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Anamá ediciones es una editorial nicaragüense con distribución en Centroamérica.

PSICOLOGÍA YCHAMANISMOEN EL SIGLO XXISeguido deEnsayos Psicoantropológicos

Hoy día de la salud mental

Se estima que cerca de 450 millones de personas actualmente padecen algún tipo de trastorno mental o neurológico. De todos ellos, solo alrededor de un tercio busca tratamiento.

Auxiliadora Marenco G

Mi encuentro con la ciencia siempre me inspiró el respeto de las cosas profundas. Al igual que la mayoría de mis colegas, vengo de una escuela tradicional apegada a las enseñanzas freudianas y a los esquemas académicos. Pero a su vez, y quizá por lo vivido en los años ochenta y su impacto en todos los nicaragüenses, cuestiono lo conocido y voy tras nuevos paradigmas o corrientes de pensamiento que expliquen el comportamiento humano. Y este libro en particular me llenó de asombros, estremeció mi conciencia y dejó los cristales de mi alma llenos de esa nube que empañan multitud de difíciles alientos. Conocer a Jean Jacques Dubois y la psicoantropología significó entrar en un mundo diferente e inexplorado. Sus enseñanzas y su sola presencia, transmiten esa especie de magia y respeto que inspiran las personas científicas y sabias. Este libro representa la interpretación y el análisis de los infinitos porqués de la historia de los pueblos y de cómo impactan en los eventos del presente, vistos desde una asombrosa comparación entre el poder del chamanismo, –del cual interpretamos mucho y sabemos muy poco– y el accionar de la psicoterapia moderna. El chamanismo, de acuerdo a lo presentado en este libro, además del arte de curar, comprende la integración de la cosmogonía de cada cultura, incluyendo sus costumbres, normas, creencias y conocimientos. 10 El chamán, explica Jean Jacques, es un personaje especial y distinto de su sociedad y, paradójicamente, siendo diferente, se obliga a ser el que más se identifica con la misma. Es la máxima autoridad moral, espiritual y de salud de un pueblo. El reencarna las fuerzas ancestrales de su grupo como su máximo representante y domina lo invisible y lo secreto, desde las muertes hasta los nacimientos. Su manejo es sistémico. Es decir, que los síntomas de una enfermedad o desgracia individual, son causados por el grupo y, todo lo que en él suceda está interconectado. La enfermedad, cual válvula de escape, permite que el sistema se conserve, auto-regule o sobreviva. El chamán “negocia” con espíritus malos y buenos, o ambivalentes, que transforman y buscan que el “enfermo” o “desviado” recuperen el orden, la conciencia de la raza y la identidad.

Cartografía de espacios en fuga Managua 1968-1975

La ciudad muerta y la nueva ciudad

La madrugada del 23 de diciembre de 1972, aquella Managua es drásticamente reconfigurada por un terremoto de magnitud siete en escala de Richter. El centro de la ciudad sufre serias afectaciones y se declara estado de sitio. El general Anastasio Somoza Debayle (presidente/dictador de la nación en aquella época) disuelve los aparatos del Estado, crea una junta de reconstrucción y se nombra director. Hay miles de muertos bajo los escombros de la ciudad, desesperación, hambre, y el dictador aprovecha la situación para desviar fondos de la ayuda internacional. El centro de la ciudad es cercado por orden del General. Muchos pobladores emigran hacia otras ciudades cercanas y Managua queda herida para siempre. En los discursos de memorias, el terremoto resulta un punto fundamental porque se convierte en el momento donde se transforman tanto la red física como la red simbólica de la ciudad. En todos los archivos de memorias de Managua, el recuerdo del terremoto emerge como un factor que rompe con el imaginario de ciudad construido hasta esa época y, sin embargo, produce otra idea de ciudad. En este caso, tomo la novela Ritcher 7 de Pedro Joaquín Chamorro para rastrear esa reconfiguración urbana y, además, el nuevo imaginario que ella construye sobre la ciudad. En dicho texto el autor teje varias historias que son hiladas por el relato de una pareja que devienen alter egos del propio Chamorro y de Rosario Murillo, que durante algunos años fue su secretaria en el diario La Prensa. Ambos transitan por la ciudad en un viaje en moto y así van andando sobre la geografía y los discursos. En el primer capítulo el narrador omnisciente dice:

Una inmensa nube de polvo se levantó sobre la última noche de la ciudad. Gentes y animales corrieron en todas direcciones, llamándose los unos a los otros y buscándose confundidos, perdido totalmente el sentido de la orientación y vacíos los ojos por el espanto que alejaba las lágrimas y no daba tiempo a la realización del dolor. Miles de personas salieron a las calles como atendiendo a una audiencia del dolor. Se alinearon cienes de objetos en medio de tejas, pilares y maderas caídos sobre las aceras. Se notaron perfiles diferentes en las casas, cuya fisonomía alterada iba dando a toda la ciudad una conformación variante, parecida a los paisajes reflejados en las aguas agitadas. Después siguieron más sacudidas y retumbos. Se levantaron nuevas nubes de polvo, en tanto que todos seguían perdidos y aplastados por una especie de sosiego incomprensible. Fueron apareciendo los muertos y con ellos, el dolor desgarrador, el llanto reprimido, el calor de los abrazos regados con lágrimas verdaderas, los fuegos de todo color y los estallidos esporádicos del combustible, proporcionando una dimensión más terrible al escenario del gran sismo (1976, p. 10).

 Lo primero que aflora en este fragmento de la novela es la última noche de la ciudad como metáfora de la muerte de Managua. La primera línea nos da cuenta de la muerte física de la ciudad y vaticina su reconfiguración simbólica, además, esta línea abre paso a la descripción del caos vivido aquella noche. La ciudad se encuentra frente a una situación límite que produce un tejido de sentimientos que emanan de los sujetos que contemplan y vivencian su muerte. No solo en la ficción de Chamorro aparece esta idea. Roberto Sánchez dice en el libro citado: “cuando la tremenda sacudida apenas pasada la media noche del 23 de diciembre de 1972, también se sacudió mi identidad, el vínculo íntimo de tantos años con Managua. Fue como verme en un espejo y no reconocerme” (2008, p. 26). Esta muerte física y la reconfiguración simbólica de la ciudad es la que detona y propicia la sobreproducción de memorias urbanas. El sujeto que recuerda construye una visión nostálgica de la ciudad porque también se ha destruido el vínculo afectivo con la materialidad urbana. A partir de entonces se crea el imaginario de las dos ciudades. Chamorro narra:

…la moto volvió a correr por calles antiguas ahora abandonadas. Pasó frente a la Catedral en cuyos relojes aún estaba clavada la hora del gran sismo; rozó la acera del hotel de la gran batalla, aquel donde las tanquetas gubernamentales estrenaron sus pequeños cañones contra la multitud. Anduvo por la zona de los viejos mercados, en otra época llenos de miles y miles de gentes y ahora convertidos en un enorme patio; rodó sobre el recuerdo de los lugares de bailar, de besarse y amarse, y de los grandes establecimientos donde se compraban regalos. Después bajaron otra vez cerca del lago, por los barrios cuyos habitantes persistían en quedarse allí, debajo de aleros medio caídos, dentro de tapias hechas de escombros, o en mínimas casas de madera machimbrada. Ya cuando oscurecía salieron de la ciudad sin vida, para ir a la otra, a la de grandes pistas adoquinadas llamadas “Baipases”, a la de centros comerciales idénticos a los de Gainville, Florida, o a los de Hialeah, nuestra ciudad hermana sin que sepamos por qué, ni se haya explicado dónde queda exactamente. Allí se integraron al vértigo de la velocidad y entraron en las encuestas donde se apuntan los pocos motociclistas que diariamente salvan la vida en esa madeja de carreteras y edificios de hierro, chatos, fuertes, asísmicos y con nombres en inglés. Corrieron entre luces, frenazos, estridencias, rayas amarillas y semáforos, viendo grupos de muchachos y muchachas en los cruces vendiendo los periódicos de la tarde y esperando irse del trabajo a sus casas o volver desde la universidad “al raid”. La vieja ciudad quedó atrás. (1976, p. 24).

FRAGMENTOS DE VIDAS

Título: Fragmentos de vidas

Editorial: Anama

En Fragmentos de Vidas, están presente la problemática y la condición social y humana. En esta narración, visiones y percepciones sobrenaturales sobrellevan en sus existencias ciertos personajes de una familia que, misteriosamente, adquirieron esas cualidades ocultas, sin saber ellos por qué. El imaginario, unas veces se tuerce real; otras, vive en la ficción o en el recóndito sentimiento. Pasado y presente, sueños y vigilias, se mezclan en una amalgama de situaciones que, posiblemente, causen expectativas en usted, amigo lector. Relaciones carnales forzadas y amenazantes, adulterios, pobrezas, enfermedades, defunciones, solidaridad, arrepentimientos, disculpas y honestidad, concurren en el ambiente de una pequeña población, donde los individuos buscan sus conveniencias y convivencias… La brevedad narrativa, supongo, es clara y directa, discurre, se desliza y dobla las páginas con rapidez.

Carlos Castro Jo

Carlos Castro Jo. Es sociólogo de profesión, ha escrito libros de poesía y cuento.

En poesía ha publicado: Al margen de lo visible (2001), Insomnios y soliloquios (2009),

 Tambor de pueblo (2013) y Entre memes y selfis (2018).

En cuento: El Pirata Morgan y otros cuentos (2015).

 Sobre teoría social y política: La democracia en el pensamiento de Sandino, Chamorro y Fonseca 2019

EL GIGANTE NUNCA HA ESTADO DORMIDO: Mis memorias de los conflictos étnicos en el Caribe nicaragüense en los años ochenta 2022

Javier Arana

Javier Arana nació en Rivas, Nicaragua (1991).

 Estudió Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Centroamericana (UCA).

 Ha publicado artículos y reseñas de libros en diversos diarios nacionales y revistas literarias.

Su primer poemario DURACIÓN NATURAL 2022

EL GIGANTE NUNCA HA ESTADO DORMIDO

Estas son mis memorias sobre los conflictos étnicos y la guerra en la costa Caribe en los ochenta, pero tiene elementos autobiográficos porque también me interesa que este sea un testimonio de alguien que vivió la revolución sandinista y la guerra en la Costa en los años ochenta. Aquí hablo no sólo de las contradicciones étnicas, sino que hago énfasis en los errores y abusos porque quiero explicar las causas de la guerra y por qué el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) no logró establecer una base social sólida en la Costa en esos años.

No hay duda de que se hicieron, o se intentaron hacer, muchos proyectos, y yo no tengo dudas de que el gobierno sandinista quería elevar el nivel de vida de la población costeña. Yo no voy a hablar de eso, esta información se puede encontrar en los libros que se hicieron para defender la revolución. Voy a hablar de por qué la gente se levantó.

En estas memorias hago una distinción entre conflicto y guerra. Como la Costa es diversa, y hay injusticias y desigualdad entre los grupos étnicos, la posibilidad de conflictos está siempre presente. Pero estos conflictos se pueden resolver de manera pacífica. La resolución violenta de los conflictos en los ochenta no era necesaria, y era incompatible con una revolución popular en la Costa.

Hablando de la Costa, en este libro voy a usar el nombre de costa Caribe porque ese es el nombre que más se usa ahora. El uso cotidiano del término costa Caribe viene de las reformas constitucionales de 2014, en las que a la Costa se le llamó costa Caribe. En 2016, cuando se hicieron las reformas a la ley de autonomía, ya se le llamaba costa Caribe.

Antes de las reformas constitucionales de 2014, se le llamaba costa Atlántica. Incluso en la ley de autonomía aprobada en 1985, se le llamó costa Atlántica.

Yo recuerdo que en los años ochenta ya había un debate sobre si se debería llamar costa Caribe o costa Atlántica. Recuerdo bien a Roberto Fernández Retamar en Bluefields, en uno de los Mayo Ya en los que participó, argumentando que Nicaragua daba al Caribe no al Atlántico, y que la cultura de Bluefields era caribeña. Entiendo que de esos debates culturales es que nace la idea de designar a la costa como Caribe.

Técnicamente, la costa está en el mar Caribe. El biólogo y ambientalista nicaragüense Jaime Incer Barquero, en su Geografía Básica Ilustrada de Nicaragua, que publicó en 2008, la llamó la Región del Caribe. En 2009 la Academia de Historia y Geografía de Nicaragua publicó un libro en el que Jorge Eduardo Arellano recopiló ensayos, cuentos y poesía de la Costa con el título de La Costa Caribe Nicaragüense desde sus orígenes hasta el siglo XXI.

Culturalmente también: un buen porcentaje de la población costeña tiene bastante en común con Jamaica, Gran Caimán y otras islas del Caribe.

Pero el Caribe es un mar del océano Atlántico. Entonces, entiendo yo que se le puede llamar de las dos maneras. En la Costa hay gente que prefiere costa Caribe y otros que prefieren costa Atlántica. Yo estoy usando costa Caribe por las razones mencionadas anteriormente.

Finalmente, para refrescar la memoria he leído los escritos de Edmund T. Gordon, Charles R. Hale, Jorge Jenkins y Gregorio Smutko. Además, a través de los años he conversado con Hazel Law, Gonzalo Gradiz, Rubén López, Francisco López Urbina (Chico López), Noel Acosta, Adolfo Chávez, Roberto Moreno (Tito Moreno), Rodolfo García (Pichín), Gustavo Castro Jo, Wilfredo Machado, Eddy Alemán, Douglas Carcache, Galio Gurdián y Mathew Brack. Ellos me contaron algunas cosas que yo no sabía y que decidí integrar a estas memorias porque contribuyen a entender lo que pasó.

Sin embargo, la mayor parte de lo que cuento aquí viene de lo que yo recuerdo de los sucesos en los que participé u observé. Estas son mis interpretaciones de los mismos, y creo que está de más decir que otros vieron estos sucesos desde otras perspectivas.   

Y para concluir esta introducción quiero agradecer a las personas que hicieron posible la publicación de este libro:  Roberto Moreno García, que me ayudó a cotejar algunos datos y trabajó en mejorar la calidad de las fotos; a Dariel Loáisiga Castro y Kathy Yih, que leyeron el manuscrito y ofrecieron sugerencias para mejorarlo; y a Salvadora Navas por su diligente e incansable trabajo como editora.

LUIS BÁEZ

Luis Báez nació en Managua, Nicaragua (1986).

Su primera colección de relatos, El patio de los murciélagos, fue publicada en 2010 (Uruk, San José). Su siguiente colección Eleos y phobos –inédita hasta ahora, pero incluída en este volumen bajo el título Las manchas en el espejo obtuvo mención de honor en el Premio Centroamericano Rogelio Sinán 2013-2014. Ha publicado poesía, relatos de ficción y no ficción, ensayos y crítica literaria en medios de América Latina y España. Ha sido incluido en antologías como Los2000, autores nicaragüenses del nuevo milenio (Leteo, 2012), Escribir en crisis (Letralia, 2019), Antología de la nueva poesía política nicaragüense (Guaraguao, 2020) y la antología de narrativa centroamericana Territorios olvidados (Editorial X, Los sin pisto, MiMalaPalabra coed., 2021). Fue miembro de la Junta Directiva del Centro Nicaragüense de Escritores. Ha impartido cursos y talleres de escritura creativa. Desde 2011 coordina el Fondo Editorial Soma y desde 2019 la plataforma Telar Nicaragua.

HISTORIA NACIONAL DE LO ABYECTO

Agua fuerte de posguerra

Este cuento pueden encontrarlo en la más reciente publicación de Luis Báez «Historia nacional de los abyecto»

Apareció en la casucha de láminas y cartones como siempre: acuclillado y tembleque, chorreando lluvia negrísima de montaña. Anselmo, se llamaba.
Afuera, el sol multiplicaba su ardor sobre la piel de la gente que circulaba más allá de las paredes de zinc que resplandecían entre la brisa corrosiva del Xolotlán.
Carlos pensaba que nadie, ni sus más íntimos demonios, podrían reconocerlo en medio de tanta inmundicia. A veces, cuando el hambre apretaba y el calor arreciaba, ni siquiera él mismo atinaba a reconocerse.
Sin embargo, ahí estaba Anselmo, trémulo y absorto, como de costumbre.
Carlos tomó la mitad de un cigarrillo que llevaba en la oreja y lo prensó entre sus labios. Después exhaló la primera bocanada junto a unas pocas palabras.
“Ya sé lo que me venís a decir: que te mataron. Y que yo di la orden…”
Desde que terminó la guerra, Anselmo acostumbraba aparecer, permanecía en silencio y luego desaparecía. Esta vez, sin embargo, articuló palabras.
“No. No, no. Nada de eso, compita. Nada de eso”. “…y yo te voy a decir que creímos que te habías volteado”, sonrió Carlos, “pero eso ya no importa, porque vos y yo sabemos cómo fue la cosa. Y ya nada de lo que
hicimos lo podemos deshacer”. “¿La guerra decís?”
“La guerra. No. Eso no lo hicimos porque quisimos. Ya ves que fueron los otros los que salieron ganando…”
“¿Los muertos?”
“Sí. Y yo mandé a hacer el hoyo donde te enterramos, no sé si supiste… fue a la carrera. Seguro que ni te alcanzó todo el cuerpo… lo tuyo sí fue una cagada”.
“La primera noche un animal me mascó el brazo.
Después de arrancarme toda la carne de la muñeca, se me llevó una mano. Pero solo fueron las manos lo que me quedaron de fuera, compita. No se ahueve. La cara sí me quedó bien plantada en la tierra. Una tierra
negra, buenísima para la siembra…”
Carlos aplastó la colilla con la planta del pie y la chispa chirrió brevemente sobre el piso de tierra húmeda.
“Bueno”, dijo Carlos, “ya voy a poder dormir. Vos sabés, porque tu muerte fue semilla en tierra fértil y etcétera. Como decían los comandantes…”, murmuró Carlos con solemnidad.
“¡Dirección nacional, ordene!”, exclamó Anselmo mientras asumía porte marcial y se llevaba el muñón a la frente.
“¡La runga, compa…!”
“¡Son chochadas! aquí hasta los comandantes son puetas”.
“¡…esa es nuestra poesía, compita. La runga!”
Los dos rompieron en carcajadas.
El sol resplandecía con furia fuera de las paredes de zinc y cartones viejos, abrasando una ciudad obstinada en crecer entre un gusanero de muertos.
La casucha reverberaba junto a la costa del lago donde los sueños y sacrificios de todos nuestros muertos se sedimentan con la mierda de los vivos.

¿Sabés cuál fue la primera lista bibliográfica nicaragüense?

Compilar en un único fondo todos los libros relativos a cierto tema o región no es tarea fácil y, son pocos los países que han ofrecido tantas dificultades para hacer investigaciones bibliográficas como Nicaragua. Hoy en Mundo Editorial vamos a comentarles sobre el primer esfuerzo bibliográfico hecho sobre nuestro país.

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La bibliografía es el estudio, descripción y clasificación de documentos. Se usa, entre otras cosas, para catalogar obras. 

En Centroamérica, el comerció del libro fue creciendo y diversificándose luego de 1821 y de la apertura de talleres de impresión a lo largo de todo el istmo. Para 1873, la producción de libros en Nicaragua era casi nula. Es entonces que el francés Pablo Lévy, publica en París -con el apoyo del gobierno de Nicaragua- sus “Notas geográficas y económicas sobre la República de Nicaragua (…) con una lista bibliográfica, las mas completa hasta el día, de todos los libros y mapas relativos á la América Central en general y á Nicaragua en particular (…) Obra aprobada por el Gobierno que ha subvencionado su publicación en español por contrato del 14 de marzo de 1872…”.

Prologada por sus «Apuntes para la formación de una biblioteca nicaragüense», en la bibliografía de Lévy sólo aparecen seis obras que fueron publicadas en el país antes y después de la Guerra Nacional, por ejemplo: Guerrero (José) – “Manifiesto que el Sup. gob. del estado de Nicaragua hace á los gobiernos de América sobre el tratado celebrado con el comandante inglés, sir Granville Lich, etc.”, Managua, 1848; Pérez (Gerónimo) – “Memorias para la historia de la revolución de Nicaragua y de la guerra nacional contra los filibusteros”, Managua, 1862.

La mayoría de las obras que cataloga Lévy son históricas, cartográficas, políticas y extranjeras. Fue hasta 1878, que la Imprenta El Progreso de Chinandega, publicó la primera antología de poetas nacionales titulada “Lira nicaragüense”, compilada por Félix Medina. Esta primera edición constaba de 36 páginas y reunía a 13 poetas. Lamentablemente su segunda edición aumentada no llegó a publicarse.

#Editamos

¿Sabés qué es y para qué sirve la grilla o retícula?

¿Has escuchado hablar de la grilla? ¿Te has puesto a pensar cómo los editores y diseñadores organizan los contenidos? Hoy en Mundo Editorial vamos a hablar de esta estructura con la que todos y todas hemos tenido que dialogar.

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La grilla o retícula es una estructura que organiza el contenido. Es un sistema que brinda unidad, sentido, ritmo, coherencia e identidad a un objeto gráfico.

Existen muchos tipos de retículas y todas -o la mayoría- están basadas en la proporción. Además, cuando vas a pensar tu grilla, tenés que considerar el contexto histórico, el uso y los hábitos lectores, tecnológicos, económicos y hasta ideológicos para poder sustentar con fundamentos reales la forma en que vas presentar el texto a las y los lectores.

La grilla o retícula ha sido admirada y cuestionada. Pero desde el inicio de la escritura se ha utilizado para contener lo escrito: la encontramos en los manuscritos medievales y sus textos de una o dos columnas con amplios márgenes para que el lector pudiera hacer anotaciones; en la imprenta con tipo móviles; en el funcionalismo, la escuela suiza, y hasta en el posmodernismo, la han aplicado como el elemento que regula y organiza los contenidos.

Es importante, al momento de construir tu grilla o retícula, tomar en cuenta el formato definido y su materialidad porque estas determinarán las distancias de lectura; la tipología del texto y de lectura, creando la relación con los hábitos de las y los lectores; y, sobre todo, la tipografía seleccionada porque de esta depende el cuerpo y el interlineado del texto. Es desde la tipografía que construimos la estructura que soportará el texto y las imágenes -si las hay.

Es imposible editar sin manejar las proporciones y la interrelación de las partes que conforman los libros como continentes de los contenidos, porque al concebir el objeto y diseñarlo, lo tenemos que ver como un todo integrado para potenciar el mensaje que pretende transmitir la autora o el autor.

En resumen, se hace necesario organizar y sistematizar para darle forma a los contenidos y tener bases justificadas para explicar la toma de decisiones sobre nuestros libros.

No es tan simple editar, ¿o sí? 😉

#Editamos