúdez A ERNESTO CARDENAL

 14 feb. 2019

NOTA A ERNESTO CARDENAL

AL PERDERTE YO A TI

Querido Ernesto Cardenal:

Pienso en el momento en que tu energía se transforme y te vayás a vivir a la espiral perfecta de la galaxia de Andrómeda, convertido en estrella, un poquito más cerca de Dios. Entonces me pongo triste porque creo que  de verdad sí te habré perdido, te habrás llevado una parte de mi juventud que suspiró con tus epigramas para Claudia, que sufrió con la Oración para Marilyn y que leyó con fervor tu Hora 0, esperando que todo llegara a su fin.

 Es extraño el afecto que los lectores desarrollamos por los libros que leemos porque de alguna manera nos sentimos próximos al autor, creemos que lo conocemos, nos es familiar y hablamos de él o ella como si fuera amigo nuestro.

“Son los poemas del despecho”, me dijiste un día que viniste a visitar la Casa de Cultura de Jinotega con Julio Valle-Castillo. Yo te pregunté si Claudia existió, como la Lesbia de Horacio y alrededor tuyo se formó un corro de muchachas que querían escuchar la historia de amor imposible más famosa de Nicaragua:

“… Y tal vez verás, Claudia, que estos poemas,

(escritos para conquistarte a ti) despiertan

en otras parejas enamoradas que los lean

los besos que en ti no despertó el poeta.”

 Abro tu Vuelos de Victoria publicado por la editorial Universitaria y leo el Viaje muy jodido que le escribiste a Laureano Mairena. Ayer una muchacha del taller de creación literaria nos dijo que pensando en vos, le daba mucha tristeza que todo se esté repitiendo otra vez en esta Nicaragua adolorida del 2019 y yo recuerdo tu verso, dedicado a Laureano Mairena “nos vale verga la muerte”. 

Ahora que sé que entre el tiempo y espacio llegarás a ser una estrella donde te juntarás con Donald, con Laureano, con Gabriel, con Antonio, con Ernesto, con Fernando, ya no estoy triste. Tus versos llenos de amor y despecho para Claudia me acompañan hoy 14 de febrero. Vos estás en cada una de las palabras que has escrito, en el Homenaje a los Indios Americanos, en el llanto amargo de Las del Cuá, en el pálpito del corazón del guerrillero. Mientras te leamos, Padre Cardenal, te tendremos junto a nosotros, entre el tiempo y el espacio infinito del cosmos: junto a Venus, aparecerás como un lucero nixtayolero.

Te quiere y te leerá siempre,                                                                                 Mariantonia Bermúdez

Fuga de Canto Grande de Claribel Alegría y Darwin J. “Bud” Flakoll “Claribud” –como se firmaban–.

Fuga de Canto Grande es el relato de cómo los militantes peruanos del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), pasaron tres años planificando y excavando un túnel de 345 metros en las afueras de Lima, al pie de los Andes. No sólo son los detalles físicos de la construcción del túnel fascinante sino las vicisitudes, peligros, tensiones y demoras con las cuales tropezaron durante los largos meses de la excavación, lo que hace que este relato sea conmovedor.

anamá Ediciones cumple el deseo de nuestra querida Claribel, ver publicadas estas entrevistas.

Puede encontrarlo en Tienda Literato e Hispamer.