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¿Sabés cuál fue el primer texto de un nica en ser impreso?

Es posible mirar la historia cultural desde los libros. Es por eso que la historia del libro documenta cada fase de los procesos creativos de los textos y su materialidad, y los relaciona con otros sistemas (sociales, políticos, culturales) que contituyen la realidad dentro de la que se construyen ambos objetos. Hoy en #MundoEditorial queremos conversar con ustedes sobre la llegada de la imprenta a Centroamérica y del primer texto de un nicaragüense en ser impreso.

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Varios días después de que Fray Francisco de Borja lo contratara, José de Pineda Ibarra -maestro impresor- salió de Puebla, en el altiplano central de México, hacia Santiago de los Caballeros, capital del Reino de Guatemala. Era la peor época del año para hacer un viaje a lomos de mula y peor aún, transportando una máquina impresora. Bajo la lluvia llegó, el 16 julio de 1660, la primera imprenta de Centroamérica a Guatemala.

De Pineda Ibarra instaló su taller frente a la Plaza Mayor de la ciudad. Allí, en 1674, se imprimió por primera vez un texto escrito por un nicaragüense: “Relación verdadera de la reducción de los indios infieles de la provincia de Taguzgalpa, llamados Xicaques…”, del franciscano Fray Fernando Espino (Nueva Segovia, 1597 o 1600-Guatemala, 1676), y aunque es un texto que narra la conversión religiosa de los indígenas y es un claro ejemplo de las imposiciones de la colonia, su valor es innegable pues esta crónica es considerada la primera obra de contenido histórico impresa en el Reino de Guatemala. Pasó más de un siglo -una independencia, un par de guerras- para que fuera posible producir impresos en Nicaragua.

¿Han escuchado hablar de titivillus?

En anamá Ediciones creamos #MundoEditorial para compartir información sobre los procesos editoriales, dialogar sobre nuestras prácticas, o simplemente para traerles contenido interesante relacionado con este oficio. Hoy les hablamos de la explicación que daban en la Edad Media a las erratas que tanto nos hacen sufrir a los y las profesionales del libro.

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“Mi nombre es Tytyvyllus…”, así se presentó a sí mismo en el devocional Myroure of Oure Ladye del siglo XV, Titivillus, el demonio encargado de agregar errores a los textos durante la Edad Media. A Titivillus lo encontramos por primera vez en el Tractatus de Penitentia de Juan de Gales (1285).

En aquellos años, al no contar con un sistema de producción mecánica, los libros eran escritos uno por uno. Las pesadas jornadas de escritura, la poca luz y la dedicación exclusiva a un mismo texto durante mucho tiempo, hacían que los libros tuvieran bastantes errores. Estos errores eran achacados a Titivillus porque se creía que los susurraba a los escribas para ganar almas para Satanás.

Tal vez el escándalo más famoso relacionado a Titivillus es el de la “Biblia maldita”, la que no sólo incitó a las personas a cometer adulterio, sino que le costó cárcel y muerte a su editor.

Así es que desde el siglo XIII Titivillus nos acecha llenando de errores los textos -y ahora, nuestras últimas pruebas de imprenta- sin que las y los escritores, copistas o editores nos demos cuenta.

Si encontrás un error en alguno de nuestros libros, ya sabés quién es el culpable 🤭😜

Ilustración usada: Miniatura de San Bernardo de Clairvaux conversando con un demonio en un libro de horas de 1510.

¿Sabés cuáles son los orígenes de la cultura impresa?

¿Sabés cuáles son los orígenes de la cultura impresa? Hoy en #MundoEditorial hablamos sobre los primeros objetos de estos procesos sin los que no podríamos imaginar nuestras sociedades actuales #ImprimirEsPreservar

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En 1966 fue encontrada una copia del Vimala Mirbhasa Sutra (dhāraņī o invocación budista) en el templo de Pulguk-sa de la ciudad de Kyongju en la península de Corea; su impresión data, aproximadamente, de algún momento entre el 704 y el 751 d.C. Esas fechas convierten al Vimala Mirbhasa en el impreso conocido más antiguo de la historia.

Alrededor de los años 764 y 770 d.C., monjes budistas japoneses imprimieron en xilografía el Hyakumantō dhāraņī o Mukojōkō, una serie de entre cien mil y un millón de rollos que contenían cinco textos diferentes. Antes del descubrimiento del Vimala Mirbhasa se consideraba al Mukojōkō el primer texto impreso por medios mecánicos del mundo.

La impresión del Mukojōkō fue ordenada por la emperatriz Shōtoku para agradecer por el cese de una rebelión; fue la primera gran impresión que se hizo en la historia de la humanidad. Lo que atrae de este gran esfuerzo es que no se hizo para el consumo del público, no fue un ejercicio de distribución editorial y nadie leyó esos textos hasta el siglo XIX. Pero Shōtoku fue la que seleccionó los textos, encomendó la producción de los rollos y, también, los envió a distintos templos de Japón. Todo esto nos lleva a preguntarnos si fue Shōtoku la editora del Mukojōkō.

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Según #RogerChartier (Lyon, 1945) -uno de los más importantes estudiosos de la historia del libro-, “para comprender las significaciones que los lectores han dado a los textos, es necesario proteger, conservar y comprender los objetos que los han transmitido”.

La cultura impresa comprende no solamente los testimonios escritos de la cultura universal que fueron producidos por la imprenta sino incluso los anteriores a su invención, porque está irremediable unida a la cultura escrita. Por esto abarca todo lo relacionado a la escritura y la lectura, al rollo, al manuscrito, al códex o códice, al libro, a la prensa, a las bibliotecas y a las librerías.

En la actualidad existen muchos conceptos y materias relacionadas con el conocimiento y estudio de los impresos: la bibliografía, la bibliología, la biblioteconomía, la bibliotecología, la historia de la imprenta, de la tipografía, de la edición, la historia de la literatura, de la prensa, la historia de la historiografía, de la educación, de la lectura, de la litografía, del papel y la tinta, y todo lo que cubre el amplio y siempre abierto campo de la historia cultural.

¿De qué hablás cuando hablás de libros?

En anamá Ediciones nos interesa pensar en la idea de unidad que implica colocar bajo una misma cubierta un texto. Es por eso que nos complace traerles esta serie: #MundoEditorial; para conversar con ustedes sobre los procesos de producción del libro y el rol que juegan, dentro de esta cadena, los diferentes profesionales que trabajan para que los libros lleguen a las manos de las y los lectores.

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¿Se han preguntado de qué se habla cuando se habla de libros?

La UNESCO definió libro como una “publicación impresa no periódica que consta como mínimo de 49 páginas” (1964). Elaborada para cumplir propósitos específicos respecto a la edición, esta definición excluye todos los formatos no tradicionales de libros con los que un editor o editora puede dialogar.

No es sencillo encontrar una definición exacta para lo que consideramos libro. Pero podemos trabajar alrededor de un concepto en el que libro es un objeto que contiene un conjunto organizado de ideas que hablan sobre cualquier tema y que estas pueden ser transmitidas de manera impresa, manuscrita, con ilustraciones, sobre papel u otro material, unidas -encuadernadas: pegadas o cosidas- por uno de sus lados -o no, como en el caso de un acordeón o concertina- y forradas por las portadas.

Concebir el libro como una pieza de arte que es capaz de albergar cualquier discurso y cuyo ciclo de producción crea un circuito que involucra a diversos actores -autor, editor, corrector, diseñador, impresor, librero-, permite explorar todas sus posibles formas y también, entenderlo como un objeto que no está separado de la realidad en la que es creado y que, además, influye directamente en el desarrollo sociocultural de dicho lugar y no sólo como un contenedor pasivo de textos que pueden ser escritos en cualquier momento y dentro de cualquier espacio.

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¡Decinos de qué temas del proceso de producción editorial te gustaría que habláramos en nuestros siguientes post!