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Comentarios de Albert Torras Corbellalas sobre las tentaciones de la Luz de Zingonia Zingone

A veces, leer la poesía de alguien nos acerca a lo más hondo del pensar y el sentir de esa persona. Es curioso como la poesía, a diferencia de la novela, la ficción y otros relatos, la asumimos como algo que es propio intrínseco, inherente al sentir y pensar del propio autor. En cambio, cuando leemos novela, y teatro, asumimos que no todo aquello que leemos es lo que piensa el autor, sino que recrea situaciones que pueden, obviamente, superar sus experiencias vitales. Estamos seguros que ni Bram Stoker no se sentía vampiro, ni Michael Crichton se ha encontrado nunca un dinosaurio a punto de zampárselo.
Sin embargo, asumimos que la poesía tiene algo de personal e intransferible. O quizás sí, intransferible. La poesía de Zingonia Zingone se transfiere al lector, casi como papel secante, y consigue transmitir fe al ateo, sensualidad al casto, paz al aguerrido y elevación espiritual al desengañado.
Son algunos conceptos los que primeramente me gustaría destacar de las piezas que conforman este las tentaciones de la Luz y las series junto al pozo, peregrinaciones, sombras de luz filtrada, perspectivas del abismo, osadías, y toma mi silencio (canto cuaresmal). Son referentes, obviamente, de la religión, o mejor, de las religiones.
Inmersa en un profundo sentir del alma, del espíritu, Zingonia nos recuerda al referente de San Juan de la Cruz, que en su cántico espiritual ya decía aquello de:
“Entrado se ha la esposa
en el ameno huerto deseado,
y a su sabor reposa,
el cuello reclinado
sobres los dulces brazos del amado”
Siguiendo esta línea poética del amor y el erotismo hacia el espíritu, hacia Dios, hacia lo elevado, es donde encontramos la mejor tradición poética religiosa, en la que debemos situar a Zingonia.
Acaso no nos recuerda en parte San Juan de la Cruz los fragmentos de Zingonia cuando dice:
“porque soy la amada de mi amado
palabra de su palabra
ocre
en el tintero alado
y mi pergamino lecho de flores
acoge los versos
de su aliento plasmados”
Sin duda, los pocos entendidos en poesía mística y religiosa, buscaremos similitudes en poesías de otras grandes figuras como Santa Teresa de Jesus y su célebre Llama de amor viva, aquél que empieza:
“¡Oh, llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro”.
Por una parte la llama y el fuego o lo que enciende, y por otra el verbo romper, rasgar, agrietar, son también presentes en los poemas que Zingonia nos trae en este libro. Escucharán ustedes la voz a veces de Santa Teresa que habla por boca y pluma de Zingonia cuando nos revela:
“ahora
una llama quema
la miseria escondida en el dolor”
O en otro poema:
“tu reflejo me deslumbra
y enciende de nuevo
mi terca vanidad”
O como referencia al mito del fuego que habita en las cumbres y atrapa a Brunilda, en este fragmento también la llama es objeto de ese deseo de transcendencia y de comunión:
“orar
es rastrear una chispa
hecha piedra
ahogada en el río
y nadar contracorriente
entre pirañas
para alcanzar la cumbre helada
donde se origina el fuego
me pregunto
si levitarán las cenizas
testimonio
del espejo en flamas”
Y ya en el summum del éxtasis de Zingonia, de la cumbre, lo alto, altar al que llega, abrasada en estas palabras:
“te ofrezco
la flor más intima
para ornar el altar votivo
con pétalos en llamas
fénix hoy paloma”

No hay algo acaso aquí también de la gran Sor Juana Inés de la Cruz, cuando la mexicana dice aquello de…
“Deja las brasas, Porcia, que mortales
impaciente tu amor eligir quiere:
no al fuego de tu amor el fuego iguales;
porque si bien de tu pasión se infiere,
mal morirá a las brasas materiales
quien a las llamas del amor no muere”
Decíamos también que era importante en los poemas la referencia a lo que se rompe, se rasga, se agrita, y da paso a algo nuevo. Es semilla que agrieta la tierra para hacerse paso, es rotura que implica nacimiento.
Fijaos en este fragmento de sombras de luz filtrada cuando dice:
“La niña no sabía que todo es fractura. Al nacer la semilla rompe la tierra, el árbol corta el aire, la hiel se apodera del tronco, entonces tira frutos envenenados. Ella no sabía que de la muerte nace la vida”
A lo largo del poemario aparece esta referencia a la rotura y también a la transformación. Un ave fénix en paloma, una costilla en clepsidra, una mariposa en piedra. Dice:

“heme aquí una mariposa fósil”. O fruto “en la cruz me descubro pámpano de vid”
Lo que está por nacer se aprovecha, en la poesía de Zingonia, de cualquier grieta o fisura:
“tampoco es el beso
ni la ternura
sobre las fisuras de mi soledad”
O también
“a través de las grietas
el aljibe se traga el castillo
y la sequía destiñe la púrpura de mis tapices”
También son las grietas lugares donde habita lo desconocido:
“en los ojos del niño una fisura
brotan miedos
cuchillos
que rajarán la garganta del mundo”
Y casi en seguida dice:
“trinidad de grietas en el piso
marcando la piedra
una ranura en el muro:
lo desconocido
es silencio azul pintado
entre los rayos del sol”
La llama, la grieta son referentes que la enlazan con los autores ya tantas veces ensalzados. Las imágenes que nos ofrece Zingonia en su poesía pues no hace otra cosa que refrendar la idea previa, que Zingonia y su lírica merece estar entre lo más nutrido del panorama poético actual de este estilo.
Otro de los elementos que podemos destacar de la poesía de Zingonia es precisamente esta voluntad de elevación del espíritu. Nos encontramos, de forma permanente, referencias a cierta necesidad de dejar atrás la carne y suspenderse entre cielo y tierra, gozando de la luz, de la experiencia mística, como decíamos antes, del éxtasis de Santa Teresa.
Fíjense en algunos momentos, desde el primer poema, cuando ya nos muestra su predilección por aquello que vive entre cielo y tierra y que nos recuerda a la figura de un colibrí:

“el movimiento repetido y sensual
un tango suspendido
la existencia”
Esta idea de suspensión será reiterativa en el poemario, de hecho este colibrí aparece mas tarde cuando en un poema de inspiración sufí se confiesa:
“y yo me aferro al colibrí
a la incesante solidez
de su liviandad”
Quien se suspende en el aire, obviamente teme a caer. Y destila a veces Zingonia este miedo que no es otra cosa que aferrarse a su convicción para no caer en ninguna tentación. Desde lo alto, Zingonia nos dice:
“Teme su caída. Refugiada en la transparencia de su aljibe, desvelo tras desvelo, almacena los sismos de sus visiones. Él siempre está allí: patinando sobre el fino hielo de los abismos”.
Ah, los abismos, justo en el siguiente poema, llamado “estando en Patmos”, inicia:
“vi el abismo
la tierra se movía
se mecía el templo
doblándose
como un junco en el viento”
Acaso no está Pegaso suspendido también. En el poema “Quimera” aparece ahí en lo alto:
“como Pegaso subo
y no dejo que el freno
detenga mi sonrisa”
E incluso más, en el poema “La sulamita”:
“suspendida estoy
entre la bruma y el ocaso
incipiente fragmento disperso en el tiempo”
Y también más adelante
“me regocijo en el vuelo
que a toda criatura levanta
sobre mis alas
una cruz fluorescente”

No podía dejar de estar presente en la obra de Zingonia toda la simbología que tiene el agua, y no solo el agua sino el manantial y el pozo, que como ayer mismo me comentaba, es el lugar donde sacia el hombre su sed, pero también era el lugar donde las mujeres iban a encontrar al hombre.
Saciarse, colmar esa necesidad de agua que nutre e inunda el cuerpo, es otra de las imágenes que forman parte del corpus del libro, casi de inicio a final. No es baladí que ya el titulo del primer conjunto de poemas se llame junto al pozo y que finaliza con la conclusión:

“del fondo del pozo
surge la sed más grande”
Este manantial cabe contraponerlo a la sequedad con la que la autora a veces se mortifica, como dice en peregrinaciones:
“beso los granos de la esperanza
pido el don del llanto
emboscada en la umbra
mi aridez”

Y qué tanto ese agua, ese lago, esa gota, eso que brota como manantial es idea asumida, reiterada, saciante? Tanto como que en pocas páginas:

“el agua forja el deseo encendido del sol”
“un gemido es el lago de la duda”
“yo soy el ricino seco que alimenta el gusano
gota
de la expiación universal”
O antes
“asoma
la fuente que todo lo origina
una pequeña gota se desliza
por la esquina de tu boca”

No quiero redundar en imágenes que sin duda Zingonia coloca casi de forma matemática en el texto. Ella se dice imperfecta, y ayer estuvimos un buen rato hablando de eso, de nuestras imperfecciones, de nuestras fortalezas y nuestras debilidades, de nuestra necesidad de ser y de sentir.

Para finalizar, recomiendo su lectura, un puente necesario, amable, de exquisita sensualidad mística, de elevación espiritual poderosa, entre la pulsión y la castidad; entre las pretensiones de la sensibilidad corpórea y los corsés que impone la convicción del que se sabe atrapado entre cielo y tierra. Indispensable para estos tiempos de fe errática y de relativismo moral.

LOS POEMAS COSMOLÓGICOS MÁS RECIENTES DE ERNESTO CARDENAL

Ernesto Cardenal, ya próximo a cumplir 94 años el próximo 20 de enero de 2019, sigue siendo pródigo en sus versos, que ya constituyen una producción poética muy extensa. Ernesto ha tenido la enorme bondad de compartir conmigo estos nuevos poemas, tan recientes, para que vean la luz como primicia especial en nuestro Boletín de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, con su permiso expreso de publicación. Más adelante los poemas habrán de formar parte del corpus de la Poesía completa que su editor, Alejandro Sierra de Trotta de Madrid, ultima para publicación en 2019. De otra parte, el próximo enero, justamente con motivo del cumpleaños del poeta, Anamá Editores de Nicaragua, que dirije Salvador Navas, editará el volumen Hijo de las estrellas con ilustraciones del artista Ramiro Lacayo. Estamos pues ante un artista en plena actividad literaria, de lo cual dan fe los nuevos poemas que presentamos aquí. Cardenal, el más grande poeta vivo de Latinoamérica, fue honrado con el Premio Reina Sofía de poesía en 2012.

En estos poemas que el lector tiene hoy en la mano, titulados “Así en la tierra como en el cielo” e “Hijos de las estrellas”, el poeta nicaragüense continúa su reflexión cósmica en torno al misterio de ese universo inacabable que denomina pluriverso. Se trata de un motivo temático que ya venía tratando en sus libros anteriores, cósmicos como los de Whitman y a veces tan osados como los de Pound: todos recordaremos el Cántico cósmico, el Telescopio en la noche oscura, los Versos del pluriverso Este mundo y otro.  Cardenal desvía una vez más su mirada de este mundo lleno de decepciones hacia el firmamento estrellado. Y, una vez más, su meditación cosmológica lo lleva a reflexionar sobre los misterios últimos del universo con las herramientas de la astrofísica moderna. Salta a la vista que la proclividad de Cardenal a la ciencia de los astros se ha seguido intensificando en sus versos de madurez: importa insistir en que, con su novedosa escritura poética, en la que baraja al unísono la cuántica de Niels Bohr con la teoría de la evolución, con la astrofísica, con el Tao, con el Génesis, con el Cristo resucitado, el vate nicaragüense renueva de manera audaz el vocabulario de la teología y de la mística. Cardenal es plenamente consciente de lo que implica su aventura religiosa y científica, pues preguntado sobre si era un innovador en poesía, afirma: “Sí, creo que soy el único poeta o al menos el único que yo conozco, que está haciendo poesía sobre la ciencia, poesía científica…” [1]. El poeta, siempre iconoclasta y amigo de romper paradigmas, añade sin ambages: “Paul Davies ha dicho: La ciencia es un camino hacia Dios más seguro que la religión. Yo así lo creo, porque las religiones dividen a los pueblos y la ciencia no”[2].

Pese a que Cardenal ya había estrenado esa voz poética científica tan renovadora en sus libros anteriores, hay muchas novedades literarias en estos nuevos versos a un pluriverso “que se abre en flor” según evoluciona lentamente. El protagonista poemático le exige sentido a un cosmos henchido de secretos impenetrables, pero a la vez intuye que realmente no puede no tener sentido: “por algo explotan las estrellas”, concluye esperanzado. Sabemos que el emisor de los versos habla de convicciones íntimas, no de retórica vacía: en un correo electrónico desde Managua me glosó con aliento confesional el sentido que le da a sus recientes poemas: “Este poema [‘Hijos de las estrellas’] ha sido un esfuerzo por darle sentido al universo. Y un sentido a la muerte […] Es mi último escrito y creo que no tendría más que hacer porque sería repetirme” (corrreo del 14 de noviembre de 2018). También Luis Rocha Urtecho se refiere a las reflexiones recónditas del poeta: “Cuando en una ocasión le preguntaron [a Cardenal] si sentía miedo a la muerte, respondió: ‘Sí, Cada vez estoy más cerca, pero al mismo tiempo pienso que la muerte no es definitiva, creo en la resurrección'”[3].

El poeta también insiste en un motivo temático que vertebra a los dos poemas que incluímos aquí, pues sabe bien que somos un “cosmos consciente de sí mismo”, un planeta que se piensa con milagrosa autorreflexión: “Átomos inconscientes se juntaron / y fueron conscientes (nosotros)…”; “polvo de estrellas  / que puede en la noche / mirar las estrellas”. De otra parte, el poeta nos conmina al vértigo colocando la figura de Jesús e incluso la evolución de las especies en un novedoso contexto sideral. Ya sabemos que en sus libros anteriores había hecho una valiente síntesis de las teorías evolutivas de Darwin y del evolucionismo espiritual de Teilhard de Chardin, y aquí reitera la misma idea de que todo evoluciona hacia el Amor. Pero vierte su pensamiento teórico en odres poéticos nuevos, como cuando concibe al ser humano como el “único animal vestido” que empezó “mamando mamas” y a la larga se convirtió en astrofísico: no fue sino “hasta hace poco supimos de galaxias”. Pero Darwin, el teórico de la evolución, siempre dice presente: “Quedándonos en los árboles / no hubiera habido escritura / la liberación de la mano fue escritura / mano antes humilde aleta / de especie de pescado ya extinguida”. El ser humano celebra “la dicha de estar sin dinosaurios”, cuando éstos se tornaron en pájaros: “bracitos de dinosaurios / fueron las alas actuales”. Quedamos sin competencia sobre la faz de la tierra y fue entonces que pudimos dominarla: “de la sabana africana a manejar el avión”.

Incluso vemos a una nueva luz la noche oscura final de santa Teresita de Lisieux en el poderosísimo remate final del poema “Así en la tierra como en el cielo”. No hay nada en este plano de conciencia de sombras que carezca de sentido y que no pueda culminar en luz:

Santa Teresita de Lisieux

murió con una tentación de ateísmo

venció la tentación diciendo:

aunque no existas yo te amo.

 

(Me permito añadir un dato conmovedor: santa Teresita admitió antes de morir que esta noche oscura o etapa de sequedad insufrible, descreimiento y sentido de abandono le fue muy útil, pues logró hermanarse con quienes son incapaces de creer en la Trascendencia.)

El poeta también reescribe y se apropia del pensamiento de Unamuno, de Víctor Hugo, de Martí, de Newton, de Sor Juliana, aunando estas voces tan dispares con la astrofísica y la entropía, pues todas, cada una a su manera, buscan el Uno. Ya lo había hecho en su Cántico cósmico, donde hizo un compendio de sabiduría que oscilaba entre lo científico y lo histórico, lo artístico y lo amoroso, lo macrocósmico y lo microcósmico. Cardenal cantaba por igual a los espacios interestelares, a los átomos infinitesimales, a las galaxias nacidas del Big Bang y a los tigritos tiernos en las fauces protectoras de sus madres, a las campesinas del Cuá, al triunfo sandinista de otrora y a los cuadros de Klee. En sus nuevos poemas no ha dudado en forjar viñetas insólitas que se nos antojan barrocas por su inesperado aliento aglutinador. Es justamente gracias a su extrema riqueza de motivos literarios, filosóficos, históricos y espirituales que el poeta logra persuadirnos de la complejidad infinita del universo, que culmina en la Unicidad protectora de la Trascendencia. Todo, por diverso que sea, se hermana en el regazo de Dios.

Para sorpresa del lector, y con su osadía habitual, Cardenal también renueva el pensamiento teológico, concibiéndolo de manera cosmológica, cuando afirma que Dios, “solitario en la Eternidad”, se “aburriría” sin nosotros. Por más, cuando alude con gesto declaradamente esperanzado al “romance de Dios con nosotros” está apostando una vez más al sentido necesario y último de un pluriverso creado por el Amor, aquel que para Dante “movía el sol y las demás estrellas”. Dios, por ello mismo, no es “extravagante” porque el universo que ha hecho por fuerza ha de tener sentido. El célebre humor de Cardenal, siempre de ruptura, como oportunamente ha destacado Sylma García González[4], continúa punteando de manera deliciosa la solemnidad de estos nuevos poemas de aliento cósmico. “Ya con esta me despido”, apunta el poeta hacia el final de “Hijos de las estrellas”, remedando a los antiguos juglares y aun al cancionero popular latinoamericano, consciente que se trata de poemas largos de gran aliento que hay que desinflar oportunamente. Con esa misma tónica libérrima de humor desacralizante, el poeta reflexiona a favor de Jesús la siguiente ocurrencia en torno al Dios Padre, que lo envió a redimir el caos del cosmos: “[es un] mundo peligroso / para enviar un hijo”…”.

Cardenal, fiel a sus vertiginosas aglutinaciones temáticas, yuxtapone lo impensable, dotando sus poemas de gran dinamismo: la posibilidad siempre viva de los extraterrestres; la justicia social, sin la cual el universo no tendría sentido, entendida ahora en términos cósmicos antes que históricos; las teorías de Darwin puestas en verso (“nuestros genes casi los del mono”, pues los animales son nuestros “primos”); la palomita de San Nicolás cuidando sus huevitos, hermana nuestra desde el vientre inusitadamente materno del “Big Bang” (“fuimos uno solo en el Big Bang / y añoramos esa unidad”). Accedemos también a la sorpresa de la luz como comida, pues sin el sol radiante no había plantas, e incluso la Eucaristía hubiese sido imposible.

Una vez mas, el amor humano dice presente en las páginas de Cardenal. Como era de esperar dada la tónica de los poemas, vuelve a ponderar el erotismo dentro de coordenadas cosmológicas: “un universo en el que el sexo / es el grito de que estamos incompletos”. El poeta tampoco duda en considerar que la evolución depende de la mismísima belleza de las mujeres: “la mujer es bonita para que fuera fértil”. Evoca una vez más los besos que no dio y que habrá de recuperar en otro universo paralelo, o en el seno de Dios. “La tristeza de lo que no vuelve / Aquellas que yo quise…”; Los besos que no disteis / el nuevo tiempo reversible / será danza y música”.

Las nuevas reflexiones del poeta sobre la muerte son a su vez inesperadas y originalísimas: “Millones de estrellas conscientes / sus sacrificios brillan toda la noche / enseñándonos a morir”. Extraordinaria y novedosa visión del parpadeo de las estrellas, sin duda. Cada vez que las miremos de noche habremos de recordar que su brillo falaz constituye su agonía, y que son nuestras maestras en el proceso fraterno de la muerte. De otra parte, la lógica con la que dirime Cardenal la imposibilidad de una muerte sin sentido resulta de una ternura inusitada: “Hay tantos muertos que he querido / que no me resigno a un final total”. El futuro de la materia (aquella cuyo misterio no resolvió Einstein porque cuando le preguntaban por su origen señalaba con el índice al cielo) también se ve a la luz de una redención final: “La materia también tiene un futuro: / una intimidad con Dios”.

La conclusión de ambos poemas destila siempre esperanza: santa Teresita, como dejé dicho, amando a su Dios, aunque no existiera; y el emisor de los versos, sabiendo que puede morir tranquilo porque si Dios lo ha amado lo seguirá amando después de la muerte: “Y voy a la muerte sin temor / porque si me amas me amarás siempre”. Este verso que parecería constituir una plegaria nace de la gracia mística que Cardenal canta en varios de sus libros, en los que confiesa al lector que ha vivido fruitivamente el Amor infinito con certeza total. “Yo tuve una cosa con Él, y no es un concepto”, declara sin ambages de lo que le aconteciera un 2 de junio de 1956. Es que el poeta sabe bien, por experiencia fruitiva, lo que es el “tasted knowledge” o conocimento degustado de la Trascendencia–aquello que san Juan de la Cruz denominó como ciencia sabrosa.

Hacia el final de “Hijos de las estrellas”, Cardenal plantea la idea que la creación de la belleza es uno de nuestros mandatos en este universo misterioso. “También el Arte parte del Reino / []… /nuestro deber de embellecer el mundo…”. Cardenal lo ha logrado con creces, a pesar de las tristezas presentes de su patria, a pesar del desamor de este planeta que parecería no saber vivir sin guerras y holocaustos.

No cabe sino agradecer al poeta que haya compartido con nosotros estos versos vivos, inquietantes, literariamente –y aun teológicamente– revolucionarios. Como recordaremos, Cardenal había titulado su autobiografía con el título agridulce de Vida perdida, remedando a Lucas 9, 24: “El que pierda su vida por mí, la salvará”. Pero la ha “ganado” no solamente por haberla rendido al prójimo y por lo extremo de sus renuncias (“que aun chorrean sangre”), sino por su escritura, siempre en constante evolución artística, que ahora incluye estos nuevos poemas cosmológicos de estremecedora belleza. Vida ganada pues para la literatura, y también para todos nosotros, porque su legado literario es hoy patrimonio palpitante de la poesía en lengua española.

Luce López-Baralt

Universidad de Puerto Rico

 

 

 

Gira de presentaciones de “las tentaciones de la Luz”

En el mes de febrero anamá Ediciones acompañó a su autora Zingonia Zingone, en el viaje de lanzamiento de su último libro las tentaciones de la Luz, de la colección Visiones. En este recorrido por las ciudades de Granada, Managua y León presenciamos las diversas lecturas de su obra.

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Zingonia Zingone y su obra / © Festival Internacional de Poesía de Granada

Festival Internacional de Poesía, Granada

La presentación inaugural del libro fue parte del programa del XIV Festival Internacional de Poesía de Granada. Se llevó a cabo el día lunes 12 de febrero en la Sala de la Estatuaria del Convento San Francisco. El libro fue comentado por el poeta y sacerdote Berman Bans.

Al respecto del título de la obra, nos dijo la autora: uno piensa que siempre está tentado por el lado oscuro de las cosas, pero llega un momento que uno anhela la paz, anhela la luz y empieza a sentir esa tentación y no sabe cómo alcanzarla, cómo buscarla.

Al final de la presentación Zingonia dedicó la lectura de poesía a la memoria de la escritora nicaragüense María Celina Moncada.

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Berman Bans, Zingonia Zingone y Nicasio Urbina

Presentación oficial, Managua

El día martes 20 de febrero el poeta y sacerdote Berman Bans, el teólogo José Argüello y la poeta Gioconda Belli conversaron sobre las tentaciones de la Luz en el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra.

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Berman Bans, José Argüello, Zingonia Zingone y Gioconda Belli

Berman Bans nos comentó de la tensión entre la luz y la oscuridad que contiene la obra. Pensamos que lo que nos tienta es la oscuridad, pero acá se da una inversión semántica, aquí lo que nos tienta es la luz. Ella parte de su oscuridad personal, que todos tenemos que recorrer como un tránsito doloroso, pero también esclarecedor.

De este tránsito pero en otro sentido nos habla Gioconda, no venimos de la oscuridad hacia la luz, somos luz. Zingonia recoge la busqueda de otro tipo de luz, menos material, más espiritual.

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Durante la lectura de poesía la autora nos habló del significado del misticismo en su vida. A veces la gente asocia misticismo con estar encerrado en un monasterio. Esa es la parte contemplativa, pero el misticismo está en todo. Para mí la oración es todo, no solamente la oración que estamos acostumbrados a imaginar.

Antes de finalizar el evento, la hija de la poeta María Celina Moncada leyó las palabras que escribiera María Celina sobre “las tentaciones de la Luz”:

Zingonia descubre que la punta de la montaña se encuentra en el fondo del precipicio. Al tocar personalmente ese fondo, ella logra transmutar el dolor hundido en poesía. Una poesía que trasciende conceptos e interpretaciones. Fruto de un fenómeno alquímico interior cuyo significado es difícil de explicar.

Al leer sus poemas respiramos la materia invisible de la cual la poeta se enamora. Leemos respirando esa invisibilidad, que nos guía hacia el universo interior, reflejo del universo exterior; cada quien hacia el fondo de su propio precipicio, donde es posible transformar el alquitrán de nuestro pasado en luz y esperanza.

A lo mejor en ese leer extraño, que es un leernos, la autora nos encamina espontáneamente hacia esa luz que la tienta; luz que hemos perdido de vista a lo largo de los años de la historia de la humanidad.

Ma. Celina Moncada sobre “las tentaciones de la Luz”.

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María Alejandra Atha, hija de la poeta María Celina Moncada

Museo Archivo Rubén Darío, León

El viaje promocional terminó en León, el día viernes 23 de febrero, donde se reunieron en el Museo Archivo Rubén Darío, los poetas Pedro Alfonso Morales, Marcia Ondina Mantilla y Carlos Pérez Alonso para presentar la obra de Zingonia.

La autora manifestó el agrado de presentar su último libro en León y destacó la presencia que tiene en su obra dos grandes poetas leoneses: Azarías H. Pallais y Alfonso Cortés, y además la del poeta Pablo Antonio Cuadra, de Managua.

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Carlos Pérez Alonso, Marcia Ondina Mantilla, Zingonia Zingone, Pedro Alfonso Morales Ruiz y Luis Alberto Tercero

 

La gira por Nicaragua de “El viaje a Egipto”

Del 10 al 19 de febrero, anamá Ediciones estuvo acompañando a nuestro autor Hermann Schulz en varias ciudades de Nicaragua presentando y leyendo fragmentos de El viaje a Egipto, obra que rinde homenaje al escritor y poeta Fernando Silva (Nicaragua 1927-2016) e ilustrada por Tobias Krejtschi y traducida del alemán al castellano por Luis Kliche, gracias al apoyo del Instituto Goethe.

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Hermann Schulz (Tansania, 1938)

El sábado 10 de febrero iniciamos con un taller de literatura infantil, dirigido por Hermann Schulz y Tobias Krejtschi, y moderado por Lutz Kliche. Desde sus roles de escritor, editor, traductor e ilustrador, cada uno compartió con los participantes sus métodos de investigación y documentación para la creación. Además, los talleristas compartieron desde su experiencia los principales desafíos y sus formas de enfrentarlos.

Los talleristas enfatizaron en que era un espacio para compartir métodos, procedimientos, inquietudes y proyectos. Los participantes también pudieron compartir su trabajo con los talleristas, mostrándoles y obsequiándoles sus ilustraciones. El taller fue también un espacio para generar sinergias, los participantes pudieron conocer qué otros proyectos artístico-literarios se están gestando y desarrollando a nivel local, nacional y regional.

El martes 13 de febrero, fue la presentación oficial del libro en el Hotel Darío de Granada, Nicaragua. Presentado por Gioconda Belli y acompañado por Ernesto Cardenal y Tobias Krejtschi, Hermann Schulz relató el origen de libro y cómo es que este toma forma. Además, Luis Kliche leyó fragmentos del libro. Finalmente, Luz Marina Acosta hizo entrega a Schulz de una garza esculpida por Ernesto Cardenal en reconocimiento a su trabajo comprometido con la literatura y el pueblo nicaragüense.

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Luis Kliche, Hermann Schulz, Ernesto Cardenal, Gioconda Belli y Tobias Krejtschi

El jueves 15 de febrero, estuvimos en el Colegio Alemán leyendo algunos fragmentos del libro con los alumnos de primaria en alemán y en español. Por la tarde, tuvimos un taller de dibujo y creatividad dirigido a adolescentes a cargo de Tobias Krejtschi, en el que los alumnos pudieron compartir.

El viernes 16 de febrero se realizó una nueva presentación de “El viaje a Egipto”, en el marco del 156vo aniversario de la ciudad de Matagalpa, hermanada con Wüppertal, ciudad alemana que alberga la Peter Hammer Verlag. Hermann Schulz fue director de la ya referida editorial alemana entre 1967 y 2001, periodo en el que promovió y difundió a muchos autores nicaragüenses, y latinoamericanos en general.

El lunes 19 de febrero fue la última presentación del libro en la Universidad Americana de Managua – UAM, donde el rector Ernesto Medina hizo un homenaje a Hermann Schulz, con un discurso emotivo en el que enfatizó la relación multidimensional del autor con Nicaragua desde el año 69, desde lo literario y lo político. Fue un evento muy concurrido y los alumnos disfrutaron escuchando la historia que llevó a Hermann a escribir “El viaje a Egipto” y la lectura del mismo a cargo de Luis Kliche.

Próximamente: Pedro Joaquín ¡Juega! (Edmundo Jarquín)

A 40 años de la muerte de Pedro Joaquín Chamorro se presenta esta reedición de Pedro Joaquín ¡Juega!, un breve perfil biográfico (1924-1978) hecho por Edmundo Jarquín, “sobre el telón de fondo de la historia que le tocó vivir, que fue, en efecto, la de la dictadura somocista (1932-1979), y la más amplia de nuestra historia republicana”.

Podés encontrar esta obra en librerías a partir del 10 de enero de 2018.


La vida de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal (1924-1978) y la dictadura somocista en Nicaragua (1932-1979) fueron dos paralelas en tiempo y espacio. Pedro Joaquín nació en 1924, una década antes de que se iniciara la dictadura, pareciera que vivió para combatirla y su asesinato precipitó el fin de la misma, en julio de 1979.

Poco de su vida puede explicarse al margen de la dictadura, y si bien la evolución de la misma no se explica a partir de su interacción con Pedro, ni mucho menos, en algunos de sus capítulos importantes –no solamente en su final– la figura de Pedro Joaquín adquirió verdadera relevancia histórica. Sus virtudes y defectos, fuerzas y debilidades, aciertos y errores, pasiones y vehemencias, alegrías y tristezas, su intransigencia y tenacidad, y las amarguras de sus soledades y aislamientos, así como las satisfacciones de los afectos y reconocimientos que recibió, solamente pueden entenderse en ese contexto.

Es frente a la dictadura que se demarcó el periodista, el escritor testimonial, el narrador y el político que intento rescatar de mi memoria, de los textos, y de la memoria de otros, amigos y adversarios de Pedro Joaquín, a quienes entrevisté. Él fue una de las personalidades más polémicas, controversiales, apasionantes, y sin duda, más importantes de la historia de Nicaragua en el siglo XX.

Su asesinato, el 10 de enero de 1978, ha sido considerado como el detonante de un proceso de conmoción social y política, de agudización de la crisis económica, de incremento del aislamiento internacional del gobierno de Anastasio Somoza Debayle y de expansión de la lucha armada del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, que condujo al fin de la dinastía somocista. Pedro Joaquín había llegado a ser un símbolo moral y político de todas las resistencias que la dictadura había generado dentro y fuera de Nicaragua. Por eso su asesinato fue un catalítico de todas ellas. Pero la fuerza de ese detonante no se podría explicar únicamente por la fuerza convocante del símbolo que era Pedro Joaquín.

(…)

A principios de 1978 la dictadura somocista estaba indudablemente, en un ciclo bajo, porque los tuvo altos en términos del apoyo que convocaba. Durante un largo período, pese a la obstinada resistencia de patriotas que siempre la repudiaron, la dictadura se benefició del amplio apoyo social y político derivado del acelerado proceso de modernización y crecimiento económico, aunque muy desigual en términos sociales, que Nicaragua experimentó especialmente entre 1950 y 1972. Pero siempre nepótica, dinástica, corrupta, cruel, presta a recurrir a la más brutal represión cuando lo necesitaba: aunque a veces flexible, marrullera, populista y hasta con giros antioligárquicos, forjando alianzas, engatusando, abriendo espacios, jugando a los acomodos internacionales (especialmente los de la política norteamericana), cediendo temporalmente para recuperar fuerzas y consolidarse después. Hasta caer.

Los nicaragüenses, que hemos sido una de las sociedades latinoamericanas más profunda y radicalmente desgarradas por nuestras pasiones y odios políticos, y por nuestras rivalidades personales, familiares y regionales, que nos han conducido a los mayores excesos de guerras civiles e intervenciones foráneas (siempre, invitadas por, o al menos con la complicidad de nosotros mismos), hemos tendido a ver nuestra historia con el prisma de nuestra radical intolerancia: hay historia liberal, en la que los villanos son los conservadores; historia conservadora, es decir, escrita por los conservadores, en la que todos los males recaen sobre los liberales; historia antisandinista, en la que no cabe el menor asomo de bondad en la lucha del General Sandino y sus seguidores; finalmente, historia escrita desde la óptica del FSLN, en la que todo lo que no era FSLN era malo o inexistente.

(…)

Los nicaragüenses debemos aprender que por culpa de todos Nicaragua ha perdido un siglo, sí, un siglo, en términos de su modernización política y por tanto de la posibilidad de convivir pacífica y democráticamente. Y aquí reside la explicación de nuestro atraso económico y de nuestros lacerantes problemas sociales. Como señala Arturo Cruz Sequeira, “la incapacidad de hacer la transición política a finales del siglo XIX, tal como ocurrió a finales de los años setenta de este siglo, hizo que los logros económicos de los treinta años, como los del régimen de los Somoza, no fueran sostenibles”.

En uno de sus editoriales de los años sesenta, Pedro se interrogaba por las causas de nuestro atraso y reflexionaba de una manera que parece un mensaje para las generaciones que le han sobrevivido:

¿Por qué?… Porque nuestros administradores, autócratas, fueron incapaces por una parte de romper con el pasado, y por otra de administrar bien el presente… Ellos, como nosotros, son hijos del pasado; pero ellos se han quedado mirando hacia la Sodoma que fue el pasado, y por eso abordan el presente sin moverse, sin progresar, convertidos en sal.

Nosotros no debemos mirar hacia atrás. Al contrario, debemos dejar nuestro pasado hundido en la oscuridad y comenzar a comprender, también, porque quienes no hacen eso pertenecen ya al pasado.

Si vemos a la dictadura somocista solamente como una página negra y aislada de nuestra historia, y no como parte de todo un pasado que no debe repetirse, y la juzgamos solamente desde el ángulo de quienes la adversamos y combatimos, no entenderemos bien la historia de ese período, y, para los propósitos de este trabajo –un esbozo biográfico político de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal– los perfiles de su figura personal y política se diluirían entre la apología, la mentira, el error, el sinsentido.

La historia de Nicaragua está llena de héroes y mártires guerreros que se han destacado en el campo de la batalla militar. Ya no necesitamos más. Frente a ese prototipo del héroe nicaragüense, guerrero, Pedro Joaquín emerge como un anti-héroe. Es decir como un héroe civil, cívico, ciudadano. Pedro también empuñó las armas, pero con el objetivo de que nunca más los nicaragüenses tuviésemos que hacer lo mismo.

Necesitamos héroes civiles. Ciudadanos que ejerzan sus derechos y cumplan con sus deberes, que paguen sus impuestos y demanden del gobierno sus responsabilidades; gobernantes modestos y eficientes; funcionarios probos y jueces honestos; militares respetuosos de la ley y protectores de los civiles –sí, un militar puede ser un héroe civil–; requerimos vecinos preocupados por su barrio, por las escuelas y centros de salud de su vecindario; empresarios honrados, que innoven e inviertan; creyentes tolerantes de las confesiones de los otros; precisamos mujeres y hombres solidarios con los desvalidos, con los excluidos y vulnerables, y jóvenes que trasciendan el vértigo egoísta de la satisfacción inmediata. Demandamos que la política sea una vocación de servicio público y una forma superior de la solidaridad social. Sencillamente, necesitamos ciudadanos, esos héroes cotidianos que han escaseado en nuestra historia sangrante y enconada.

En su dimensión pública, política y periodística, Pedro también fue un anti-héroe, en tanto tuvo que confrontar un dilema existencial: por una parte, su vehemente optimismo en el futuro ante el fin de la dictadura que veía acercarse; por otra, la certidumbre de que sería eliminado antes de ver sus sueños realizados, y que su trágica desaparición –siempre la concibió así– lograría la unidad nacional que en vida nunca vio, por los fraccionalismos, personalismos, ambiciones y miseria moral que han dominado nuestra política.

A raíz del establecimiento del Estado de Sitio y la censura en diciembre de 1974, Pedro Joaquín se sintió amenazado de muerte y así lo consignó en la primera página de un diario que empezó a llevar el 13 de febrero de 1975. La lectura de ese diario, que solamente se conociera en 1990, deja una clara impresión de que en los últimos años de su vida recibió varias amenazas creíbles de muerte que no lo hicieron cesar en su demanda vehemente por la libertad –“sin libertad de prensa no hay libertad”– y el respeto a las leyes, ni en su permanente grito de ciudadanía.

He escrito este libro enfatizando ese rasgo de su personalidad, el envés del prototipo de héroe nicaragüense, el anti-héroe, incluso desafiando la expectativa que se pueda tener de un libro sobre él. No ha sido el primero ni el único héroe cívico de nuestra historia, pero su demanda apasionada por una república democrática, su reclamo fervoroso de que el civismo prevaleciera sobre la violencia y el militarismo, aun a costa de su vida, le dieron una proyección histórica singular y ha dejado una huella imborrable.

He querido con estas páginas remozar la memoria de Pedro Joaquín, para traer aquí, con nosotros, su obra y personalidad, y ponerla al alcance de la juventud nicaragüense, que acaso desconoce una vida y una labor apasionada por la libertad y la fundación de Nicaragua como república democrática y moderna. Ojalá este reencuentro con la figura de Pedro Joaquín nos mueva a la reflexión y nos lleve al convencimiento que ni dictaduras como la somocista, o de cualquier otra índole, ni martirologios, como el suyo, deben repetirse.

He escrito este libro desde el afecto y la admiración, pero no se encontrará aquí una apología. He querido recuperar la imagen que conservo del Pedro Joaquín vivo, irremisiblemente vivo, y por tanto imperfecto. A la vez he querido recuperar su tiempo, su contexto, su Nicaragua.

Edmundo Jarquín Calderón

 

anamá Ediciones presente en la FIL Guadalajara 2017

Del 25 de noviembre al 3 de diciembre, anamá estuvo participando nuevamente en el programa de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Fue una semana de mucho trabajo en la que presentamos el libro “Los jóvenes no pueden volver a casa” de nuestro autor Mario Martz, dentro del programa Los lectores presentan, siendo esta obra una de las primeras publicaciones centroamericanas presentadas bajo este formato.

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Presentación de Los jóvenes no pueden volver a casa de Mario Martz en el programa Los lectores presentan. Acompaña Salvadora Navas, directora de anamá Ediciones.

Mario Martz también fue invitado a participar en los programas Latinoamérica Viva, Ecos de la FIL y Nombrar a Centroamérica, este último muy especial ya que “tiene la finalidad de enriquecer el panorama literario del continente. Para conseguirlo, la FIL Guadalajara, el Festival Centroamérica Cuenta, el Instituto Nacional de Cultura de Panamá y las editoriales independientes Anamá Ediciones (Nicaragua) y Uruk Editores (Costa Rica) unieron esfuerzos para lograr una muestra de la literatura actual de la estrecha cintura de América Latina” (Comunicado de Prensa, FIL Guadalajara: Centroamérica vibrará en la FIL/24 de octubre de 2017).

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Nombrar a Centroamérica / Sergio Ramírez (Nicaragua), Mario Martz (Nicaragua), Giovanni Rodríguez (Honduras), Erick Blandón (Nicaragua) y Luis Diego Guillén (Costa Rica).

Además, presentamos el libro “Conversaciones con 9 creadores” de nuestra autora y periodista Ángela Saballos, siendo muy aplaudido por la crítica y el público mexicano.

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Presentación de Conversaciones con 9 creadores de Ángela Saballos. Acompañan Juan Carlos Núñez, periodista mexicano, y Salvadora Navas, directora de anamá Ediciones.
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Ángela Saballos en entrevista con la periodista Yolanda Zamora de ABC Radio.

El equipo de anamá también estuvo participando en las actividades de Formación para profesionales como el Foro Internacional de Editores y Profesionales del Libro, y fuimos merecedores de una de las tres becas de formación para la profesionalización de editores, libreros, distribuidores y ferieros destinadas a Centroamérica.

anamá Ediciones continúa con su compromiso de trabajar en la promoción y divulgación de autores nicaragüenses, apostando siempre por la calidad literaria y editorial.

Próximamente: Bogotá39 – Nuevas voces de Latinoamérica

¡Muy pronto!

anamá Ediciones tiene el honor de presentar la antología Bogotá39, una selección de 39 narradores de ficción menores de 40 años, todos latinoamericanos.

Bogotá39 contempla la publicación de esta antología por parte de un grupo de editores independientes de la región, comprometidos con la calidad editorial y la promoción de las nuevas voces de la literatura de América Latina. En Nicaragua, anamá Ediciones es la encargada de esta publicación.

“La diversidad en la lista está presente en la nacionalidad de los autores seleccionados, en la que quince países de América Latina tienen representación: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Guatemala, México, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela“.

Agradecemos a los organizadores de Hay Festival y Bogotá39 por habernos invitado a participar en este proyecto.


Bogotá39-2017

La selección de 39 de los mejores escritores de ficción menores de 40 años de América Latina busca celebrar la buena literatura y resaltar el talento y la diversidad de la producción literaria en la región.

Esta segunda lista se publicó el día del décimo aniversario del primer Bogotá39, celebrado en el marco de Bogotá Capital Mundial del Libro 2007. Aquella lista generó un gran interés y contribuyó a una mayor difusión del trabajo de los 39 autores seleccionados, ayudándolos a darse a conocer fuera de sus países e incluso del mundo hispano.

Los participantes de la primera lista fueron los encargados de hacer una primera recomendación de autores para Bogotá39-2017. A esos primeros nombres se añadieron los que resultaron elegidos en una convocatoria abierta a más de ochenta editoriales, gestores culturales y críticos del continente, que propusieron más de doscientos escritores.

La selección final corrió a cargo de un jurado compuesto por Darío Jaramillo (Colombia), Leila Guerriero (Argentina) y Carmen Boullosa (México), a quienes les correspondió la tarea de leer y conversar sobre el trabajo de los autores y hacer la selección definitiva.

Cristina Fuentes


Autores de esta antología:

Carlos Manuel Álvarez (Cuba)

Frank Báez (República Dominicana)

Natalia Borges Polesso (Brasil)

Giuseppe Caputo (Colombia)

Juan Cárdenas (Colombia)

Mauro Javier Cárdenas (Ecuador)

María José Caro (Perú)

Martín Felipe Castagnet (Argentina)

Liliana Colanzi (Bolivia)

Juan Esteban Constaín (Colombia)

Lolita Copacabana (Argentina)

Gonzalo Eltesch (Chile)

Diego Erlan (Argentina)

Daniel Ferreira (Colombia)

Carlos Fonseca (Costa Rica)

Damián González Bertolino (Uruguay)

Sergio Gutiérrez Negrón (Puerto Rico)

Gabriela Jauregui (México)

Laia Jufresa (México)

Mauro Libertella (México/Argentina)

Brenda Lozano (México)

Valeria Luiselli (México)

Alan Mills (Guatemala)

Emiliano Monge (México)

Mónica Ojeda (Ecuador)

Eduardo Plaza (Chile)

Eduardo Rabasa (México)

Felipe Restrepo Pombo (Colombia)

Juan Manuel Robles (Perú)

Cristian Romero (Colombia)

Juan Pablo Roncone (Chile)

Daniel Saldaña París (México)

Samanta Schweblin (Argentina)

Jesús Miguel Soto (Venezuela)

Luciana Sousa (Argentina)

Mariana Torres (Brasil)

Valentín Trujillo (Uruguay)

Claudia Ulloa Donoso (Perú)

Diego Zúñiga (Chile)

PRÓXIMAMENTE: ERAN BUENAS AL PLEITO (ALEJANDRO BENDAÑA)

¡Muy pronto!

anamá Ediciones tiene el honor de presentar la más reciente investigación del reconocido historiador Alejandro Bendaña Eran buenas al pleito / Mujeres en la guerra de Sandino.


“Oportunamente me encargaré de una publicación especial para rendirles a estas mujeres el homenaje que merecen, pues sus nombres y sus hechos constituyen una verdadera gloria para Nicaragua y deben incorporarse a la Historia Patria”, relató Sandino en 1933.

Sandino no pudo cumplir con esa promesa. A los pocos meses de aquel testimonio fue asesinado. En esta investigación, el historiador Alejandro Bendaña, busca cumplir al menos parte, dice él, del cometido de Sandino.

“Eran buenas al pleito” resucita a las mujeres desconocidas y por cierto hasta “invisibilizadas” que formaron parte de la rebelión sandinista. La insurrección de las campesinas segovianas que no fueron, como se dice, simples “colaboradoras” sino parte integral del movimiento social armado que es la esencia de la guerra de Sandino.

No hay memoria histórica sin historia, y no hay historia sin la mujer, su presencia, su perspectiva.


Alejandro Bendaña (Managua, Nicaragua, 1950) historiador, doctorado de la Universidad de Harvard. Fungió como Secretario General del Ministerio de Relaciones Exteriores y Embajador de Nicaragua ante la ONU durante los años ochenta. Fundador y Primer Director del Centro de Estudios Internacionales en Managua. Ha ejercido varios cargos en la ONU. Autor de diversos artículos y libros incluyendo varios sobre Sandino.

Próximamente: Así en la tierra como en el cielo (Ernesto Cardenal)

¡Muy pronto!

anamá Ediciones tiene el honor de presentar el más reciente poema de nuestro poeta Ernesto Cardenal, el más grande poeta místico de las últimas décadas y único poeta científico de Centroamérica.


(…) No volverá todo al vacío del que vino
Hará una creación nueva nos ha dicho

Un mundo nuevo sin entropía

no éste en el que todo se gasta
liberados del tiempo esa ilusión

que dijo Einstein

en un perpetuo hoy
transformados por el Amor
hasta ser una especie nueva

En espera de la nueva creación

Santa Teresita de Lisieux
murió con una tentación de ateísmo
venció la tentación diciendo:
aunque no existas yo te amo.


Ernesto Cardenal (Nicaragua, 1925) Es considerado una de las figuras literarias de mayor significado después de Rubén Darío. Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (México) y en la Universidad de Columbia (Estados unidos). Entre su variada y extensa obra poética sobresalen Hora Cero (1957), Gethsemani Ky (1960); Epigramas (1961); Salmos (1964), Oración por Marilyn Monroe (1965), El estrecho dudoso (1966), Homenaje a los indios americanos (1969), Canto nacional (1972), Cántico cósmico (1989), Telescopio en la noche oscura (1993). Entre otras condecoraciones, recibió en 1980 el Premio de la Paz de los libreros alemanes y en 2009 el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda y en 2012 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

Próximamente: El viaje a Egipto (Hermann Schulz)

¡Muy pronto!

anamá Ediciones tiene el honor de presentar dentro de nuestra Colección Visiones El viaje a Egipto de Hermann Schulz.

Edición original en alemán: dtv Reihe Hanser
Título original: Die reise nach Ägypten
Ilustrador: Tobias Krejtschi
Traducción del alemán al castellano: Luis Kliche


Un día, la enfermera Salvadora, encuentra a un pequeño frente a la puerta del hospital de niños “La Mascota”, en Managua. Su nombre es Filemón, tiene unos seis años y está muy enfermo. Filemón queda al cuidado de la enfermera, y el doctor Fernando Silva, médico del hospital, se encarga de él. Muchas son las preocupaciones que tienen ambos alrededor de los niños, hasta que Filemón pide un deseo que abre los corazones de todos y un hermoso milagro empieza.

Una historia cálida para pequeños y grandes lectores.


Hermann Schulz nació en Tanzania en 1938 y durante muchos años fue director de la editorial Peter Hammer. Ha viajado por más de cincuenta países, y como autor ha publicado novelas, obras de divulgación científica y libros para niños y jóvenes, por los que ha recibido numerosos premios.