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EL GIGANTE NUNCA HA ESTADO DORMIDO

Estas son mis memorias sobre los conflictos étnicos y la guerra en la costa Caribe en los ochenta, pero tiene elementos autobiográficos porque también me interesa que este sea un testimonio de alguien que vivió la revolución sandinista y la guerra en la Costa en los años ochenta. Aquí hablo no sólo de las contradicciones étnicas, sino que hago énfasis en los errores y abusos porque quiero explicar las causas de la guerra y por qué el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) no logró establecer una base social sólida en la Costa en esos años.

No hay duda de que se hicieron, o se intentaron hacer, muchos proyectos, y yo no tengo dudas de que el gobierno sandinista quería elevar el nivel de vida de la población costeña. Yo no voy a hablar de eso, esta información se puede encontrar en los libros que se hicieron para defender la revolución. Voy a hablar de por qué la gente se levantó.

En estas memorias hago una distinción entre conflicto y guerra. Como la Costa es diversa, y hay injusticias y desigualdad entre los grupos étnicos, la posibilidad de conflictos está siempre presente. Pero estos conflictos se pueden resolver de manera pacífica. La resolución violenta de los conflictos en los ochenta no era necesaria, y era incompatible con una revolución popular en la Costa.

Hablando de la Costa, en este libro voy a usar el nombre de costa Caribe porque ese es el nombre que más se usa ahora. El uso cotidiano del término costa Caribe viene de las reformas constitucionales de 2014, en las que a la Costa se le llamó costa Caribe. En 2016, cuando se hicieron las reformas a la ley de autonomía, ya se le llamaba costa Caribe.

Antes de las reformas constitucionales de 2014, se le llamaba costa Atlántica. Incluso en la ley de autonomía aprobada en 1985, se le llamó costa Atlántica.

Yo recuerdo que en los años ochenta ya había un debate sobre si se debería llamar costa Caribe o costa Atlántica. Recuerdo bien a Roberto Fernández Retamar en Bluefields, en uno de los Mayo Ya en los que participó, argumentando que Nicaragua daba al Caribe no al Atlántico, y que la cultura de Bluefields era caribeña. Entiendo que de esos debates culturales es que nace la idea de designar a la costa como Caribe.

Técnicamente, la costa está en el mar Caribe. El biólogo y ambientalista nicaragüense Jaime Incer Barquero, en su Geografía Básica Ilustrada de Nicaragua, que publicó en 2008, la llamó la Región del Caribe. En 2009 la Academia de Historia y Geografía de Nicaragua publicó un libro en el que Jorge Eduardo Arellano recopiló ensayos, cuentos y poesía de la Costa con el título de La Costa Caribe Nicaragüense desde sus orígenes hasta el siglo XXI.

Culturalmente también: un buen porcentaje de la población costeña tiene bastante en común con Jamaica, Gran Caimán y otras islas del Caribe.

Pero el Caribe es un mar del océano Atlántico. Entonces, entiendo yo que se le puede llamar de las dos maneras. En la Costa hay gente que prefiere costa Caribe y otros que prefieren costa Atlántica. Yo estoy usando costa Caribe por las razones mencionadas anteriormente.

Finalmente, para refrescar la memoria he leído los escritos de Edmund T. Gordon, Charles R. Hale, Jorge Jenkins y Gregorio Smutko. Además, a través de los años he conversado con Hazel Law, Gonzalo Gradiz, Rubén López, Francisco López Urbina (Chico López), Noel Acosta, Adolfo Chávez, Roberto Moreno (Tito Moreno), Rodolfo García (Pichín), Gustavo Castro Jo, Wilfredo Machado, Eddy Alemán, Douglas Carcache, Galio Gurdián y Mathew Brack. Ellos me contaron algunas cosas que yo no sabía y que decidí integrar a estas memorias porque contribuyen a entender lo que pasó.

Sin embargo, la mayor parte de lo que cuento aquí viene de lo que yo recuerdo de los sucesos en los que participé u observé. Estas son mis interpretaciones de los mismos, y creo que está de más decir que otros vieron estos sucesos desde otras perspectivas.   

Y para concluir esta introducción quiero agradecer a las personas que hicieron posible la publicación de este libro:  Roberto Moreno García, que me ayudó a cotejar algunos datos y trabajó en mejorar la calidad de las fotos; a Dariel Loáisiga Castro y Kathy Yih, que leyeron el manuscrito y ofrecieron sugerencias para mejorarlo; y a Salvadora Navas por su diligente e incansable trabajo como editora.

HISTORIA NACIONAL DE LO ABYECTO

Agua fuerte de posguerra

Este cuento pueden encontrarlo en la más reciente publicación de Luis Báez «Historia nacional de los abyecto»

Apareció en la casucha de láminas y cartones como siempre: acuclillado y tembleque, chorreando lluvia negrísima de montaña. Anselmo, se llamaba.
Afuera, el sol multiplicaba su ardor sobre la piel de la gente que circulaba más allá de las paredes de zinc que resplandecían entre la brisa corrosiva del Xolotlán.
Carlos pensaba que nadie, ni sus más íntimos demonios, podrían reconocerlo en medio de tanta inmundicia. A veces, cuando el hambre apretaba y el calor arreciaba, ni siquiera él mismo atinaba a reconocerse.
Sin embargo, ahí estaba Anselmo, trémulo y absorto, como de costumbre.
Carlos tomó la mitad de un cigarrillo que llevaba en la oreja y lo prensó entre sus labios. Después exhaló la primera bocanada junto a unas pocas palabras.
“Ya sé lo que me venís a decir: que te mataron. Y que yo di la orden…”
Desde que terminó la guerra, Anselmo acostumbraba aparecer, permanecía en silencio y luego desaparecía. Esta vez, sin embargo, articuló palabras.
“No. No, no. Nada de eso, compita. Nada de eso”. “…y yo te voy a decir que creímos que te habías volteado”, sonrió Carlos, “pero eso ya no importa, porque vos y yo sabemos cómo fue la cosa. Y ya nada de lo que
hicimos lo podemos deshacer”. “¿La guerra decís?”
“La guerra. No. Eso no lo hicimos porque quisimos. Ya ves que fueron los otros los que salieron ganando…”
“¿Los muertos?”
“Sí. Y yo mandé a hacer el hoyo donde te enterramos, no sé si supiste… fue a la carrera. Seguro que ni te alcanzó todo el cuerpo… lo tuyo sí fue una cagada”.
“La primera noche un animal me mascó el brazo.
Después de arrancarme toda la carne de la muñeca, se me llevó una mano. Pero solo fueron las manos lo que me quedaron de fuera, compita. No se ahueve. La cara sí me quedó bien plantada en la tierra. Una tierra
negra, buenísima para la siembra…”
Carlos aplastó la colilla con la planta del pie y la chispa chirrió brevemente sobre el piso de tierra húmeda.
“Bueno”, dijo Carlos, “ya voy a poder dormir. Vos sabés, porque tu muerte fue semilla en tierra fértil y etcétera. Como decían los comandantes…”, murmuró Carlos con solemnidad.
“¡Dirección nacional, ordene!”, exclamó Anselmo mientras asumía porte marcial y se llevaba el muñón a la frente.
“¡La runga, compa…!”
“¡Son chochadas! aquí hasta los comandantes son puetas”.
“¡…esa es nuestra poesía, compita. La runga!”
Los dos rompieron en carcajadas.
El sol resplandecía con furia fuera de las paredes de zinc y cartones viejos, abrasando una ciudad obstinada en crecer entre un gusanero de muertos.
La casucha reverberaba junto a la costa del lago donde los sueños y sacrificios de todos nuestros muertos se sedimentan con la mierda de los vivos.

Corazón delator

DELATOR UN TRIBUTO A SODA STEREO

‘Corazón Delator’ es una canción compuesta por Gustavo Cerati, quien se inspiró en un cuento de Edgar Allan Poe titulado ‘El Corazón Delator’ (1843).

En ambas obras se conectan el carácter pensativo en que los autores exteriorizan el sentido de la locura de una manera reflexiva y enajenada y cómo el corazón delata a los personajes en la intriga figurada; una simbiosis convexa entre el amor y la locura.

Como suele sucederle a cualquier corazón cuando le es inevitable ocultar sus sentimientos, como al tuyo, al mío, al de todos.

TRÁTAME SUAVEMENTE

No quiero soñar mil veces las mismas cosas.

Soda Stereo, 1984.

Entiendo que el que tiene la mente jodida soy yo. Me harto una y mil veces de tus estúpidos comentarios, puede que tengás toda la razón del mundo pero déjame ser así. De todas formas, así me siento bien.

Nada me queda por reclamar, yo no he sido ninguna santa paloma, ¡por favor! Yo también hice y deshice a mi antojo sin medir las consecuencias y mirame, aquí estoy, otra vez hecho mierda por alimentar una egolatría absurda que según yo me hacía sentir el mejor, ¡no jodás! Ella también la cagó un millón de veces y aún así yo todo le perdoné, precisamente porque yo también andaba en lo mismo. El gran problema es que aquí quien lo perdió todo fui yo, ella tranquila, haciendo su vida, la vida que venía haciendo mientras estaba conmigo y yo como siempre haciéndome el desentendido.

Y estos argumentos no me ayudan en absolutamente nada, al contrario, me desarman la poca y soez existencia que me queda… si es que algo queda de este mendrugo de cuerpo.

Tuve que parar de llorar porque sí. Ya era demasiado el ridículo, lo bueno es que todavía la poca dignidad que conservo no me permite que los demás me vean llorar. Eso solo a vos te lo permito, solo vos me importás y solo con vos quiero llorar, no me des ninguna despedida, sabiendo que esta es la última vez que te miraré, solo quiero que me tratés suavemente.

Conquista y colonización de la cocina nicaragüense

CHANCHOS, CHANCHADAS

Y OTRAS CHANCHADITAS

A Jesús Martínez-Almela

–con quien compartí unos chicharrones–

El chancho es un animal de cuerpo redondeado, patas con pezuña y generalmente cubierto de pelo, de unas cerdas gruesas y ásperas, es mamífero. Se reproducen rápidamente. Fueron domesticados por el hombre hace unos trece mil años. Su nombre científico es Sus scrofa ssp. Domestica. Es pariente del jabalí, del danto y del zahíno, come cualquier cosa –omnívoro– generalmente se le llama cerdo, puerco, marrano o choche, en Centroamérica se le llama chancho en Nicaragua y Costa Rica, igualmente lo hacen en Argentina, Uruguay, Chile, Bolivia y Paraguay.

En el lunfardo argentino le denominan chancho al boletero, quien verifica los boletos de autobuses y tranvías, en el habla peruana así denominan al trasero de la mujer.

En el Horóscopo chino el cerdo o chancho es el signo número 12, su mes es noviembre y los nacidos bajo ese signo son sensuales, aprecian del buen comer y beber. Son de esas personas a las que les gusta pasar un buen rato. El Cerdo es muy apasionado y se mantendrá vigoroso inclusive en su vejez. Generosos hasta el cansancio, si necesitas apoyo o ayuda sin duda debes llamar a un nacido bajo el signo de Cerdo.

Fragmento de «Chanchos chanchadas y otras chanchaditas«

Fuga de Canto Grande de Claribel Alegría y Darwin J. “Bud” Flakoll “Claribud” –como se firmaban–.

Fuga de Canto Grande es el relato de cómo los militantes peruanos del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), pasaron tres años planificando y excavando un túnel de 345 metros en las afueras de Lima, al pie de los Andes. No sólo son los detalles físicos de la construcción del túnel fascinante sino las vicisitudes, peligros, tensiones y demoras con las cuales tropezaron durante los largos meses de la excavación, lo que hace que este relato sea conmovedor.

anamá Ediciones cumple el deseo de nuestra querida Claribel, ver publicadas estas entrevistas.

Puede encontrarlo en Tienda Literato e Hispamer.

Amante en la noche oscura – Oscar de Baltodano

Son muchas y variadas las condiciones en que el hombre se enfrenta a su semejante. No son menos las del hombre que, ante Dios, lo trascendente, o lo mítico, hinca la rodilla, frunce el ceño, se inflama de impostura o esconde su devoción íntima. Dedicar poesía a Diós, tan poco frecuente en nuestros días pero tan necesaria para el que urge poner palabras a su sentir, supera con creces la tradición decimonónica en la lírica de Baltodano-Pallais. Es la poesía de este autor, a veces descarnada y a menudo insuflada de un erotismo elevado, ejemplo de la mejor tradición de misticismo en verso. 

Probablemente será incomprendida o cubierta de la habitual pátina del crítico freudiano que, más allá de lo que la inspiración dicte, busca respuestas artificiosas a las palabras sencillas. Si la poética baltodaniana es sincera, límpida y a veces, cristalina en su declamatoria, es también compleja y oscura en su significado. No estamos habituados a leer, de forma tan hiriente a veces, y intimista en otras, poemas de inspiración religiosa como éstos. Poesía donde la devoción resulta clave, donde el género es lo de menos, y donde la sensación del sediento de Dios se acumula, página tras página, como un cafarnaún de sentimientos. Baltodano ruge al cuerpo, domina el verbo, somete el senso i se nutre de fe. Y de ello hace un corpus poético reunido baja el nada inocente título Amante en la noche oscura. 
Sentirse penetrado por las saetas de cada verso de Amante en la noche oscura debe ser, a ojos del lector abandonado a estos poemas, lo más próximo a Santa Teresa en su éxtasis. Amar no es sencillo, y amar a Dios, al prójimo, o al semejante es un proceso a veces esforzado y a veces natural, en la que el erotismo – despojado de sus advocaciones contemporáneas y trasnochadas – no es otra cosa que la pasión amorosa del hombre hacia aquello ansiado. 
¿Y no debería ser Dios -llámese como se llame ese demiurgo- lo más ansiado por el hombre hastiado de esta Sodoma moderna?

Albert Torras i Corbella

(Periodista y escritor)

Así en la tierra como en el cielo (Ernesto Cardenal)

Título: Así en la tierra como en el cielo

Autor: Ernesto Cardenal

Clasificación: Poesía

Año de publicación: 2018

Formato: 8.5 x 9.2 pulg.

ISBN: 978-99924-75-62-1

Editorial: Anamá

Edición: 1

No. de páginas: 60

Sinopsis: Para festejar el 93 aniversario del nacimiento de Ernesto Cardenal, anamá Ediciones publica Así en la tierra como en el cielo, poema inédito e ilustrado que “es una oración en la que sobresale el interés de Cardenal por la ciencia”. En este último poema-oración de Cardenal, el poeta habla sobre “el cosmos, la creación, vida, muerte y resurrección”, temas que Cardenal también ha abordado en varios de sus libros, entre ellos Cántico cósmico (1989), y en antológicos como Somos polvo de estrellas (2013).

 

El viaje a Egipto (Hermann Schulz)

Título: El viaje a Egipto

Autor: Hermann Schulz

Ilustración: Tobias  Krejtschi

Traducción del alemán al castellano: Luis Kliche

Clasificación: Infantil

Año de publicación: 2018

Formato: 6.6 x 9.4 pulg.

ISBN: 978-99924-75-61-4

Editorial: Anamá

Edición: 1

No. de páginas: 67

Sinopsis: Un día, la enfermera Salvadora, encuentra a un pequeño frente a la puerta del hospital de niños “La Mascota”, en Managua. Su nombre es Filemón, tiene unos seis años y está muy enfermo. Filemón queda al cuidado de la enfermera, y el doctor Fernando Silva, médico del hospital, se encarga de él. Muchas son las preocupaciones que tienen ambos alrededor de los niños, hasta que Filemón pide un deseo que abre los corazones de todos y un hermoso milagro empieza.

Una historia cálida para pequeños y grandes lectores.

Pedro Joaquín ¡Juega! (Edmundo Jarquín)

Título: Pedro Joaquín ¡juega!

Autor: Edmundo Jarquín

Clasificación: Memorias

Año de publicación: 2018

Formato: 5.9 x 8.9 pulg.

ISBN: 978-99924-75-63-8

Editorial: Anamá

Edición: 2

No. de páginas: 334

Sinopsis: A 40 años de la muerte de Pedro Joaquín Chamorro se presenta esta reedición de Pedro Joaquín ¡Juega!, un breve perfil biográfico (1924-1978) hecho por Edmundo Jarquín, “sobre el telón de fondo de la historia que le tocó vivir, que fue, en efecto, la de la dictadura somocista (1932-1979), y la más amplia de nuestra historia republicana”.

Próximamente: Pedro Joaquín ¡Juega! (Edmundo Jarquín)

A 40 años de la muerte de Pedro Joaquín Chamorro se presenta esta reedición de Pedro Joaquín ¡Juega!, un breve perfil biográfico (1924-1978) hecho por Edmundo Jarquín, «sobre el telón de fondo de la historia que le tocó vivir, que fue, en efecto, la de la dictadura somocista (1932-1979), y la más amplia de nuestra historia republicana”.

Podés encontrar esta obra en librerías a partir del 10 de enero de 2018.


La vida de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal (1924-1978) y la dictadura somocista en Nicaragua (1932-1979) fueron dos paralelas en tiempo y espacio. Pedro Joaquín nació en 1924, una década antes de que se iniciara la dictadura, pareciera que vivió para combatirla y su asesinato precipitó el fin de la misma, en julio de 1979.

Poco de su vida puede explicarse al margen de la dictadura, y si bien la evolución de la misma no se explica a partir de su interacción con Pedro, ni mucho menos, en algunos de sus capítulos importantes –no solamente en su final– la figura de Pedro Joaquín adquirió verdadera relevancia histórica. Sus virtudes y defectos, fuerzas y debilidades, aciertos y errores, pasiones y vehemencias, alegrías y tristezas, su intransigencia y tenacidad, y las amarguras de sus soledades y aislamientos, así como las satisfacciones de los afectos y reconocimientos que recibió, solamente pueden entenderse en ese contexto.

Es frente a la dictadura que se demarcó el periodista, el escritor testimonial, el narrador y el político que intento rescatar de mi memoria, de los textos, y de la memoria de otros, amigos y adversarios de Pedro Joaquín, a quienes entrevisté. Él fue una de las personalidades más polémicas, controversiales, apasionantes, y sin duda, más importantes de la historia de Nicaragua en el siglo XX.

Su asesinato, el 10 de enero de 1978, ha sido considerado como el detonante de un proceso de conmoción social y política, de agudización de la crisis económica, de incremento del aislamiento internacional del gobierno de Anastasio Somoza Debayle y de expansión de la lucha armada del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, que condujo al fin de la dinastía somocista. Pedro Joaquín había llegado a ser un símbolo moral y político de todas las resistencias que la dictadura había generado dentro y fuera de Nicaragua. Por eso su asesinato fue un catalítico de todas ellas. Pero la fuerza de ese detonante no se podría explicar únicamente por la fuerza convocante del símbolo que era Pedro Joaquín.

(…)

A principios de 1978 la dictadura somocista estaba indudablemente, en un ciclo bajo, porque los tuvo altos en términos del apoyo que convocaba. Durante un largo período, pese a la obstinada resistencia de patriotas que siempre la repudiaron, la dictadura se benefició del amplio apoyo social y político derivado del acelerado proceso de modernización y crecimiento económico, aunque muy desigual en términos sociales, que Nicaragua experimentó especialmente entre 1950 y 1972. Pero siempre nepótica, dinástica, corrupta, cruel, presta a recurrir a la más brutal represión cuando lo necesitaba: aunque a veces flexible, marrullera, populista y hasta con giros antioligárquicos, forjando alianzas, engatusando, abriendo espacios, jugando a los acomodos internacionales (especialmente los de la política norteamericana), cediendo temporalmente para recuperar fuerzas y consolidarse después. Hasta caer.

Los nicaragüenses, que hemos sido una de las sociedades latinoamericanas más profunda y radicalmente desgarradas por nuestras pasiones y odios políticos, y por nuestras rivalidades personales, familiares y regionales, que nos han conducido a los mayores excesos de guerras civiles e intervenciones foráneas (siempre, invitadas por, o al menos con la complicidad de nosotros mismos), hemos tendido a ver nuestra historia con el prisma de nuestra radical intolerancia: hay historia liberal, en la que los villanos son los conservadores; historia conservadora, es decir, escrita por los conservadores, en la que todos los males recaen sobre los liberales; historia antisandinista, en la que no cabe el menor asomo de bondad en la lucha del General Sandino y sus seguidores; finalmente, historia escrita desde la óptica del FSLN, en la que todo lo que no era FSLN era malo o inexistente.

(…)

Los nicaragüenses debemos aprender que por culpa de todos Nicaragua ha perdido un siglo, sí, un siglo, en términos de su modernización política y por tanto de la posibilidad de convivir pacífica y democráticamente. Y aquí reside la explicación de nuestro atraso económico y de nuestros lacerantes problemas sociales. Como señala Arturo Cruz Sequeira, “la incapacidad de hacer la transición política a finales del siglo XIX, tal como ocurrió a finales de los años setenta de este siglo, hizo que los logros económicos de los treinta años, como los del régimen de los Somoza, no fueran sostenibles”.

En uno de sus editoriales de los años sesenta, Pedro se interrogaba por las causas de nuestro atraso y reflexionaba de una manera que parece un mensaje para las generaciones que le han sobrevivido:

¿Por qué?… Porque nuestros administradores, autócratas, fueron incapaces por una parte de romper con el pasado, y por otra de administrar bien el presente… Ellos, como nosotros, son hijos del pasado; pero ellos se han quedado mirando hacia la Sodoma que fue el pasado, y por eso abordan el presente sin moverse, sin progresar, convertidos en sal.

Nosotros no debemos mirar hacia atrás. Al contrario, debemos dejar nuestro pasado hundido en la oscuridad y comenzar a comprender, también, porque quienes no hacen eso pertenecen ya al pasado.

Si vemos a la dictadura somocista solamente como una página negra y aislada de nuestra historia, y no como parte de todo un pasado que no debe repetirse, y la juzgamos solamente desde el ángulo de quienes la adversamos y combatimos, no entenderemos bien la historia de ese período, y, para los propósitos de este trabajo –un esbozo biográfico político de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal– los perfiles de su figura personal y política se diluirían entre la apología, la mentira, el error, el sinsentido.

La historia de Nicaragua está llena de héroes y mártires guerreros que se han destacado en el campo de la batalla militar. Ya no necesitamos más. Frente a ese prototipo del héroe nicaragüense, guerrero, Pedro Joaquín emerge como un anti-héroe. Es decir como un héroe civil, cívico, ciudadano. Pedro también empuñó las armas, pero con el objetivo de que nunca más los nicaragüenses tuviésemos que hacer lo mismo.

Necesitamos héroes civiles. Ciudadanos que ejerzan sus derechos y cumplan con sus deberes, que paguen sus impuestos y demanden del gobierno sus responsabilidades; gobernantes modestos y eficientes; funcionarios probos y jueces honestos; militares respetuosos de la ley y protectores de los civiles –sí, un militar puede ser un héroe civil–; requerimos vecinos preocupados por su barrio, por las escuelas y centros de salud de su vecindario; empresarios honrados, que innoven e inviertan; creyentes tolerantes de las confesiones de los otros; precisamos mujeres y hombres solidarios con los desvalidos, con los excluidos y vulnerables, y jóvenes que trasciendan el vértigo egoísta de la satisfacción inmediata. Demandamos que la política sea una vocación de servicio público y una forma superior de la solidaridad social. Sencillamente, necesitamos ciudadanos, esos héroes cotidianos que han escaseado en nuestra historia sangrante y enconada.

En su dimensión pública, política y periodística, Pedro también fue un anti-héroe, en tanto tuvo que confrontar un dilema existencial: por una parte, su vehemente optimismo en el futuro ante el fin de la dictadura que veía acercarse; por otra, la certidumbre de que sería eliminado antes de ver sus sueños realizados, y que su trágica desaparición –siempre la concibió así– lograría la unidad nacional que en vida nunca vio, por los fraccionalismos, personalismos, ambiciones y miseria moral que han dominado nuestra política.

A raíz del establecimiento del Estado de Sitio y la censura en diciembre de 1974, Pedro Joaquín se sintió amenazado de muerte y así lo consignó en la primera página de un diario que empezó a llevar el 13 de febrero de 1975. La lectura de ese diario, que solamente se conociera en 1990, deja una clara impresión de que en los últimos años de su vida recibió varias amenazas creíbles de muerte que no lo hicieron cesar en su demanda vehemente por la libertad –“sin libertad de prensa no hay libertad”– y el respeto a las leyes, ni en su permanente grito de ciudadanía.

He escrito este libro enfatizando ese rasgo de su personalidad, el envés del prototipo de héroe nicaragüense, el anti-héroe, incluso desafiando la expectativa que se pueda tener de un libro sobre él. No ha sido el primero ni el único héroe cívico de nuestra historia, pero su demanda apasionada por una república democrática, su reclamo fervoroso de que el civismo prevaleciera sobre la violencia y el militarismo, aun a costa de su vida, le dieron una proyección histórica singular y ha dejado una huella imborrable.

He querido con estas páginas remozar la memoria de Pedro Joaquín, para traer aquí, con nosotros, su obra y personalidad, y ponerla al alcance de la juventud nicaragüense, que acaso desconoce una vida y una labor apasionada por la libertad y la fundación de Nicaragua como república democrática y moderna. Ojalá este reencuentro con la figura de Pedro Joaquín nos mueva a la reflexión y nos lleve al convencimiento que ni dictaduras como la somocista, o de cualquier otra índole, ni martirologios, como el suyo, deben repetirse.

He escrito este libro desde el afecto y la admiración, pero no se encontrará aquí una apología. He querido recuperar la imagen que conservo del Pedro Joaquín vivo, irremisiblemente vivo, y por tanto imperfecto. A la vez he querido recuperar su tiempo, su contexto, su Nicaragua.

Edmundo Jarquín Calderón