Archivo de la categoría: Libros

LA LUNA NO ME ENCUENTRA

MARIPOSA

Nunca atrapes

una mariposa.

Tus manos

le robarán sus colores.

Ella se quedará desteñida

triste y así

no podrá volar.

Y cuando tú

te laves las manos

sentirás su tristeza

y tampoco podrás volar.

MARÍA

María

adivino tus grandes ojos negros

jugando entre maizales asustados

o sembrando ilusiones en los surcos.

María

la de trenzas y penas largas

la del monte

 y el río.

Quisiera aproximarme

a tu voz que nunca oí

introducirme hasta el fondo

por el túnel de tus pupilas

y llegar a tu centro

para encontrar el horizonte

fino, indeleble

que te ata a la vida

así

dormida

sin luz, sin eco

sin ser.

María

por favor despierta.

Tienes derecho al sol, al pan

a jugar con casitas de colores

muñecos, globos, arlequines

en fin, lo que tú sueñes.

María despierta

afirma la voz en tu garganta

toma de la mano a tus hermanos

y reparte la luz en cada siembra

la luna en cada surco.

No hay duda en mí

“No hay duda en mí” es una mirada íntima, aquí conviven reflexiones acerca de la familia, la vida, la muerte y el amor, desde una experiencia de mujer joven, Masaya y periodista.

La identidad local y familiar recorren el mapa de sus recuerdos y sus pensamientos se revelan sin barreras, de forma tan natural que podemos sentir que estamos traspasando un espacio privado, un cuarto que se abre en la mente de la escritora, un lugar que, a semejanza de un tríptico del Bosco, nos muestra lo que fue, lo que es y lo que tal vez será. 

El silencio canta en mí

En «El silencio canta en mí» hemos encontrado una nueva propuesta de lectura. El autor nos sorprende al entregarnos en esta obra tres propuestas valiosa en el campo literario, entra con una gran naturalidad en la crónica personal, el cuentos y la mini ficción, esto nos lleva a definirla como una obra hibrida.

La presencia de la luna atraviesa casi toda la primera parte.

La segunda parte lo compone un solo cuento escrito a manera de diario.

 La tercera parte contiene relatos breves, que me gustaría llamar “minimalistas”.

La propuesta es animar a los jóvenes escritores a expresarse en diferentes géneros en una solo obra.

N, DE NANCY

Esta novela, es testimonio vívido de tantas niñas olvidadas a la vera del camino, sin más fortaleza que su necesidad de supervivencia.  En su caminar, trágico y azaroso, tienen sus días contados. No tienen forma de franquear las barreras que les impone un sistema patriarcal despiadado y violento, que las devora y pulveriza.

N, de Nancy, .es también un homenaje a la solidaridad y apoyo entre los marginados, mujeres y hombres que luchan, día a día, por responder a la adversidad con una sonrisa.

Paradójicamente, se trata de un canto desgarrado de esperanza, desde la más profunda desesperanza. Como historia espejo, nos sitúa frente a una realidad que despierta la sensibilidad y martilla nuestra indiferencia, al colocarnos frente a la progresiva aniquilación de su protagonista, a quien la vida le es negada, una y otra vez. 

EL TRIÁNGULO DE LA CHELA

Relatos de amores y de muertes»

El libro se inicia con el cuento “Anduvo, anduvo, anduvo”. Inmediatamente lo vinculé con el poema de Rubén Darío “Caupolicán” en el cual un terceto repite ese verbo tres veces. Nada más lejos de la verdad. El cuento trata de la mujer ideal de un hombre que es nada menos que María Félix. Tras su intensa búsqueda, la trae desde México para mantenerla encerrada y adorarla. Muy pronto, el hijo de la actriz, la rescata y el pierde a la mujer amada. El final es sorpresivo: la Doña no era nada menos que ¡una imagen virtual que se le escapó del internet y el enamorado pierde para siempre!.

Finalmente, en los veintiún relatos de El triángulo de la Chela (la rubia) de Saballos, la voz narrativa nos toma de la mano y nos va llevando de detalle en detalle para sumergirnos en intrincados laberintos hasta llegar al clímax. En estos relatos signados por la violencia, el amor como Alfa y la muerte como Omega nos conduce a finales impactantes e inesperados característicos de los buenos cuentos, aquellos que terminan con un giro inesperados que los lectores quedan perplejos. Pongo de ejemplo “El almohadón de plumas” del formidable escritor uruguayo Horacio Quiroga y el de Rubén “El caso de la Señorita Amelia”.

Dra. Nydia Palacios Vivas

LAWANA TIUNKA

Música del Caribe de Nicaragua

Esta investigación se enfoca en recopilar las principales manifestaciones musicales de la Costa Caribe de Nicaragua, una zona geográfica muy amplia y muy rica pero olvidada y marginada durante siglos. La fractura sociohistórica nacional provocó que esta región tuviera un desarrollo diferente al del resto del país, y por supuesto, la música –como expresión cultural– no fue ajena a esa diferencia.

Además, esta investigación también pretende reunir –en un solo libro– las principales obras características de las cinco etnias de la zona, tanto de la Región Autónoma del Caribe Sur (Creoles, Ramas y Garífunas) como de la Región Autónoma del Caribe Norte (Miskitus y Ulwas). Aunque estas etnias comparten similitudes históricas, sociales y culturales –gracias a la convivencia y los múltiples procesos de mestizaje–, la música de cada una de ellas, tiene orígenes y singularidades propias que diferencian a una de las otras.

En la zona Pacífico, norte y centro del país se tiene la idea equivocada de que toda la música del Caribe es Palo de Mayo, o que este es lo mismo que la música miskita, o que toda la población de la Costa es afrodescendiente. Estos son conceptos producto del aislamiento geográfico –hasta hace pocos años se construyó una carretera que une Managua y Bluefields. Antes de que existiera, el viaje se hacía por panga o por avión. Dichas ideas son también producto del desconocimiento de la historia nacional. Desde 1687 hasta 1894 la historia de la Costa no era otra que la de la Nación Misquita, protectorado británico que estableció una muy particular forma de monarquía. Por ende, la evolución musical es muy diferente a partir de la cosmovisión propia del nicaragüense amerindio, negro e incluso mestizo que vive en esta región del país.

Existe también un secreto a voces que implica un racismo cultural entre la mayoría de la población mestiza: “yo no soy negro, no soy murruco, no soy costeño”. Los mestizos del Pacífico se sienten extrañamente superiores sin motivo alguno e ignoran –en su mayoría– la enorme riqueza de esta región que ocupa el 56,2% de nuestro territorio, pero que cuenta solo con un poco más del 10% de la población del país. La Costa Caribe ha aportado a la construcción de la identidad nacional pero, para el nicaragüense del Pacífico, es únicamente su vecina territorial, y es casi tan desconocida como Belice o Jamaica:

Para las nuevas generaciones este libro es una excelente recopilación que sirve para empaparse de la cultura de nuestra amada Costa Caribe de Nicaragua. Es un trabajo muy útil para aquellos que quieren reconocer el folclor, la historia, los ritmos y los instrumentos tradicionales de las diferentes etnias de la Costa: creole, miskitu, garífuna, rama y ulwa. Para mí, este libro debería ser material de estudio en todas las escuelas, sobre todo del Caribe nicaragüense y centroamericano, ya que el nivel de desconocimiento de buena parte de nuestra juventud sobre su propia identidad e historia es muy elevado. Con este libro darás un importante recorrido histórico que inicia con los primeros pobladores de la región caribeña, cómo llegaron a este territorio, cómo se desarrollaron y cómo se mezclaron con el entorno, parte fundamental e indispensable para entender la música tradicional y su evolución y, además, comprender su aporte a la rica y muy diversa historia nacional. Las canciones no serán todas con las que crecimos y con las que recordamos nuestra juventud, pero es un excelente punto de partida para introducirse al lenguaje tradicional de la música de las diferentes culturas que han convivido -unas con otras- durante siglos en el territorio más amplio y diverso de Nicaragua.

Raymond Myers Ex integrante de Soul Vibration y músico de Bluefields  

LAWANA TIUNKA Música del Caribe de Nicaragua

Para las nuevas generaciones este libro es una excelente recopilación que sirve para empaparse de la cultura de nuestra amada Costa Caribe de Nicaragua. Es un trabajo muy útil para aquellos que quieren reconocer el folclor, la historia, los ritmos y los instrumentos tradicionales de las diferentes etnias de la Costa: creole, miskitu, garífuna, rama y ulwa. Para mí, este libro debería ser material de estudio en todas las escuelas, sobre todo del Caribe nicaragüense y centroamericano, ya que el nivel de desconocimiento de buena parte de nuestra juventud sobre su propia identidad e historia es muy elevado. Con este libro darás un importante recorrido histórico que inicia con los primeros pobladores de la región caribeña, cómo llegaron a este territorio, cómo se desarrollaron y cómo se mezclaron con el entorno, parte fundamental e indispensable para entender la música tradicional y su evolución y, además, comprender su aporte a la rica y muy diversa historia nacional. Las canciones no serán todas con las que crecimos y con las que recordamos nuestra juventud, pero es un excelente punto de partida para introducirse al lenguaje tradicional de la música de las diferentes culturas que han convivido -unas con otras- durante siglos en el territorio más amplio y diverso de Nicaragua.

Raymond Myers Ex integrante de Soul Vibration y músico de Bluefields  

El inmóvil movimiento del cielo

Fragmento.

….Contra todo pronóstico, y pese a algunas diferencias insalvables, me fui haciendo amigo de V y de B, quienes no me caían tan bien como C-M y J, pero sí me eran cada vez un poco más tolerables. También, a medida que las primeras semanas del taller y las últimas del último cuatrimestre de aquel año lectivo corrían, procuré irme volviendo cada vez más cercano a Alejandra. Siempre, después del taller, nos íbamos los seis a sentar a la mesa de algún bar a tomar litros y litros de cerveza (todos salvo B quien, sorprendentemente, pese a tener una conducta adictiva hacia prácticamente todo lo que se podía tenerla, nunca bebía más de uno o dos vasos). Hablábamos de varias cosas, pero cuando las conversaciones viraban hacia la estupidez o la ignorancia yo me dedicaba a contemplar detenidamente a Alejandra: el declive de su frente, el quiebre de su nariz, la curva de su cuello, el rigor de sus hombros, el movimiento nervioso y constante de su pierna bajo la mesa, sus dedos arrancando pellejitos alrededor de su uña o raspando las etiquetas húmedas de las botellas. Una vez Alejandra me preguntó, dulcemente y en voz baja, por qué la miraba tanto.
“Perdón”, le respondí, “sólo te estoy leyendo”. Como de costumbre, escupió una carcajada en mi rostro. “No jodás, loco”, dijo después de ahogar su risa con un trago de cerveza, “deberías dedicarte a escribir tarjetas para Hallmark”….

Nuestra casa flota entre sus muros

En Nuestra casa flota entre sus muros, que hoy publica anamá Ediciones, la pluralidad del enunciado verbal planteado en Inscripciones, continúa y enlaza, aunque centrado, en su primera sección,” Agüizotes y fantasmas”, en la terrífica nocturnidad de la ciudad de León en su segunda fundación. La textura verbal nos confronta a un lenguaje incursionando antropológicos y míticos tiempos donde confluyen fantasmas y Agüizotes que aterrorizaron también la infancia de Darío, tales como la Carreta náhuatl, el padre sin cabeza, o el fuerte resonar de los cascos del caballo del coronel Arrechavala asolando a medianoche las empedradas calles del León colonial: “El coronel Arrechavala se pasea por el abismo/ de la noche, custodiando sus tesoros y tierras”. Pero también relumbra en ese mundo nocturno el “cadejo”, y el diurno “Cipe”: “Tengo dos manos/ tengo dos pies/ camino al revés/ la gente cree que vengo/ cuando al río voy/ con mi calabacito/a buscar agua/ a buscar miel.” Desde luego que no recrear las procesiones de Semana Santa, ni las lluvias de ceniza asolando los techos de la ciudad sería no completar la secuencia ancestral de una urbe colonial marcada por sus terrores nocturnos asombrados a la luz de profunda acendrada religiosidad: “Ya pasó el santo en sus andas triturando alfombras. / Los colores se dispersan y se confunden con una multitud de pasos abandonados”.

 La segunda sección que da título al poemario, es y va más allá de lo que denota: intensa metáfora del desarraigo. Se trata de un mosaico lírico que oscila entre la evocación de un pasado subjetivamente más próximo que lejano (“Llevo un niño atrapado en mi pecho, / su risa recorre la sala y los pasillos/ de los jardines donde mis ancestros cada tarde, conversan…”) con la nostalgia filosófica del tiempo heracliteano visible en las eternas aguas intemporales: “Me detengo en las márgenes del río/ a contemplar las cambiantes aguas/de Heráclito…/”

Se trata de una sección sin el rigor temático de la primera, pero que despliega un abanico registral donde el yo lírico circunda con natural lenguaje, logrando un equilibrio admirable de imágenes sorprendentemente genéticas:” Reconozco nuestra edad/ en los riscos de las piedras/ ahí donde la furia del río/ talló la punta y la lanza”. O bien: “Transcurren monótonas horas de tedio, /bajo el puente fluyen nuestras edades/ disipadas en las superficies de líquidos espejos”.

Dentro de esta exploración ancestral que alterna con diversos poemas en esta sección, hay un texto de cierta extensión: “Trisagio para unos dobles de campanas.” Antes de referirnos a este intenso poema, debemos señalar la presencia constante del bronce de las campanas de la ciudad como imagen totalizadora del tiempo en sus diversas instancias, que, precisamente se hace oír en este texto donde en el momento en que el niño que se retuerce en el vientre de la madre nunca va conocer a su abuela. Es el drama del desencuentro que viene a coincidir con los funerales de la abuela. La narratividad del texto aunado con un lenguaje lírico de una desarmonía armónica nos retrotae a un pasaje con precedentes en el Tristran Shandy de Laurence Sterne o bien en algún poema narrativo Robert Browning: “Entonces abuela me parece que te veo levantar del ataúd/ como un Lázaro o un cristo resucitado y te alzas/ en un carro forrado con nubes y plumas”

Nuestra Casa es un poemario que en su segunda sección, de amplio registro temático, juega con variantes textuales, porque Douglas Téllez, que es también dibujante, pintor, narrador y escultor, logra aquí inusitada musicalidad acompasando como frente a un atril una compleja resonante verbalidad: “Chillan, truenan en la noche/ las ruedas o el eje/ en un pretil empinado”

Como colofón a esta nota introductoria quiero señalar una notable transtextualidad, me refiero al poema: “El cuervo sobre la rama”. Sus primeros versos nos dan unos acordes temáticos musicales fácilmente audibles y versalmente identificables en musicalidad próxima diversa: “El cuervo esta triste, / viste de negro, / viste de luto. / Nunca se le vio tan negro. / Nunca se le vio tan triste”. Jamás un poema tan célebre, musicalmente, de nuestro gran poeta Rubén Darío había sido sometido a la criba de una deslectura total, desmitificando así la parafernalia del modernismo, sin transgredirlo: trasvistiéndolo para crear otro ritmo y sentido que sin anularlo al mismo tiempo lo trasciende.

Iván Uriarte

La vida en diminutivo

CECILIA RÍOS comenta sobre La vida en diminutivo.

Recientemente tuve un encuentro extraordinario con un ser vivo ansioso por interactuar, en busca de alguien que lo descifrara, vibrara con él y le hiciera crecer. Se trata de la colección de microrrelatos La vida en diminutivo del escritor nicaragüense Alberto Sánchez Argüello, con quien he tenido la oportunidad de intercambiar impresiones en el marco de la publicación de su libro La vida en diminutivo (2022).En literatura toda obra permite diversas lecturas, tantas como lectores pasen sus ojos por ella e incluso una distinta por cada relectura, ya que nuestra cosmovisión es única y cambiante conforme nos alimentamos de experiencias. Los escritos se completan al ser leídos e interiorizados. Esto se vuelve más válido incluso con la microficción, un género que en palabras de Sánchez “permite condensar las ideas, explorar múltiples tópicos y estilos, a la vez que genera un nivel de vínculo co-creativo con el lector que no tiene comparación con otras formas narrativas”. Nos convertimos en un colaborador activo por la inquietud que provocan sus creaciones.Siempre he admirado los cuentos por ser cápsulas que contienen universos enteros concentrados en tan poco espacio. Ahora veo cómo se pueden sintetizar aún más para ser píldoras efervescentes que impactan de sopetón y que además tienen efectos prolongados. Al usar tan solo lo imprescindible en el relato, los lectores nos convertimos en ese actor clave para que exploten los mensajes, se devele lo que apenas se asoma y el autor nos lleve por recovecos interpretativos al tomar por asalto nuestra psique.Solemos usar el diminutivo con una semántica de afecto, para suavizar el contexto o reducir el impacto de nuestras palabras. El diminutivo en el título de esta colección no tiene nada de eso. Por el contrario, es un recurso para mayor emoción: la brevedad te desasosiega con un contenido que a pesar de rayar en lo fantásticamente absurdo, se saborea plausible con lugares y acciones comunes de  la vida diaria, cuadros de la sociedad que te llevan a una profunda desesperanza para maquinar mundos paralelos y creer en distopías.La colección está amenamente variada. En ella encontramos un desempleado que de repente llega a su hogar guiado por un lazarillo, una familia en apariencia común pero que es más bien de esos vecinos terroríficos, historias con enfoque de género, un moderno viaje al centro de la Tierra con accidentados hallazgos de nuestro podrido mundo en el camino, varios vistazos a un futuro donde todo puede ser peor hasta una mini serie de relatos con una desconcertante meta ficción.Encontramos también alusiones claras a grandes de la literatura como el maestro de la ciencia ficción Julio Verne, el rey del terror Stephen King, así como mundos y personajes que bien podrían ser del ideario de Borges o Kafka. Alberto me cuenta que su minificción “es muy intertextual, primero porque es uno de los recursos más efectivos para lograr profundidad con concisión: recurrir a marcos cognitivos comunes con el lector modelo, como son las lecturas comunes; y segundo porque siempre he sido lector y la minificción es perfecta para construir mundos textuales a partir de referencias a otros libros que he disfrutado y que me han marcado”.Los mini relatos de Sánchez han atraído la atención de varias editoriales latinoamericanas que han publicado su obra y ahora tenemos el gusto de contar con un tiraje en casa de la mano de Anamá Ediciones, evidencia de que el género está cobrando auge en nuestro país. Esa popularidad se debe en buena parte a los esfuerzos de difusión de cultores de la narrativa breve, entre ellos Alberto, quienes han organizado eventos culturales como el primer festival regional de minificción que se celebró este año de forma simultánea en toda Centroamérica con actividades diarias durante una semana entre las que destacaron talleres, presentaciones de libros, ponencias y lecturas con micrófono abierto.La próxima vez que visiten una de las librerías de nuestro país, déjense encantar por ese pequeño muñeco vudú* que verán en los anaqueles, les prometo que los alfileres que penetrarán su mente son emisarios con mensajes codificados para que le den rienda suelta al ejercicio creativo como lectores cómplices.

*La portada es  creación de la artista dérmica Daniela Mercado.