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Cartografía de espacios en fuga Managua 1968-1975

La ciudad muerta y la nueva ciudad

La madrugada del 23 de diciembre de 1972, aquella Managua es drásticamente reconfigurada por un terremoto de magnitud siete en escala de Richter. El centro de la ciudad sufre serias afectaciones y se declara estado de sitio. El general Anastasio Somoza Debayle (presidente/dictador de la nación en aquella época) disuelve los aparatos del Estado, crea una junta de reconstrucción y se nombra director. Hay miles de muertos bajo los escombros de la ciudad, desesperación, hambre, y el dictador aprovecha la situación para desviar fondos de la ayuda internacional. El centro de la ciudad es cercado por orden del General. Muchos pobladores emigran hacia otras ciudades cercanas y Managua queda herida para siempre. En los discursos de memorias, el terremoto resulta un punto fundamental porque se convierte en el momento donde se transforman tanto la red física como la red simbólica de la ciudad. En todos los archivos de memorias de Managua, el recuerdo del terremoto emerge como un factor que rompe con el imaginario de ciudad construido hasta esa época y, sin embargo, produce otra idea de ciudad. En este caso, tomo la novela Ritcher 7 de Pedro Joaquín Chamorro para rastrear esa reconfiguración urbana y, además, el nuevo imaginario que ella construye sobre la ciudad. En dicho texto el autor teje varias historias que son hiladas por el relato de una pareja que devienen alter egos del propio Chamorro y de Rosario Murillo, que durante algunos años fue su secretaria en el diario La Prensa. Ambos transitan por la ciudad en un viaje en moto y así van andando sobre la geografía y los discursos. En el primer capítulo el narrador omnisciente dice:

Una inmensa nube de polvo se levantó sobre la última noche de la ciudad. Gentes y animales corrieron en todas direcciones, llamándose los unos a los otros y buscándose confundidos, perdido totalmente el sentido de la orientación y vacíos los ojos por el espanto que alejaba las lágrimas y no daba tiempo a la realización del dolor. Miles de personas salieron a las calles como atendiendo a una audiencia del dolor. Se alinearon cienes de objetos en medio de tejas, pilares y maderas caídos sobre las aceras. Se notaron perfiles diferentes en las casas, cuya fisonomía alterada iba dando a toda la ciudad una conformación variante, parecida a los paisajes reflejados en las aguas agitadas. Después siguieron más sacudidas y retumbos. Se levantaron nuevas nubes de polvo, en tanto que todos seguían perdidos y aplastados por una especie de sosiego incomprensible. Fueron apareciendo los muertos y con ellos, el dolor desgarrador, el llanto reprimido, el calor de los abrazos regados con lágrimas verdaderas, los fuegos de todo color y los estallidos esporádicos del combustible, proporcionando una dimensión más terrible al escenario del gran sismo (1976, p. 10).

 Lo primero que aflora en este fragmento de la novela es la última noche de la ciudad como metáfora de la muerte de Managua. La primera línea nos da cuenta de la muerte física de la ciudad y vaticina su reconfiguración simbólica, además, esta línea abre paso a la descripción del caos vivido aquella noche. La ciudad se encuentra frente a una situación límite que produce un tejido de sentimientos que emanan de los sujetos que contemplan y vivencian su muerte. No solo en la ficción de Chamorro aparece esta idea. Roberto Sánchez dice en el libro citado: “cuando la tremenda sacudida apenas pasada la media noche del 23 de diciembre de 1972, también se sacudió mi identidad, el vínculo íntimo de tantos años con Managua. Fue como verme en un espejo y no reconocerme” (2008, p. 26). Esta muerte física y la reconfiguración simbólica de la ciudad es la que detona y propicia la sobreproducción de memorias urbanas. El sujeto que recuerda construye una visión nostálgica de la ciudad porque también se ha destruido el vínculo afectivo con la materialidad urbana. A partir de entonces se crea el imaginario de las dos ciudades. Chamorro narra:

…la moto volvió a correr por calles antiguas ahora abandonadas. Pasó frente a la Catedral en cuyos relojes aún estaba clavada la hora del gran sismo; rozó la acera del hotel de la gran batalla, aquel donde las tanquetas gubernamentales estrenaron sus pequeños cañones contra la multitud. Anduvo por la zona de los viejos mercados, en otra época llenos de miles y miles de gentes y ahora convertidos en un enorme patio; rodó sobre el recuerdo de los lugares de bailar, de besarse y amarse, y de los grandes establecimientos donde se compraban regalos. Después bajaron otra vez cerca del lago, por los barrios cuyos habitantes persistían en quedarse allí, debajo de aleros medio caídos, dentro de tapias hechas de escombros, o en mínimas casas de madera machimbrada. Ya cuando oscurecía salieron de la ciudad sin vida, para ir a la otra, a la de grandes pistas adoquinadas llamadas “Baipases”, a la de centros comerciales idénticos a los de Gainville, Florida, o a los de Hialeah, nuestra ciudad hermana sin que sepamos por qué, ni se haya explicado dónde queda exactamente. Allí se integraron al vértigo de la velocidad y entraron en las encuestas donde se apuntan los pocos motociclistas que diariamente salvan la vida en esa madeja de carreteras y edificios de hierro, chatos, fuertes, asísmicos y con nombres en inglés. Corrieron entre luces, frenazos, estridencias, rayas amarillas y semáforos, viendo grupos de muchachos y muchachas en los cruces vendiendo los periódicos de la tarde y esperando irse del trabajo a sus casas o volver desde la universidad “al raid”. La vieja ciudad quedó atrás. (1976, p. 24).

FRAGMENTOS DE VIDAS

Título: Fragmentos de vidas

Editorial: Anama

En Fragmentos de Vidas, están presente la problemática y la condición social y humana. En esta narración, visiones y percepciones sobrenaturales sobrellevan en sus existencias ciertos personajes de una familia que, misteriosamente, adquirieron esas cualidades ocultas, sin saber ellos por qué. El imaginario, unas veces se tuerce real; otras, vive en la ficción o en el recóndito sentimiento. Pasado y presente, sueños y vigilias, se mezclan en una amalgama de situaciones que, posiblemente, causen expectativas en usted, amigo lector. Relaciones carnales forzadas y amenazantes, adulterios, pobrezas, enfermedades, defunciones, solidaridad, arrepentimientos, disculpas y honestidad, concurren en el ambiente de una pequeña población, donde los individuos buscan sus conveniencias y convivencias… La brevedad narrativa, supongo, es clara y directa, discurre, se desliza y dobla las páginas con rapidez.

EL GIGANTE NUNCA HA ESTADO DORMIDO

Estas son mis memorias sobre los conflictos étnicos y la guerra en la costa Caribe en los ochenta, pero tiene elementos autobiográficos porque también me interesa que este sea un testimonio de alguien que vivió la revolución sandinista y la guerra en la Costa en los años ochenta. Aquí hablo no sólo de las contradicciones étnicas, sino que hago énfasis en los errores y abusos porque quiero explicar las causas de la guerra y por qué el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) no logró establecer una base social sólida en la Costa en esos años.

No hay duda de que se hicieron, o se intentaron hacer, muchos proyectos, y yo no tengo dudas de que el gobierno sandinista quería elevar el nivel de vida de la población costeña. Yo no voy a hablar de eso, esta información se puede encontrar en los libros que se hicieron para defender la revolución. Voy a hablar de por qué la gente se levantó.

En estas memorias hago una distinción entre conflicto y guerra. Como la Costa es diversa, y hay injusticias y desigualdad entre los grupos étnicos, la posibilidad de conflictos está siempre presente. Pero estos conflictos se pueden resolver de manera pacífica. La resolución violenta de los conflictos en los ochenta no era necesaria, y era incompatible con una revolución popular en la Costa.

Hablando de la Costa, en este libro voy a usar el nombre de costa Caribe porque ese es el nombre que más se usa ahora. El uso cotidiano del término costa Caribe viene de las reformas constitucionales de 2014, en las que a la Costa se le llamó costa Caribe. En 2016, cuando se hicieron las reformas a la ley de autonomía, ya se le llamaba costa Caribe.

Antes de las reformas constitucionales de 2014, se le llamaba costa Atlántica. Incluso en la ley de autonomía aprobada en 1985, se le llamó costa Atlántica.

Yo recuerdo que en los años ochenta ya había un debate sobre si se debería llamar costa Caribe o costa Atlántica. Recuerdo bien a Roberto Fernández Retamar en Bluefields, en uno de los Mayo Ya en los que participó, argumentando que Nicaragua daba al Caribe no al Atlántico, y que la cultura de Bluefields era caribeña. Entiendo que de esos debates culturales es que nace la idea de designar a la costa como Caribe.

Técnicamente, la costa está en el mar Caribe. El biólogo y ambientalista nicaragüense Jaime Incer Barquero, en su Geografía Básica Ilustrada de Nicaragua, que publicó en 2008, la llamó la Región del Caribe. En 2009 la Academia de Historia y Geografía de Nicaragua publicó un libro en el que Jorge Eduardo Arellano recopiló ensayos, cuentos y poesía de la Costa con el título de La Costa Caribe Nicaragüense desde sus orígenes hasta el siglo XXI.

Culturalmente también: un buen porcentaje de la población costeña tiene bastante en común con Jamaica, Gran Caimán y otras islas del Caribe.

Pero el Caribe es un mar del océano Atlántico. Entonces, entiendo yo que se le puede llamar de las dos maneras. En la Costa hay gente que prefiere costa Caribe y otros que prefieren costa Atlántica. Yo estoy usando costa Caribe por las razones mencionadas anteriormente.

Finalmente, para refrescar la memoria he leído los escritos de Edmund T. Gordon, Charles R. Hale, Jorge Jenkins y Gregorio Smutko. Además, a través de los años he conversado con Hazel Law, Gonzalo Gradiz, Rubén López, Francisco López Urbina (Chico López), Noel Acosta, Adolfo Chávez, Roberto Moreno (Tito Moreno), Rodolfo García (Pichín), Gustavo Castro Jo, Wilfredo Machado, Eddy Alemán, Douglas Carcache, Galio Gurdián y Mathew Brack. Ellos me contaron algunas cosas que yo no sabía y que decidí integrar a estas memorias porque contribuyen a entender lo que pasó.

Sin embargo, la mayor parte de lo que cuento aquí viene de lo que yo recuerdo de los sucesos en los que participé u observé. Estas son mis interpretaciones de los mismos, y creo que está de más decir que otros vieron estos sucesos desde otras perspectivas.   

Y para concluir esta introducción quiero agradecer a las personas que hicieron posible la publicación de este libro:  Roberto Moreno García, que me ayudó a cotejar algunos datos y trabajó en mejorar la calidad de las fotos; a Dariel Loáisiga Castro y Kathy Yih, que leyeron el manuscrito y ofrecieron sugerencias para mejorarlo; y a Salvadora Navas por su diligente e incansable trabajo como editora.

HISTORIA NACIONAL DE LO ABYECTO

Agua fuerte de posguerra

Este cuento pueden encontrarlo en la más reciente publicación de Luis Báez «Historia nacional de los abyecto»

Apareció en la casucha de láminas y cartones como siempre: acuclillado y tembleque, chorreando lluvia negrísima de montaña. Anselmo, se llamaba.
Afuera, el sol multiplicaba su ardor sobre la piel de la gente que circulaba más allá de las paredes de zinc que resplandecían entre la brisa corrosiva del Xolotlán.
Carlos pensaba que nadie, ni sus más íntimos demonios, podrían reconocerlo en medio de tanta inmundicia. A veces, cuando el hambre apretaba y el calor arreciaba, ni siquiera él mismo atinaba a reconocerse.
Sin embargo, ahí estaba Anselmo, trémulo y absorto, como de costumbre.
Carlos tomó la mitad de un cigarrillo que llevaba en la oreja y lo prensó entre sus labios. Después exhaló la primera bocanada junto a unas pocas palabras.
“Ya sé lo que me venís a decir: que te mataron. Y que yo di la orden…”
Desde que terminó la guerra, Anselmo acostumbraba aparecer, permanecía en silencio y luego desaparecía. Esta vez, sin embargo, articuló palabras.
“No. No, no. Nada de eso, compita. Nada de eso”. “…y yo te voy a decir que creímos que te habías volteado”, sonrió Carlos, “pero eso ya no importa, porque vos y yo sabemos cómo fue la cosa. Y ya nada de lo que
hicimos lo podemos deshacer”. “¿La guerra decís?”
“La guerra. No. Eso no lo hicimos porque quisimos. Ya ves que fueron los otros los que salieron ganando…”
“¿Los muertos?”
“Sí. Y yo mandé a hacer el hoyo donde te enterramos, no sé si supiste… fue a la carrera. Seguro que ni te alcanzó todo el cuerpo… lo tuyo sí fue una cagada”.
“La primera noche un animal me mascó el brazo.
Después de arrancarme toda la carne de la muñeca, se me llevó una mano. Pero solo fueron las manos lo que me quedaron de fuera, compita. No se ahueve. La cara sí me quedó bien plantada en la tierra. Una tierra
negra, buenísima para la siembra…”
Carlos aplastó la colilla con la planta del pie y la chispa chirrió brevemente sobre el piso de tierra húmeda.
“Bueno”, dijo Carlos, “ya voy a poder dormir. Vos sabés, porque tu muerte fue semilla en tierra fértil y etcétera. Como decían los comandantes…”, murmuró Carlos con solemnidad.
“¡Dirección nacional, ordene!”, exclamó Anselmo mientras asumía porte marcial y se llevaba el muñón a la frente.
“¡La runga, compa…!”
“¡Son chochadas! aquí hasta los comandantes son puetas”.
“¡…esa es nuestra poesía, compita. La runga!”
Los dos rompieron en carcajadas.
El sol resplandecía con furia fuera de las paredes de zinc y cartones viejos, abrasando una ciudad obstinada en crecer entre un gusanero de muertos.
La casucha reverberaba junto a la costa del lago donde los sueños y sacrificios de todos nuestros muertos se sedimentan con la mierda de los vivos.

Corazón delator

DELATOR UN TRIBUTO A SODA STEREO

‘Corazón Delator’ es una canción compuesta por Gustavo Cerati, quien se inspiró en un cuento de Edgar Allan Poe titulado ‘El Corazón Delator’ (1843).

En ambas obras se conectan el carácter pensativo en que los autores exteriorizan el sentido de la locura de una manera reflexiva y enajenada y cómo el corazón delata a los personajes en la intriga figurada; una simbiosis convexa entre el amor y la locura.

Como suele sucederle a cualquier corazón cuando le es inevitable ocultar sus sentimientos, como al tuyo, al mío, al de todos.

TRÁTAME SUAVEMENTE

No quiero soñar mil veces las mismas cosas.

Soda Stereo, 1984.

Entiendo que el que tiene la mente jodida soy yo. Me harto una y mil veces de tus estúpidos comentarios, puede que tengás toda la razón del mundo pero déjame ser así. De todas formas, así me siento bien.

Nada me queda por reclamar, yo no he sido ninguna santa paloma, ¡por favor! Yo también hice y deshice a mi antojo sin medir las consecuencias y mirame, aquí estoy, otra vez hecho mierda por alimentar una egolatría absurda que según yo me hacía sentir el mejor, ¡no jodás! Ella también la cagó un millón de veces y aún así yo todo le perdoné, precisamente porque yo también andaba en lo mismo. El gran problema es que aquí quien lo perdió todo fui yo, ella tranquila, haciendo su vida, la vida que venía haciendo mientras estaba conmigo y yo como siempre haciéndome el desentendido.

Y estos argumentos no me ayudan en absolutamente nada, al contrario, me desarman la poca y soez existencia que me queda… si es que algo queda de este mendrugo de cuerpo.

Tuve que parar de llorar porque sí. Ya era demasiado el ridículo, lo bueno es que todavía la poca dignidad que conservo no me permite que los demás me vean llorar. Eso solo a vos te lo permito, solo vos me importás y solo con vos quiero llorar, no me des ninguna despedida, sabiendo que esta es la última vez que te miraré, solo quiero que me tratés suavemente.

Conquista y colonización de la cocina nicaragüense

CHANCHOS, CHANCHADAS

Y OTRAS CHANCHADITAS

A Jesús Martínez-Almela

–con quien compartí unos chicharrones–

El chancho es un animal de cuerpo redondeado, patas con pezuña y generalmente cubierto de pelo, de unas cerdas gruesas y ásperas, es mamífero. Se reproducen rápidamente. Fueron domesticados por el hombre hace unos trece mil años. Su nombre científico es Sus scrofa ssp. Domestica. Es pariente del jabalí, del danto y del zahíno, come cualquier cosa –omnívoro– generalmente se le llama cerdo, puerco, marrano o choche, en Centroamérica se le llama chancho en Nicaragua y Costa Rica, igualmente lo hacen en Argentina, Uruguay, Chile, Bolivia y Paraguay.

En el lunfardo argentino le denominan chancho al boletero, quien verifica los boletos de autobuses y tranvías, en el habla peruana así denominan al trasero de la mujer.

En el Horóscopo chino el cerdo o chancho es el signo número 12, su mes es noviembre y los nacidos bajo ese signo son sensuales, aprecian del buen comer y beber. Son de esas personas a las que les gusta pasar un buen rato. El Cerdo es muy apasionado y se mantendrá vigoroso inclusive en su vejez. Generosos hasta el cansancio, si necesitas apoyo o ayuda sin duda debes llamar a un nacido bajo el signo de Cerdo.

Fragmento de «Chanchos chanchadas y otras chanchaditas«

Fuga de Canto Grande de Claribel Alegría y Darwin J. “Bud” Flakoll “Claribud” –como se firmaban–.

Fuga de Canto Grande es el relato de cómo los militantes peruanos del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), pasaron tres años planificando y excavando un túnel de 345 metros en las afueras de Lima, al pie de los Andes. No sólo son los detalles físicos de la construcción del túnel fascinante sino las vicisitudes, peligros, tensiones y demoras con las cuales tropezaron durante los largos meses de la excavación, lo que hace que este relato sea conmovedor.

anamá Ediciones cumple el deseo de nuestra querida Claribel, ver publicadas estas entrevistas.

Puede encontrarlo en Tienda Literato e Hispamer.

Amante en la noche oscura – Oscar de Baltodano

Son muchas y variadas las condiciones en que el hombre se enfrenta a su semejante. No son menos las del hombre que, ante Dios, lo trascendente, o lo mítico, hinca la rodilla, frunce el ceño, se inflama de impostura o esconde su devoción íntima. Dedicar poesía a Diós, tan poco frecuente en nuestros días pero tan necesaria para el que urge poner palabras a su sentir, supera con creces la tradición decimonónica en la lírica de Baltodano-Pallais. Es la poesía de este autor, a veces descarnada y a menudo insuflada de un erotismo elevado, ejemplo de la mejor tradición de misticismo en verso. 

Probablemente será incomprendida o cubierta de la habitual pátina del crítico freudiano que, más allá de lo que la inspiración dicte, busca respuestas artificiosas a las palabras sencillas. Si la poética baltodaniana es sincera, límpida y a veces, cristalina en su declamatoria, es también compleja y oscura en su significado. No estamos habituados a leer, de forma tan hiriente a veces, y intimista en otras, poemas de inspiración religiosa como éstos. Poesía donde la devoción resulta clave, donde el género es lo de menos, y donde la sensación del sediento de Dios se acumula, página tras página, como un cafarnaún de sentimientos. Baltodano ruge al cuerpo, domina el verbo, somete el senso i se nutre de fe. Y de ello hace un corpus poético reunido baja el nada inocente título Amante en la noche oscura. 
Sentirse penetrado por las saetas de cada verso de Amante en la noche oscura debe ser, a ojos del lector abandonado a estos poemas, lo más próximo a Santa Teresa en su éxtasis. Amar no es sencillo, y amar a Dios, al prójimo, o al semejante es un proceso a veces esforzado y a veces natural, en la que el erotismo – despojado de sus advocaciones contemporáneas y trasnochadas – no es otra cosa que la pasión amorosa del hombre hacia aquello ansiado. 
¿Y no debería ser Dios -llámese como se llame ese demiurgo- lo más ansiado por el hombre hastiado de esta Sodoma moderna?

Albert Torras i Corbella

(Periodista y escritor)

Así en la tierra como en el cielo (Ernesto Cardenal)

Título: Así en la tierra como en el cielo

Autor: Ernesto Cardenal

Clasificación: Poesía

Año de publicación: 2018

Formato: 8.5 x 9.2 pulg.

ISBN: 978-99924-75-62-1

Editorial: Anamá

Edición: 1

No. de páginas: 60

Sinopsis: Para festejar el 93 aniversario del nacimiento de Ernesto Cardenal, anamá Ediciones publica Así en la tierra como en el cielo, poema inédito e ilustrado que “es una oración en la que sobresale el interés de Cardenal por la ciencia”. En este último poema-oración de Cardenal, el poeta habla sobre “el cosmos, la creación, vida, muerte y resurrección”, temas que Cardenal también ha abordado en varios de sus libros, entre ellos Cántico cósmico (1989), y en antológicos como Somos polvo de estrellas (2013).

 

El viaje a Egipto (Hermann Schulz)

Título: El viaje a Egipto

Autor: Hermann Schulz

Ilustración: Tobias  Krejtschi

Traducción del alemán al castellano: Luis Kliche

Clasificación: Infantil

Año de publicación: 2018

Formato: 6.6 x 9.4 pulg.

ISBN: 978-99924-75-61-4

Editorial: Anamá

Edición: 1

No. de páginas: 67

Sinopsis: Un día, la enfermera Salvadora, encuentra a un pequeño frente a la puerta del hospital de niños “La Mascota”, en Managua. Su nombre es Filemón, tiene unos seis años y está muy enfermo. Filemón queda al cuidado de la enfermera, y el doctor Fernando Silva, médico del hospital, se encarga de él. Muchas son las preocupaciones que tienen ambos alrededor de los niños, hasta que Filemón pide un deseo que abre los corazones de todos y un hermoso milagro empieza.

Una historia cálida para pequeños y grandes lectores.